Escenarios & Sociedad: SOCI-04
SEÑAL DE AJUSTE
Con los Pérez y García

Una creación televisiva con alguna vocación experimental y que no resulte esclava de esa entidad abstracta conocida como "gran público", sólo encuentra refugio en el Estado: afuera, sopla el helado viento del rating. Desde principios de mes, canal 7 (arteramente autodenominado "la televisión pública") ofrece un espacio semanal de unitarios con invitados rotativos titulado "Variaciones" (martes a las 23), realizado por el cineasta Alberto Lecchi, y protagonizado por Arturo Puig y Juan Leyrado.

Ambos representan a Pérez y García, un par de burócratas a la antigua, instalados en una estilizada oficina bañada por luz blanca, una especie de limbo o espacio virtual adonde atienden casos extremos o, al menos, cierto tipo de situaciones que requieren una decisión, como la infidelidad, la justicia por mano propia, el aborto, el suicidio y la inclinación por travestis.

A ese oráculo llegan los visitantes con dudas dramáticas, y la primera fue una mujer (Carolina Peleritti) enamorada de su cuñado. En la emisión del martes pasado, también fue una esposa (Gabriela Toscano), esta vez embarazada, con amante y en crisis. El touch diferente consiste en que ambos personajes masculinos son interpretados por los mismos actores, es decir, Leyrado es el marido y Puig el amante, con los mismos rostros de Pérez y García. Sería una forma de desdramatizar la ficción, para desnudar sus componentes conceptuales, manteniendo a distancia al naturalismo que, dicho sea de paso, es la plaga que sufre la actual narrativa televisiva.

Entre un cigarrillo y el que sigue, la infiel se encuentra en el umbral del aborto o, más aún, en su vestíbulo mismo, ya que la sala de espera de la clínica se convierte en el escenario donde se desarrollarán todas las alternativas posibles del conflicto. La protagonista las vive a través de la pantalla de un aparato a manivela parecido a un microondas de esa oficina irreal cuyas computadoras guardan información sobre la vida de los visitantes, por ejemplo, la del número de veces que el marido la llevó al cine durante el último año. Ella, por lo tanto, responde al arquetipo convencional de la esposa insatisfecha.

Tomar cerveza

A la sala de espera, imaginariamente, llega el amante, y también el marido, cuyas reacciones se despliegan en un abanico de situaciones posibles que impulsará a la protagonista a reflexionar acerca de su aprieto, al cual llegó porque "acepté una invitación de mi jefe, tomé mucha cerveza, perdí el control y me desperté en un hotel", se la escucha decir, en una explicación algo pueril que no está a la altura de Pérez y García, y menos del marido.

"Usted es libre, su cuerpo le pertenece y puede hacer lo que quiera", es la única orientación que le brindarán Pérez y García, citando a Borges.

El final siempre es abierto, en este caso con la mujer entrando una vez más a la clínica, aunque habremos de ignorar cuál es su decisión: la ficción solamente ha servido para plantear todas las alternativas de un problema.

Para la televisión argentina se trata de una iniciativa atrevida en tanto escapa de la puesta en escena realista, para proponer con decoro las formas depuradas de un concepto cool de la ficción al que algunos actores no parecen adaptarse del todo, en este caso Gabriela Toscano, ya que desconocen aquella economía de la actuación que proponía Alfred Hitchcock: "Son todos aquellos pequeños matices de la expresión los que muestran realmente lo que está sintiendo el personaje, sin apenas recordarte que no son más que actores que interpretan su papel".

ROBERTO MAURER