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Domingo Sahda
Recientemente fueron habilitadas al público dos exposiciones de artes plásticas en sendas salas del Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez. Una de ellas se define y pertenece a Milo Lockket y la otra, enmarcada en la colección expuesta preexistente denominada Comarcas del Paisaje, corresponde al artista Sergio Blatto.
Se trata de dos colecciones que responden a construcciones plásticas diversas, tanto en procesos como en productos de elaboración representacional. Ambas exposiciones responden a una mirada altamente subjetivada de sus autores, que orienta la elaboración de las piezas expuestas hacia modos sesgados de interpretar la construcción y el sentido de la pintura. En ambos casos, son abstracciones que se nutren de premisas diversas calificadas en sí mismas, que devienen en proposiciones muy distintas y de compleja lectura. Abstracciones no geometrizadas, de construcción libre e ilimitada que responden a connotaciones afectivo-volitivas determinan en ambos expositores la idea y realización de la obra de arte en exposición, interpelando al público ocasional de distinta manera.
Pinturas de meditada sencillez en Lockket; pinturas-collages de refinada elaboración en su recurrencia a materiales no convencionales recategorizados en Blatto.
Milo Lockket exhibe una colección de pinturas (esmaltes y tintas al solvente sobre madera) de formato mayor de alto impacto visual, construidas desde una mirada y una praxis elaboradamente primitivista y lúdica en su inmediatez, que merodea la idea de depreciación de complejas elaboraciones de academia y se decanta por el delineado de formas simples de cargada intencionalidad, marcándose de modo contundente el contraste formal y cromático entre figura y fondo. Reiteradamente el soporte de fondo aparece reconvertido en espacio propicio para la definición de texturas visuales de apoyo y contraste. Son herméticas anotaciones y escrituras en las que ocasionalmente se destaca una palabra, una frase, una consigna. Lockket opone los contrarios de imagen y palabra, reconfigurando de este modo la arquitectura del cuadro. Estos territorios visualmente texturados sirven de sostén compositivo a imágenes totales o parciales de personas, preferentemente niños, de pupilas sesgadas que miran a supuestos interlocutores que están fuera del plano del cuadro. El inicial hieratismo visual supone una acción y un vínculo del cual el espectador no está involucrado. Se produce de este modo una particular idea de acción imaginada por quien mira el cuadro.
El autor apela a la frescura e inmediatez de los dibujos de niños y con este material inicial construye obras de buscada sencillez y sofisticada resolución.
Programático a su modo, con esta colección a la vista coherente y desafiante a la vez como conjunto, el autor toma distancia de cualquier posición conceptual de compleja y elíptica argumentación, para asentarse en la pauta inicial de una construcción icónica de inmediata comprensión. No obstante esta apreciación inicial, la iconografía de Lockket aquí expuesta se inscribe en un acto de validación cultural de lo simple, de lo primitivo, como hipotética alternativa plástica, deviniendo en un posicionamiento sociocultural de la pintura y el arte de pintar, sus razones y sus significaciones, en el marco de una sociedad altamente tecnificada. La elaboración de taller es cuidada y compleja, a contramano de la idea de lo primitivo y directo que rezuman las imágenes, per se.
"... Siguiendo una tradición y quizás por haber transitado valles y planicies de la provincia, lo sugestivo de la geografía cordobesa está incorporado en la memoria emotiva de Blatto..." (Bondone, Tomás E. / curador de la muestra / impreso de mano de la exposición). La apreciación transcripta remite a la concepción del paisaje como tópico de la pintura y a la presencia del mismo como asunto central de esta exhibión, la que hipotetiza en torno de una instancia creativa, una matriz fundante de la colección a la vista. Esta instancia en todos los casos es transfigurada esencialmente en metáfora de alta calidad plástica, en tanto remite a lugares y espacios a partir de los cuales se reconstruye subjetivamente la proposición a la vista, movilizando al espectador. En todos los casos, se trata de obras de refinada, pensada construcción, en la totalidad de sus tramos. Estos paisajes irreales se nutren de una realidad entrevista y se resignifican como obras de abstracción lírica, cuya calidad de ejecución no deja, aparentemente, nada librado al azar. La atención meticulosa en todos los pasos no ocluye el vuelo poético de cada trabajo a la vista. Lejos de convertirse en detallado manual de ejecuciones, devienen en proposiciones que exigen del espectador una participación activa, empática, otorgando dimensión viva a cada trabajo materialmente inerte.
La incorporación de materiales ajenos devenidos plásticos articulados en una feliz sintaxis expresiva, caracterizados en su momento como aporte de la modernidad al arte plástico se dan en estas obras como instancias constitutivas específicas, y siendo "una cosa" pasan a ser "otra". El autor resemantiza con elegancia cada uno de estos tópicos en piezas que no excluyen la idea de preciosismo compositivo de subrepticio encanto.
Ambas muestras demandan la atenta observación, con el fin de intentar un diálogo con las mismas. Dos proposiciones propias de la diversidad de la creación plástica argentina contemporánea. Cada una tiene sus más y sus menos. Vale la pena aventurarse, a sabiendas de que todo desafío conlleva ciertos riesgos. Ud. decide.