La piel es un órgano, el más extenso y más expuesto de nuestro cuerpo. Y como tal merece una cuidada protección los 365 días del año. Los cuidados de la piel cambian según la estación, dependen del tipo de actividad y de dónde la realicemos.
En invierno, las actividades se concentran más en lugares cerrados y, por lo general, calefaccionados. Estos ambientes generan que la piel muchas veces se vea seca y quebradiza.
En primavera, la llegada de los primeros calorcitos hace que descubramos más zonas de nuestra piel. Es común que le prestemos más atención y así verifiquemos cambios que pasaron inadvertidos cuando estábamos más tiempo abrigados a causa del frío. Debemos ser muy precavidos en estas exposiciones al sol, pues pueden producir quemaduras sobre nuestra piel.
Además, durante la primavera el polen y ciertas flores de las plantas desencadenan en algunas personas reacciones alérgicas que, además, se agravan con la exposición solar.
Para mantener la piel saludable durante esta estación, es recomendable seguir algunos cuidados básicos.