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Crónica política
¿La nueva estrategia de los Kirchner?
Por Rogelio Alaniz La presidente insiste en que la crisis es una oportunidad, loable manifestación de deseos que habrá que demostrar en la práctica, porque lo que dice el famoso adagio chino es que la crisis puede ser una oportunidad, pero no que debe ser una oportunidad. Que ocurra una cosa o la otra dependerá de múltiples factores; entre otros la inspiración política del gobierno nacional para pilotear la nave en aguas borrascosas, el avance de la crisis en el mercado mundial y, sobre todo, el impacto de la misma en Brasil, ya que si allí la economía se descalabra las consecuencias en la Argentina pueden ser graves, muy graves. Por lo pronto, algunas disposiciones que se han tomado parecen dar cuenta de que en las más altas cumbres del poder hay conciencia de la gravedad del momento. La reunión con los empresarios y los dirigentes de la CGT, para ponerse de acuerdo en temas tales como los salarios y la estabilidad laboral, demuestra que los reflejos políticos del gobierno funcionan bien, por lo menos a la hora de hacerse cargo de que los momentos que se avecinan van a ser difíciles, más allá de las efímeras dulzuras de la coyuntura. Los analistas políticos oficiales estiman que la crisis a los Kirchner les ha venido como anillo al dedo, porque abre otro tipo de escenario, dejando en un discreto segundo plano temas tales como las valijas de Antonini, la financiación de algunos narcotraficantes a la campaña electoral, la crisis del campo, los avatares de la nacionalización de Aerolíneas o los escandalosos negociados de la pareja gobernante en Santa Cruz. A mi criterio, el balance es estrecho, tan estrecho como alegrarse porque el paciente que padecía un estado gripal ahora debe afrontar el posible diagnóstico de un tumor maligno. Es verdad que el escenario político previo a la crisis era insoportable para los Kirchner, entre otras cosas porque no se observaban salidas hacia el futuro y el único horizonte viable era una lenta agonía política que podía concluir con el juicio político o algo parecido. Así contemplada, la crisis efectivamente es para el gobierno un dar vuelta la página, una manera de cambiar de conversación, de empezar a hablar de otra cosa. Quienes así especulan sostienen que los Kirchner se manejan mejor en tiempos de crisis que en tiempos de bonanza. Esa afirmación habrá que probarla. En los últimos años, cada vez que debieron afrontar una situación difícil, su respuesta fue lamentable. El ejemplo del campo es el más resonante, pero no es el único. El papelón de Misiones o los escándalos del 17 de octubre de 2006 así lo confirman. Por lo pronto, el primer beneficio obtenido por los Kirchner en esta coyuntura fue la aprobación en la Cámara de Diputados del presupuesto para el 2008. La ley fue sancionada con números dibujados Äuna faena en la que los operadores del kirchnerismo son expertosÄ pero lo cierto es que fue aprobada, una proeza para un oficialismo que hace tres meses era derrotado por la deserción de sus legisladores. Tan favorables han soplado los vientos para el oficialismo, que los diputados peronistas se dieron el lujo de ratificar los superpoderes, esa atribución que les permite a los Kirchner comportarse como don Juan Manuel de Rosas. O sea que con un poco de oxígeno político, los Kirchner volvieron a las andadas. La votación del presupuesto así lo demuestra. En lo fundamental la visión del poder se mantiene intacta y los retrocesos que se ven obligados a hacer tienen más que ver con los rigores de la realidad que con los principios republicanos. Las decisiones que contradigan esta política son concesiones a una realidad que se les presenta hostil, pero superados estos "inconvenientes", los Kirchner retornan a lo que mejor saben hacer: gobernar a la Argentina como si fuera Santa Cruz. Diestros en el oficio de la operación mediática, los Kirchner se preparan para las elecciones de 2009, y una de las cartas claves para esa jugada es la candidatura de Néstor en la provincia de Buenos Aires. No viene al caso debatir sobre esta deformación institucional que significa que los candidatos rotan de una provincia a la otra, según sea su conveniencia. Recuerdo cómo nos escandalizábamos cuando estudiábamos que los diputados elegidos para el Congreso, convocado por Rivadavia en 1825, invocaban una representación territorial que no tenía nada que ver con la realidad. Pues bien, casi doscientos años después, y por motivos mucho más despreciables, las candidaturas se manipulan, y lo peor del caso es que esa manipulación siempre se hace desde la más alta investidura política. Lo que ahora está por hacer Kirchner, en su momento lo hizo su esposa y hace unos años Ruckauf. Por afuera del peronismo, Fernández Meijide cometió el mismo pecado, y si en principio le fue bien, en el mediano plazo su carrera política concluyó de la peor manera. En todos los casos, estas decisiones se toman invocando necesidades políticas urgentes. En el camino se atropellan instituciones y se desacreditan tradiciones políticas. Kirchner será seguramente el candidato del peronismo de la provincia de Buenos Aires, porque su estrategia ahora se orienta abiertamente hacia la "pejotización" del poder. El término merece usarse porque fue el propio Kirchner quien lo instaló en su discurso, aunque por razones inversas a las que ahora invoca. Conviene recordar al respecto que durante su campaña electoral en el 2003 reivindicó la transversalidad y criticó la "pejotización". La derrota del campo y la disidencia de Cobos lo obligan a recluirse en la añeja estructura de poder del peronismo, tan despreciada en otros tiempos: los burócratas sindicales y los caciques del conurbano. Al resto se lo arregla más o menos con lo de siempre: la chequera y la intimidación. El juicio por el contrabando de armas ha sido otra de las noticias importantes de la semana. La responsabilidad de Menem en esta operación es para los observadores más que evidente. Menem justifica su inasistencia a los Tribunales por enfermedad, tal vez porque ahora no cuenta con su refugio en Chile, o tal vez porque efectivamente está enfermo. No se trata en este caso de ensañarse con un anciano, que en muchos aspectos es una sombra del personaje perverso y corrupto que los argentinos debimos soportar durante diez años. Lo que interesa, en todo caso, es que la Justicia proceda, y que el delito de contrabando de armas no quede impune. Después, si los culpables cumplirán la pena en la cárcel, su casa o un cuartel, es un tema secundario. Como en el caso de los militares, lo que importa es el precedente jurídico, no el sufrimiento físico de los condenados. Las fiestas del 17 de octubre se explican en este contexto de crisis y pérdida de legitimidad. Importa recuperar símbolos, mitos y leyendas, aunque todos sepan que están muertos hace rato. De todos modos, lo que sobrevive intacto en el peronismo es el concepto del poder, esa pulsión por el poder que instala en un mismo plano a Menem con Kirchner, del mismo modo que los bochornosos episodios de Calafate, el escandaloso y viscoso negociado de la pareja con las tierras públicas, demuestran que las diferencias entre el caudillo de La Rioja y el caudillo de Santa Cruz son anecdóticas, detalles menores que no alcanzan a disimular una concepción corrupta del poder que los une en un pasado ideológico común y, posiblemente, en un futuro procesal parecido. |