Opinión: OPIN-03 Pedagogía para el oprimido

Desde hace algún tiempo, León Gieco ha incorporado en sus conciertos el uso de videos alusivos a las canciones: no sólo para poder mostrarlo en su ya clásico dúo con el León que fue en 1972 (haciendo "Hombres de hierro"), sino para, mediante imágenes proyectadas sobre las pantallas ubicadas en torno al escenario, ampliar la construcción de sentido de las letras y los comentarios del artista.

Con el amplio poder de convocatoria de Gieco, no es de extrañar que para muchos alguna de sus presentaciones haya constituido la ocasión de conocer el rostro de figuras como Rodolfo Walsh, Martha Merkin o la mismísima María Elena Walsh.

Tal vez pueda resultar impactante ver, con pocos minutos de diferencia, a dos hermanos de ideas, separados por décadas pero unidos por su destino. Contemplar las serenas miradas de Carlos Mujica y Pocho Lepratti, las caras sonrientes; la mandíbula fuerte del cura popular de alta cuna y la estampa de Cristo del ex seminarista del barrio de Ludueña.

Atahualpa Yupanqui convive en las pantallas con Eva Duarte y con el citado autor de Operación Masacre, con quienes adversó ideológicamente. La autora de "Como la cigarra" toma cuerpo para dejar de ser un nombre asociado a la palabra Manuelita. La gente aplaude cuando "La Memoria" nombra a "los padres palotinos y Angelelli", y algún muchacho preguntará quiénes fueron. Los morenos rostros de la lucha contra la discriminación en Estados Unidos se funden con los de la viuda e hijas de Víctor Jara, quien también tiene su momento central.

Por supuesto, también está lo otro: la imagen de Jorge Born secuestrado por Montoneros, la asunción de las diferentes juntas militares, Pinochet a los abrazos con Jorge Rafael Videla y Margaret Thatcher. Retratos de época, imágenes tal vez necesarias para que muchos descubran y para que otros revivan, para "que esos cuantos no lo olviden fácilmente".