Región: REG-02
El "boom" de los granos
Una década de fuerte crecimiento
La soja y el maíz son los principales impulsores de un crecimiento superior a 30 millones de toneladas desde 1998. Mientras la oleaginosa mostró un aumento de superficie y de rendimiento, la evolución del maíz estuvo fundada en la mayor productividad por hectárea.

En estos últimos 10 años el sector agropecuario de la Argentina ha tenido un crecimiento muy pocas veces visto en la historia contemporánea. La superficie agrícola total tuvo un incremento de 7,8 millones de hectáreas: pasó de 25,2 millones en la campaña 1998 a 33 millones de hectáreas en la 2007/08. Y la producción aumento casi 37 millones de toneladas, de 63 millones de toneladas producidas en 1998 al récord actual de 100 millones de toneladas.

En todo este proceso hubo dos cultivos que fueron claves en la consolidación del actual proceso de crecimiento de nuestra producción: la soja y el maíz. En el primer caso, el aumento en la producción de la oleaginosa se dio por un efecto cuantitativo de aumento de superficie. En efecto, la superficie de soja aumento 9,3 millones de hectáreas en esta última década: de 7,7 millones de hectáreas al récord de 17 millones de hectáreas en la actualidad. En términos de producción, la soja tuvo un incremento de casi 29 millones de toneladas: creció de 21 millones de toneladas en 1998 a casi 50 millones de toneladas en la campaña actual. Con esta ganancia, la soja fue responsable del 78 por ciento del aumento de producción que tuvo la Argentina en esta última década.

Este fuerte crecimiento en el cultivo de soja se sustentó en dos pilares fundamentales: la siembra directa y la aparición de las sojas RR resistentes al glifosato. Junto con un avance muy fuerte en la tecnología de las máquinas sembradoras, pulverizadoras y cosechadoras, y un fortalecimiento de los precios internacionales, el cultivo logró expandirse a zonas tan disímiles como el NOA, NEA y toda la Mesopotamia.

El maíz

Sin cambios en la superficie de siembra y con una fuerte ganancia cuali y cuantitativa en lo que respecta al nivel de rendimientos, esto último consecuencia del fuerte avance del mejoramiento genético vegetal a partir de materiales más adaptados a las condiciones agroecológicas de nuestras tierras y a la aparición de los híbridos Bt, RR y últimamente los maíces stacks o apilados.

La superficie con el cereal no ha tenido cambios en la última década manteniéndose en 3,2 millones de hectáreas; sin embargo la producción ha tenido un aumento de ocho millones de toneladas: de 14 millones de toneladas producidas en la campaña 98 a 22 millones de toneladas en el ciclo actual.

Esta mayor producción fue consecuencia de un fuerte aumento en los rendimientos de los cultivos. En efecto, los rindes promedio de maíz a nivel nacional tuvieron un incremento del 80 por ciento en esta última década. Hoy llegan a los nueve mil kilos por hectárea contra los cinco mil kilos de promedio de la campaña 1997/98.

En términos económicos el ingreso de divisas ha tenido un incremento de 30 mil millones en los últimos 10 años. Pasó de 10 mil millones de dólares a más de 40 mil millones en la actualidad.

Bonanza interrumpida

Sin embargo, esta bonanza que tuvo lugar en el sector agropecuario esta siendo interrumpida por las actuales políticas agropecuarias implementadas por el Gobierno central. En efecto, el cierre de las exportaciones de trigo, maíz, carnes y lácteos, con la bandera de la defensa de los precios para el consumidor, están condenando a nuestro país a ser cada vez más soja-dependiente, lo que provoca además un fuerte atraso tecnológico en el resto de los cultivos al no tener precios que puedan justificar la inclusión en la rotación de los planteos productivos.

Pablo Adreani/CMI Contenidos