Desde principios de julio hasta el 15 de septiembre pasado, desaparecieron las burbujas en los mercados de commodities, creadas desde mediados de 2007 por la crisis hipotecaria y la respuesta de política que diera lugar a una fuerte devaluación del dólar, que fue la contracara de la suba generalizada en los activos reales, salvo viviendas.
El 15 de septiembre comenzó la crisis bancaria, consecuencia (entre otras razones), de la mencionada pérdida de valor de los activos reales. Desde ese momento, y a la espera de una política estable a ser instrumentada por el futuro Presidente de los Estados Unidos, el dólar y los bonos del tesoro norteamericano se constituyeron en los únicos refugios (también lo fue el yen, en menor medida). Esto profundizó la venta de activos para demandar dólares y, por ende, provocó nuevas bajas en los valores de las commodities.
Entre el 15 de julio y el 28 de octubre, la paridad dólar-euro pasó de 1,599 a 1,253. Es decir, se trató de una revaluación de la moneda norteameriacana del 27,7% en poco más de tres meses. Este hecho generó un masivo cambio de portafolios, lo que induce a la devaluación de las monedas de los países emergentes y/o la drástica suba en sus tasas de interés (recesión).
En ése marco, el G-7 reaccionó e indujo una devaluación del yen, a raíz de la preocupación por las economías asiáticas; de manera efectiva, se produjo, la intervención con fondos públicos en bancos norteamericanos; la FED inyectó liquidez en los mercados de crédito y se esperan bajas en las tasas de referencia, para facilitar un cambio menos costoso en los portafolios. Por esta razón, no hay tendencia clara en los valores de las commodities, aunque se presume que, al comenzar una suave devaluación (una vez más) del dólar, se interrumpirá la baja en los valores de las materias primas.
La recesión en la Unión Europea, que ya lleva casi dos trimestres, hace prever menores requerimientos de insumos ganaderos y, producto de ello, una menor demanda de harinas proteicas, así como su reemplazo por granos forrajeros más económicos. Según Oil World, en 2008/09 habrá una caída de 2,3 millones de toneladas en el consumo de harina de soja (6% menos).
Simultáneamente, en el caso del girasol, está ingresando una cosecha récord. Para 2008/09, los tres competidores de la Argentina en el Hemisferio Norte aumentarán su oferta casi 26%. Por ende, la producción mundial de aceite de girasol alcanzaría un máximo histórico de 11,5 millones de toneladas, con más de 15% de suba (recordar que la campaña 2007/08 fue afectada por climas muy adversos).
El USDA "modificó", de manera inédita, su estimación para la producción de soja estadounidense en la actual campaña, lo cual impactó de manera bajista en los valores de todo este complejo. Entretanto, el procesamiento de colza, en la Unión Europea, creció 21% en septiembre, con respecto a igual mes de 2008. Estas razones generan volatilidad también en las primas y descuentos entre aceites y/o harinas.
El valor FOB para el aceite, fijado por la Secretaría de Agricultura de la Nación, es de U$S710, con una baja del 42% anual. Cabe recordar que, en octubre de 2007, había fuerte escasez en el Hemisferio Norte y se esperaba una magra cosecha. Ya había comenzado la suba impactante de precios, que alcanzó los U$S/t 2045 en junio. Por esta razón, las caídas en los valores del complejo girasolero son más marcadas que en productos competidores. Ante el encarecimiento del dólar, Europa está utilizando producción propia y demanda menos importaciones.
En el mercado disponible de semilla hay escaso entusiasmo, tanto en la oferta como en la demanda, que ofrece para Bahía Blanca y Necochea, $/t 590 y para Rosario y San Martín, $/t 615. En el Mercado a Término de Buenos Aires, el disponible es de U$$/t 197 (227 para soja), en tanto la posición marzo-2009 alcanza los U$S/t 213 (la soja mayo-2009 vale 224,5).
Lic. Jorge Ingaramo (ASAGIR).