"Siempre me gustó trabajar con las manos, hacer cosas y, paradójicamente, era muy torpe. Pero la gente siempre me ha dado la identidad. Estudié Arquitectura, no Plástica; pero la formación en la Facultad me permitió abordar esa disciplina, sobre todo en aquella época cuando el arte era diferente, más artesanal. Tenía más información de otro tipo y menos información instrumental de cómo trabajar: ésa la adquirí haciendo. Terminé la Facultad e inmediatamente me hice artesano, lo tomé como modo de vida y fue una época muy linda para mi".
"Hay algo roto en uno que tiene que recomponer, una inclinación muy especial por algún tema y eso, mezclado con el entusiasmo y la perseverancia, me parece que cualquiera lo puede desarrollar. Por lo general la gente no desarrolla ningún tipo de habilidad manual, ni de escribir o hacer música, y creo que eso se construye. Nunca escribí un libro; escribir me resulta muy difícil. Me resulta más fácil la imagen, que es ambigua y está sujeta a muchas interpretaciones diferentes -según el espectador- que tienen que ver con lo ideológico y lo aprendido. El arte tiene que ver con lo no dicho, es algo nuevo que uno trae, una "aparición" que se le hace al artista. Como es algo nuevo, tampoco se tiene la certeza de qué se hizo. Hay que tomar distancia y una forma de hacerlo es dejar pasar el tiempo. Es como que uno es artista mientras está haciendo el trabajo, y después es una persona común".
"Me parece que los lugares para la difusión del arte son aquellos espacios que han sido creados para tales fines: el Rosa Galisteo, el Museo Municipal, el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) y alguna galería. Uno prepara el marco para que la gente vaya y mire. Entonces, el que va se encuentra con algo que tiene que mirar. En cambio, exponer en cualquier lugar me parece menos serio. Una cosa es producir en el taller y otra sacar del taller, ver dónde se muestra, cómo se muestra. ¿Dónde? En un museo o un lugar especializado. ¿Cómo? Ahí tenés ayuda de la gente que hace curaduría, que piensa con uno la mejor manera de mostrar los trabajos, cómo distribuirlos, a qué altura. Eso me interesa mucho; particularmente, pido el plano del lugar donde voy a exponer y mido las paredes para ir con algo más certero. Trato de no dejar esas cosas libradas al azar".
"Todo es un proceso: uno va teniendo 20 años, 30, 40, 50, 60... y va cambiando como persona, Y con el trabajo también. Se van vislumbrando cosas que se vuelven concretas y son el punto de partida para otras cosas. El tema de la naturaleza parte de mi infancia por mi viejo, quien siempre me puso en contacto con el campo, la laguna, los animales. Hablábamos con mi mujer de la cantidad de maripositas que se veían cuando teníamos 10 ó 20 años. Ahora no hay lagartijas en la ciudad, langostas se ven pocas, las hormigas la pasan muy mal, las moscas también, las víboras tienen mala prensa, pero algunas son muy grandes y no son peligrosas para el hombre. Estoy notando que pájaros que eran del campo se vienen a la ciudad porque hay más árboles acá; no se si será por eso de la soja. El otro día escuché un zorzal, una cosa rarísima. Cada vez hay más edificios, automóviles, carreteras y plantaciones de lo que sea y, en desmedro, va desapareciendo todo lo que era natural. Si esto del calentamiento el día de mañana termina en un cataclismo, seguramente quedará algún microbio y empezará de nuevo un ciclo donde se va a desarrollar la vida".
"Mi hijo Álvaro me hizo un regalo (una animación en base a la muestra "Homenaje a la Naturaleza"). No lo esperaba y fue algo muy hermoso porque él produjo una obra artística independientemente de la mía. Después hizo una segunda animación para participar en la Bienal de Arte Joven y ganó el primer premio. Tiene una buena formación porque la universidad te forma bien: todos los chicos que van a la universidad aprenden a leer, a pensar y están con otros chicos que son del palo. Él desde chico creció con esas cosas, así que le resultó más natural. Este trabajo significa estar diez horas para producir cuatro segundos. Yo ni sé prender una computadora pero, a partir de su trabajo, empecé a mirar otras animaciones y fui entendiendo cómo estaban hechas".
"Después de la última muestra no he logrado encontrarme conmigo y ponerme de acuerdo en lo que quiero hacer. Me vino una especie de laxitud. Resulta muy difícil decir: "cumplí con ésto, mañana sigo'. Siempre tomo esos momentos para instrumentarme, practicar aquellas cosas que me salen mal, encontrar una lectura que me guste, o salir a caminar que es salir a pensar. Pero sí tengo una idea vaga de la próxima: la voy a hacer en el Museo Municipal, en esta época del año pero de 2009 ó 2010. Me doy un plazo de dos años para trabajar y tengo la idea -como hice en esta muestra- de hacer cosas bastante grandes pensadas para el espacio en el que voy a trabajar. Hace mucho tiempo que tengo ganas de hacer cosas muy grandes y otras muy chiquititas. Después, me gusta unificar todo, hacer un relato visual, que la gente que va a verla pueda ir metiéndose en lo que le propongo y no mostrar cosas diferentes".
Nacido en el camino. "Yo diría que nací acá, pero no fue así -dice Andrés Dorigo-. Mi papá era ferroviario y tenía diferentes destinos. Tendría que haber nacido en Salta pero nací por el camino, en San Cristóbal, aunque conocí la ciudad cuando tenía 20 años. Después nos fuimos a vivir a la Patagonia, a Ingeniero Jacobasi, que fue otro destino de mi papá. Era un pueblo de campo con la vía: de un lado las casas del ferrocarril y, del otro, las casas de la otra gente. Todo era inmenso".
Decisión. "Estudié Arquitectura en la Católica y me vino bien porque había una materia que se llamaba Morfología que, cuando ingresé eran seis años, y me daba lo que sería la instrumentación artesanal como para hacer obras: la aplicación del color, experiencias con fotografías y volúmenes. También tenía Filosofía que, junto con Psicología, me gustaba mucho. Pero terminé la carrera y, a pesar de que tenía previsto irme a vivir a Inglaterra, me quedé. Y nunca me arrepentí".>