Extracto molido de perlas, caviar, oro criogenizado, plancton marino extraído a gran profundidad oceánica, tierras volcánicas... No, en principio no es la receta de una pócima mágica digna de la mejor bruja. O tal vez sí, la de la eterna juventud, pues estos son algunos de los imposibles ingredientes con los que los emporios cosméticos formulan sus ungüentos más exclusivos.
El consumidor de a pie se escandalizará al saber que se llegan a pagar cientos de dólares por apenas 30 gramos de estos elixires. En teoría, estarían al alcance de pocos bolsillos. Pero la enorme publicidad que los cosméticos obtienen cuando su nombre se asocia al de una estrella del cine, la música o la moda, hace que otras mujeres ahorren para darse este capricho con la ilusión de lograr el cutis de Madonna o la madura plenitud de Susan Sarandon.
Si hablamos de cremas de gran lujo, es inevitable comenzar con "Creme de la Mer", cuyo precio es de 130 dólares por 30 mililitros. Su paternidad corresponde al doctor Max Huber, un físico aeroespacial que la creó tras sufrir un accidente en su laboratorio que le provocó graves quemaduras químicas en el rostro. Doce años y 6.000 experimentos más tarde, dio con la fórmula.
Entre sus ingredientes figuran extractos marinos, vitaminas, calcio, magnesio, potasio, hierro, lecitina, y varios aceites vegetales, como el de germen de trigo, alfalfa y eucalipto que, combinados en un proceso de biofermentación, confieren a esta crema sus muy publicitadas propiedades regenerativas. Del éxito de la crema da fe el hecho de que se comercialice también en tamaño extra grande a un precio de casi 1.400 dólares.
Otro clásico en la alta cosmética es la fórmula "Re-Nutriv" del gigante de la belleza Estee Lauder. Con el eslogan "Imagina que puedes detener el tiempo", la versión renovada de esta crema en versiones de día y noche cotiza a 900 dólares por dos potes de 50 mililitros cada uno.
¿Qué justifica este precio? Según la compañía que la comercializa, sus componentes marinos ayudan al calcio de la piel a luchar contra el envejecimiento con "resultados óptimos", a lo que se suma un "concentrado micronizado de 74 minerales" procedentes de "las remotas islas de Okinawa", célebres por la longevidad de sus habitantes.
Obviamente, el precio también se dispara no sólo por el costo de sus exclusivos ingredientes, sino también por el presupuesto destinado a investigación, la creación y síntesis de nuevas sustancias, al registro de patentes, a mercadotecnia y promoción, y a engalanar el producto en lujosos envases de diseño, algunos incluso presentados en bandeja de plata.
Un buen ejemplo es la crema "Beauté La Créme" de la marca Cle de Peau, filial de altísima gama del grupo Shiseido. Podrás disfrutar 30 ml. de esta alquímica poción por 475 dólares. Eso sí, la crema se presenta en bandeja de terciopelo e incluye una espátula de plata para su aplicación. Sus propiedades, según la compañía, consisten en que disminuye los granitos, las pecas, las arrugas, unifica el tono de la piel, recupera la elasticidad y compensa la pérdida de hidratación debida a los efectos diarios del medio ambiente y el estilo de vida.
Ahora bien, antes de semejante desembolso económico, es de suponer que la consumidora exigirá garantías. ¿Realmente funcionan estas cremas? ¿Me cambiarán la vida? A la primera pregunta la respuesta es un sí relativo. A la segunda, un rotundo no, pues no éstos, sino cualquier cosmético o tratamiento no servirá de nada si no va acompañado de hábitos saludables, como una alimentación equilibrada y un estilo de vida sano; mejor aún si el sol, el tabaco y el alcohol quedan fuera de la ecuación.
Más allá de eso, también son cuestionables algunas de las afirmaciones con las que se publicitan este tipo de elixires de la eterna juventud. "Dermatológicamente probado", "Clínicamente testado" e "Hipoalergénico" son algunas de las frases que inevitablemente aparecen en publicidad y envoltorios.
Lo cierto es que cualquier crema que salga al mercado tiene la obligación de cumplir unos parámetros de seguridad. Ésto, sin embargo, no garantiza que vaya a funcionar mejor. Es más, el término "Clínicamente probado" hace referencia a que al menos un componente del cosmético tiene propiedades biológicas demostradas en investigaciones de laboratorio. Pero no presupone necesariamente la existencia de un estudio serio e independiente que haya probado la efectividad del producto en sí.
Pero recuerda que los milagros no existen y de poco servirá desembolsar mucho dinero por una crema mágica si no te esfuerzas por llevar una vida sana.