Manuel Monteserín
Rosario (de nuestra agencia).Ä No le sobró demasiado al equipo rojinegro, en un partido deslucido desde lo futbolístico y que tuvo todo el condimento que a este tipo de encuentro clásico le pone el calor y el color de las hinchadas.
Más ganas y mayor confianza fueron las cosas que mostró como bandera para darse una suficiente ventaja en la cancha el equipo de Fernando Gamboa. Sacó a relucir su empeño, su voluntarioso trabajo de contención, con presión en casi toda la cancha, para de allí hacerse dueño de la pelota y tratar de conjugar el empuje de sus medios en esa labor, especialmente con la entrega inestimable de Bernardello, bien acompañado en la misma por Machín y Vangioni. Por otra parte, en los primeros cuarenta y cinco minutos, la dupla central rojinegra rechazó todo lo que propuso Central en su desmedido afán de tirar centros sin ton ni son.
Claro que esta supremacía en su fondo y en su medio no tuvo un correlato similar en cuanto a la creación, y al estar más cerca de la zona de línea de zagueros auriazules. La solitaria, y por momentos eficaz lucha de Fabbiani, no estaba correspondida por los Torres. Ni Leandro ni Diego estaban en una buena tarde, y por ello no sufrió en demasía el arco centralista.
De tal manera que el gol de diferencia que se justificaba en el andar del juego, fue producto de una jugada casual en su inicio y causal en su fin, que dio como consecuencia un penal bien sancionado por Baldassi. Leandro Torres ingresó al área con buen dribbling, Paglialunga lo interceptó correctamente, pero después perdió la pelota frente a Machín, que seguía la jugada, y enganchó al rubio volante local.
Penal, que tuvo una ejecución perfecta de parte de Rolando Schiavi, y sirvió para que el Coloso comenzara a encaminarse al jolgorio de la victoria. Siguió siendo más el del parque, y si bien contó con algunas ocasiones, no fueron bien terminadas por quienes llegaron a la situación de definir.
La diferencia ente el segundo tiempo y el primero, estuvo en aquello que ya el equipo local no hizo tan bien, y en lo que la gente de Gustavo Alfaro hizo un poquito mejor. Lo de Newell's estuvo en que si bien mantuvo el orden en su zona de zagueros, no ocurrió lo mismo en el medio juego. Central, en tanto, puso enjundia, siempre acompañada con poca capacidad de juego asociado.
Todo se hacía muy confuso. Entre el cansancio, los cambios, el más luchar que jugar, iba creciendo la inoperancia de ambos equipos. La del local, para poder buscar con algún contragolpe consolidar la victoria sin apremios. La de la visita, para llegar a un empate casi por milagro, dado el escaso volumen de juego ofensivo.
Una sola ocasión tuvieron los auriazules para empatar y la conjuró muy bien el arquero Peratta. Casi en la expiración, dos llegadas a fondo de "la Lepra" pudieron darle mayor distancia en el marcador. En una, tras una buenísima jugada de Fabbiani, que eludió a cuantos le salieron a enfrentarlo, levantó increíblemente el tiro final, sin obstáculo a la vista.
Newell's fue el mejor de los dos. Tiene una estructura que su técnico se empecina en respetar, y a fuerza de los resultados merece ser tenida en cuenta como positiva. Central volvió a generar las dudas de todo este campeonato, solo que circunstancialmente apareció más compacto en defensiva. Sin embargo, siguió siendo tibio en el momento de buscar el arco rival.
Newell's: Peratta; Aguilar, Schiavi, Insaurralde y Re; Machín, Bernardello, Vangioni y Leandro Torres; Diego Torres y Fabbiani.
D.T.: Fernando Gamboa.
Central: Broun; Danelón, Ribonetto, Braghieri y Jorge Núñez; Zarif, Paglialunga, Cristian González y Gervasio Núñez; Vizcarra y Franzoia.
D.T.: Gustavo Alfaro.
Gol: en el primer tiempo, a los 21 min Schiavi (N) de penal.
Cambios: en el segundo tiempo, al comenzar Milton Caraglio por Gervasio Núñez (C), a los 17 min Sebastián Grazzini por Leandro Torres (N), a los 23 min Jonathan Gómez por Franzoia (C), a los 33 min Mauricio Sperdutti por Machín (N) y Leandro Gurrieri por Zarif (C) y a los 40 min Claudio Husaín por Diego Torres (N).
Cancha: Newell's Old Boys.
Árbitro: Héctor Baldassi.
Para cualquier director técnico del mundo, perder un partido clásico se convierte en un estigma difícil de superar. Mucho más si se trata de ciudades como La Plata, Santa Fe o Rosario, donde este tipo de acontecimientos significa mucho para la gente, tanto que es imposible de describirlo con palabras. Pero la situación de Gustavo Alfaro, entrenador de Rosario Central, es mucho más complicada aún.
Desde el vamos, llegó a un club con muchos problemas futbolísticos, y de arranque también tuvo la falta de apoyo de su presidente, el inefable Horacio Usandizaga, que dijo que si el equipo no salía de esta dura situación "los voy a matar a todos estos hijos de p...". En ese contexto, tuvo que salir a pelearla en un torneo que está cada vez más difícil y parejo.
Ayer debió afrontar el clásico de la ciudad, de mucha historia y significación en la gente. Lo debía enfrentar como visitante, y se dio lo peor. Perdió, pero no sólo perdió. Jugó mal, no tuvo fortuna y tampoco respuestas anímicas, que son aquellas que pueden salvar cuando se está peleado con el fútbol. Encima, es evidente que Alfaro no encontró desde el banco aquel grito que despierte a un equipo en letargo psicológico.
Central no dio nunca dos pases seguidos y fue el pelotazo su arma más común. En defensa fue un flan, en el medio no recuperó ni generó y en ataque tuvo escaso peso. Prácticamente no inquietó a Peratta, portero rojinegro. Sigue en zona de promoción, el equipo no juega a nada y perdió el clásico por nocaut, aunque el resultado fue un escaso 1-0. Alfaro, no hay dudas, está en la cuerda floja.