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Llegan Cartas
Juventud, divino tesoro
Señores directores: Quien escribe esto es un santafesino que a los 93 años se siente joven porque todavía se sigue indignando contra los males que asedian y agreden a la sociedad humana civilizada, especialmente a la juventud, a la que desarman y castran de manera interesada y sistemática los propagandistas y comerciantes del vicio. Ellos insisten en que buscan ejemplos y que no los encuentran. Puedo afirmar que yo soy uno de los muchos que el público desconoce porque no brillan en las marquesinas ni en los medios de comunicación masiva. Y lo que digo y escribo no es "verso", como suelen decir, sino realidad viva. Y les aseguro que me las conozco a casi todas porque no fui ningún angelito ni predicador y conocí y frecuenté toda clase de ambientes, conviviendo y alternando con toda suerte de seres humanos, recibiendo íntimas confesiones laicas de infinidad de seres, amigos y pacientes de ambos sexos que se sacaban la máscara y se desnudaban espiritualmente para descargarse de su pesadumbre. Así fui acumulando experiencias y chapoteando en el barro sin embarrarme, como dicen que le ocurre al cisne. Nunca me sobró un mango ni pretendí acumularlo y pese a ello siempre fui feliz y obtuve todo lo que me propuse, con trabajo y con esfuerzo. Amo a la gente y sé que soy amado y respetado porque todos los días me lo demuestran de alguna manera. ¨Cuál es la fórmula? Respetarse a sí mismo y respetar el derecho de los demás, única manera de convivir en sociedad. Estudiar, trabajar y luchar sin desmayos. Me ha tocado estar rodeado por gente más joven, y siempre me he sentido cómodo en compañía de jóvenes que, a poco andar, se soltaban al sentirse comprendidos y acompañados por un viejo que de tal sólo tenía la apariencia. Y eso ocurre porque los quiero y lamento sus penurias. La mayor parte pertenece a la clase media y tienen hijos y -a veces- nietos. Es muy frecuente que expresen una preocupación común a todos: ¨Qué pasa con nuestros hijos? Todo se ha dado vuelta como una tortilla y nuestros descendientes viven desubicados y aturdidos en un ambiente neurotizante, bombardeados por estímulos de toda índole, que ha trocado la noche en día, transformándolos en personas desagradables, agresivas e irrespetuosas, que no saben ni quieren ni necesitan esforzarse para ganarse la vida porque nunca mamaron la cultura del trabajo, que fue la que transformó en hombres socialmente útiles a sus antecesores. ¨Contra quién están? ¨Contra las leyes, contra la justicia, contra la religión, contra las buenas costumbres y los consejos de sus progenitores que no están en onda? Así es como, disfrazados de lobos, son manejados como ovejas y esquilmados, como a inmigrantes recién desembarcados, por los vivos propietarios de la noche. Por favor, no se dejen engañar con el cuento de vivir el presente y gozarlo como si fuera el último día de vida! Son eslogans publicitarios interesados. Aprendan de nuevo a acostarse temprano y a levantarse animosos para estudiar, trabajar y luchar por un futuro mejor, que siempre llega cuando verdaderamente se lo desea. Dr. Alberto Niel. |