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Política: POLI-01
La semana política
Los Kirchner, en el espejo de Bush
El "largo plazo" de la Argentina K se agota el 26 de noviembre, cuando se espera que el Senado convierta en ley la reestatización de las jubilaciones y le garantice al gobierno un fondo de entre 80 y 100 mil millones de pesos, más un refuerzo anual de 15 mil. Después se verá.
Sergio Serrichio (CMI)
En poco más de dos meses, George W. Bush dejará la presidencia de Estados Unidos. Sus ocho años al frente de la Casa Blanca le han hecho un terrible daño a su país y al mundo. Si el sucesor de Bush, Barack Obama, recurriese a las expresiones de Carlos Menem, diría que recibe "un país en llamas", como el ex presidente argentino reelegido en 1995 con un porcentaje de votos casi idéntico al que le permitió a Bush acceder a su segunda presidencia, repitió a diestra y siniestra a lo largo de sus diez años y medio de gestión, para justificar cualquier cosa. Si, en cambio, Obama toma prestada la verba de Néstor Kirchner, dirá que recibe un país "en el infierno" o "en el décimo subsuelo". En cualquier caso, es impensable que reclame gobernar cuatro, siete (o más) años en condiciones de excepción, como ocurrirá en la Argentina si el Congreso vuelve a extender a fin de 2008 la Ley de Emergencia Económica sancionada a principios de 2002 y prorrogada año a año desde entonces. De las lacras que Obama recibe de Bush, los analistas destacan dos: las guerras en Afganistán e Irak (la expresión más clara de un espíritu belicista y unilateral que llenó al mundo de tensiones) y una fenomenal crisis financiera, que dejó a Estados Unidos y al mundo a las puertas de una recesión económica que, si no es manejada con extrema pericia, puede derivar en una depresión global.
W lo hizo
Lo sorprendente es que bajo el gobierno de Bush, EE.UU. creció año tras año. Aun contando la leve "recesión de crecimiento" de principios de 2001 y la recesión a secas iniciada en el tercer trimestre de 2008, en el acumulado, el PIB estadounidense se habrá expandido casi 20 por ciento durante la gestión de uno de los peores presidentes (si no el peor) de la historia norteamericana. Esa cifra es destacable en un país rico. De hecho, durante los ocho años de Bush, Estados Unidos creció más que Japón, Francia, Italia y Alemania, socios del selecto club de los países "desarrollados", aquellos que ya no pueden crecer a "tasas chinas". ¨A alguien se le ocurre pensar que, por eso, Bush hizo una buena presidencia, con el mero detalle de que tropezó al final? Al contrario. Más allá de la imprevisibilidad de la crisis (no de sus causas, sino de la velocidad con que los problemas se encadenaron, propagaron y agravaron hasta concluir en una hecatombe bancaria, crediticia, y en definitiva, económica, política y social, hoy en pleno desarrollo) la conclusión casi unánime es que, pese a que entre 2001 y 2008 Estados Unidos creció año tras año, Bush hizo una pésima gestión.
El rescate-asalto
Valga esta introducción para poner en perspectiva el crecimiento argentino de los últimos seis años y el "relato" de la gestión K: los cuatro años y siete meses de presidencia explícita de Néstor Kirchner y los once meses que este martes cumplirá su esposa, Cristina Fernández, al frente de la Casa Rosada. A la larga a veces, no tan a la larga, lo que cuenta no son los buenos registros de unos años, sino echar los cimientos de un progreso firme y sostenible, no espasmódico, no dependiente de condiciones excepcionalmente favorables, ni de elásticas emergencias, ni de concentraciones de poder que desmienten de hecho cualquier discurso "distribucionista". Tan sospechoso como un distribucionismo que se base en la concentración de poder y de recursos es un "rescate" que se inicie con un asalto. El rescate-asalto es, por supuesto, la reestatización del subsistema jubilatorio de capitalización, proyecto cuya media sanción legislativa empezó a despejar los peores temores del kirchnerismo: quedarse sin "Caja" y perder la iniciativa política y la calle, como le sucedió en el conflicto con el campo. Las AFJP fueron las villanas perfectas que necesitaba el oficialismo para dividir el frente opositor y diluir la resistencia ciudadana al manotazo oficial sobre una "torta" de entre 80.000 y 100.000 millones de pesos (según el momento y el método al que se valúen) y un "chorro" anual de 15.000 millones.
Llamen a Moreno
En los días posteriores al anuncio de reestatización, la estantería oficial tembló al ritmo del dólar. Pero antes de que el pánico y el fantasma de una nueva corrida cambiaria o, peor aún, bancaria, espantaran legisladores, Néstor Kirchner mandó a su funcionario favorito, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a frenar el dólar con los mismos métodos con los que "frenó" la inflación. Esa "calma" fue el trasfondo de la amplia mayoría con que el proyecto fue aprobado el jueves en Diputados. El desafío K es mantener esa calma hasta el 26 de noviembre, cuando el Senado debiera transformar en ley la "recuperación" del sistema previsional. Sólo en sus semanas de gestación, el "rescate" oficial ya le costó a los presuntos beneficiarios perjuicios que van desde la repatriación apresurada y a pura pérdida de fondos invertidos en Brasil (que sirven al oficialismo para mantener la calma-chicha en los mercados cambiario y bancario) y el embargo de cerca de 3.000 millones de fondos en Estados Unidos (los "buitres" que litigan contra la Argentina nunca tuvieron mejores argumentos que los que les sirvió en bandeja el progresismo K). Ese daño es el preludio de que los fondos se usarán para evitar el "default del default" (ni más ni menos que eso sería incumplir los términos de una reestructuración de deuda que Néstor Kirchner calificó como "la mejor de la historia") y para aceitar con obra pública el año electoral, hasta perderse en una bruma (im)previsional. No puede ser de otra manera cuando un sistema que debe pensarse en término de generaciones se decide de puntín en Olivos con ayuda de un maestro vudú, se informa a las "autoridades" competentes, para que le den forma, y se envía al Congreso para que lo apruebe en dos o tres semanas. Si, con la ayuda de Moreno, Kirchner logra mantener la fachada hasta el 26 de noviembre, el oficialismo contabilizará una nueva victoria. En sus ocho años, George W. Bush también se anotó varias. Ese es, hoy por hoy, el horizonte estratégico de la Argentina K.
El gobierno kirchnerista usará los fondos de las AFJP para incentivar el consumo, la producción y la obra pública. Pero también aprovechará el refuerzo de caja para su política de control sobre las provincias. En ese contexto, el apoyo del socialismo a la reforma previsional -fundado en su histórica posición favorable al sistema de reparto pero contrapuesto a la de aliados políticos como la UCR y Elisa Carrió- podría ser el factor que desactive el castigo aplicado a Hermes Binner por su postura en el conflicto con el campo y destrabe obras públicas para Santa Fe.
Coordinación y financiamiento
La Argentina destacará ante el G-20 financiero la importancia de coordinar políticas expansivas entre países desarrollados y emergentes, y la necesidad de favorecer condiciones para el acceso a financiamiento de corto y mediano plazo. Asimismo, y según informaron fuentes oficiales, planteará la importancia de avanzar en una mayor regulación y supervisión de los mercados financieros y reformas en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta postura será presentada por el ministro de Economía, Carlos Fernández, durante la reunión del G-20 que se desarrollará a partir de hoy en la ciudad de San Pablo, Brasil. Durante el encuentro se buscarán acuerdos iniciales que promuevan consensos para la Cumbre de Líderes del G-20 a realizarse desde el 15 de noviembre en Washington, del que participará el presidente electo de los Estados Unidos, Barack Obama. El G-20 financiero está integrado por los países del G-7 y 12 naciones emergentes y se distingue del G-20 de emergentes donde se discuten básicamente temas comerciales. En consecuencia, en la reunión de San Pablo hay representantes de: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, la Unión Europea, Argentina, Brasil, México, China, India, Rusia, Australia, Indonesia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur y Turquía. "El ministro planteará la necesidad de avanzar en acciones coordinadas de corto y mediano plazo que permitan evitar una mayor desaceleración de la economía mundial y la recurrencia de crisis financieras de consecuencias sistémicas", señaló la fuente. Asimismo, se pronunciará a favor de "coordinar políticas expansivas entre los países desarrollados y emergentes como mecanismo para sostener la demanda agregada". A su vez, impulsará acciones para una "mayor provisión de financiamiento de corto y mediano plazo a favor de los países en desarrollo para contener el efecto contagio de la crisis financiera generada en los mercados maduros", agregó el portavoz.
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