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Deportes: DEPO-18
"Lo que no te perdonan son tus sucios pies de canillita..."
Hace 45 años, el "Mono" José Gatica entró en la inmortalidad
Hace 45 años, el 10 de noviembre de 1963, se produjo el accidente que luego provocó la muerte (dos días más tarde) del pugilista José María Gatica, considerado un ícono del deporte peronista. Alfredo Carlino, prestigioso poeta argentino, en versos vinculados a su triste final, recordaba que "lo que no te perdonan los gorilas (antiperonistas) son tus sucios pies de canillita".

Tomás Rodríguez (Especial para El Litoral)

"Como te iban a perdonar los bandoneones numerosos/ trepados a tus gestos/ las historias de júbilo popular iluminadas de fervor y de distancias,/ la Misión Inglesa, el nombre de tu hija, el estrellato./ Lo que no te perdonan son tus sucios pies de canillita/ el no haber ido a la escuela/ pero ardiendo siempre, como el viento, de protagonista/ y esa dramática alucinación de querer vivir tuteándote con la vida".

(Alfredo Carlino)

José María Gatica Äuno de los más grandes ídolos del boxeo argentino de todos los tiemposÄ sufrió la violencia desde el mismo día en que vino al mundo (25 de mayo de 1925), en Villa Mercedes (San Luis). A los siete años, su madre subió a un tren carguero con destino a Buenos Aires con José María y su hermano mayor, Jesús Gatica.

En la Estación Constitución comenzó a lustrar zapatos cuando tenía 10 años, también fue canillita. Se trenzaba a las piñas con sus colegas para tener un buen lugar, cuando estaba en la miseria y tenía necesidades básicas de subsistencia; un peluquero (Lázaro Koczi) lo descubrió en las peleas callejeras y lo cambió de oficio.

Por 20 pesos lo llevó a combatir al "The Sailor's Home" Äcasa de la Misión Inglesa para MarinerosÄ, en Paseo Colón y San Juan, un sector donde convivían los desertores, enfermos y los fuera de la ley, venciendo en tres asaltos a hombres muy corpulentos.

Su debut como profesional fue el 7 de diciembre de 1945 en el Luna Park, fue en la pelea de semifondo, GPKO a Hugo Mayorano en un capítulo. Triunfó en las 10 primeras peleas, incluyendo una ante el rosarino Alfredo Prada Äencarnizado rivalÄ, perdiendo luego el invicto ante el propio "Cabezón" rosarino por abandono.

Amores y odios

La tribuna popular conformada por los aficionados humildes lo admiraba a Gatica y lo llamaba "Tigre". El público del ringside, ocupado por los sectores medios altos, ricos y más pudientes, lo trataba de "Mono" y lo odiaba.

Prada y Gatica se enfrentaron seis veces como aficionados y profesionales, con tres éxitos para cada uno.

El púgil rosarino nació en 1924; habiendo sido inválido de chico, logró superar la enfermedad con el esfuerzo de la natación. Realizó su primera pelea en 1942 y, cinco años después, fue campeón argentino de los livianos; en 1956, logró el cetro sudamericano, y se retiró el 15 de noviembre de esa temporada con 79 triunfos (36 por KO), cinco perdidas y dos empates.

Después de vencer a Terry Young por KOT en cuatro vueltas en Nueva York, por su escaso apego a los entrenamientos, a la vagancia y falta de responsabilidad, Nicolás Preziosa, su entrenador, abandonó a Gatica, y regresó a la Argentina.

Sin entrenamiento, el "Mono" fue a pelear borracho el 5 de enero de 1951 (Noche de Reyes), con el campeón mundial Ike Williams, quien lo derrotó por nocaut técnico a los dos minutos del primer asalto, con dos caídas previas.

El cachetazo de Perón

Al regresar a la Argentina, el presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, lo recibió en la Casa Rosada a Gatica, le dio un cachetazo y le dijo que había defraudado a los más humildes y al pueblo en general y, desde ese momento, le retiraba todo el apoyo oficial.

Entonces llegó el ocaso, siguió combatiendo y el 16 de octubre de 1954 realizó la última de las 44 presentaciones en el Luna Park, derrotando en el noveno round a Oscar Aceffe.

El 6 de julio de 1956, Gatica hizo su último combate en Lomas de Zamora (en el desaparecido Lomas Park) y derrotó por abandono en la cuarta vuelta a Jesús Andreoli.

Momentos después, la policía bonaerense lo llevó detenido Äla FAB le había retirado la licenciaÄ junto a los promotores que habían organizado el espectáculo, porque el "Mono" estaba prohibido por la Revolución Libertadora.

En Villa Domínico

En el ocaso, después de despilfarrar todo el botín que había ganado durante años, regresó a una villa miseria en Dominico, en el partido de Avellaneda, con Rita Armellino, su tercera esposa y tres hijas. Vivía de la caridad, en una casilla de latas.

Luego de una inundación, los periodistas lo descubrieron tomando mate, sucio y harapiento, y disfrutaron ante la presencia de un hombre rengo, gordo y que parecía un anciano cuando tenía 37 años de edad.

El fatal accidente

Hace 45 años, Gatica sufrió el accidente que dos días después le produjo la muerte en una cama del hospital Rawson, tras lenta agonía, a la salida de un partido en la cancha de Independiente, cuando erró con el pie al tratar de tomar un colectivo de la línea 295, en Herrera y Luján, en la ciudad de Avellaneda, mientras acompañaba a su amigo Emilio Juan Sánchez que vendía muñequitos. La unidad de transporte lo pasó por encima y causó lesiones irreparables que determinaron su deceso.

Tres mujeres

Gatica tuvo tres esposas. La primera resultó ser Ema Fernández, madre de su primera hija: María Eva, cuya madrina fue la entonces primera dama argentina. La segunda, Ema Guercio, a quien el "Mono" llamaba Nora para distinguirla de la anterior; vivió ella la época de gloria, de autos descapotados y tapizados con piel de leopardo. Rita Armellino fue la última, la conoció en la pobreza en Villa Dominico, y fue la madre de las otras hijas: Viviana y Patricia. Cuentan que el día más triste de Gatica fue el de la muerte de Evita. No lo pudo superar jamás.

Siete horas

El féretro de Gatica tardó siete horas, el 12 de noviembre, en llegar desde la FAB al cementerio de Avellaneda. Cuando la última palada de tierra cubrió el modesto cajón, los cronistas anotaron esta frase de Jesús Gatica: "La única miseria que vivió mi hermano fue consecuencia de su desesperado afán de querer vivir la vida".

"Mi general, dos potencias se saludan"

Una de las famosas anécdotas que perduran en la historia del pugilismo argentino ocurrió en el ringside del Luna Park, en su hora más gloriosa, de mayor apogeo.

El "Mono" Gatica le había ganado a Alfredo Prada por puntos Älos dos pugilistas tenían la misma pasión políticaÄ, estaba todo transpirado, cubierto de sangre y, al acercarse el presidente Juan Domingo Perón a felicitarle, ante la mirada atenta de los periodistas y de los fotógrafos, le dijo: "Mire cómo ruge la leonera, mi General. Dos potencias se saludan...".

En su época de esplendor, cuando Gatica peleaba, llegaba al Luna Park muy temprano. Previamente, a las mujeres mayores (ancianas) que vendían diarios en las inmediaciones les entregaba mil pesos a cada una y les tiraba todos los ejemplares.

"Es como si cada una de ellas fuera mi vieja; yo conozco demasiado por haberlo padecido al hambre y la miseria. Evita, la "Abanderada de los Humildes', me habla siempre de justicia social y de dignificar a los humildes, a los pobres negritos, a los provincianos...", contaba en el camerino a sus colaboradores y a los periodistas que se acercaban para hacer notas con Gatica

Historiadores y testigos que asistían a las veladas del estadio Luna Park recuerdan que, tras un triunfo, en la parte final de su campaña, el "Mono" Gatica le dedicó la victoria al General Perón, que se encontraba en el exilio.

De inmediato, varios funcionarios del gobierno de la Revolución Libertadora lo "apretaron" en el camarín diciéndole que estaba prohibido hablar de política o nombrar a "ese señor" por el decreto 4161/56. "Yo no hago política; si quieren llévenme preso, lo único que les digo que fui, soy y seré siempre peronista...".





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