María L. Lelli
Su compañera de celda acaba de ahorcarse mientras ella dormía. Cuando se despierta, quita los cigarrillos del bolsillo de la muerta, y enciende uno de ellos. Segundos antes, un grupo de pájaros sobrevuela la cárcel y su paso por el cielo es el único sonido que se oye. Ahora, el exterior del edificio se aleja mientras se expande la imagen de la ciudad. El afuera se observa como una extensión del adentro. A sus veinte, ella ya ha atravesado el abuso sexual de su padre, un largo y tortuoso parto y la pérdida de un hijo. Ha sido condenada por asesinato. Por eso se encuentra en prisión. Agresiva y contestataria, Jenny es una prodigiosa pianista.
En busca de perfeccionar y explotar ese talento, la vieja y autoritaria profesora Traude se acerca a la joven. Intenta disciplinarla con el fin de entrenarla para que gane un concurso. Su capacidad artística le provoca admiración, aunque en verdad lo que esta mujer de 80 años desea es liberarse de una pesada y constante culpa que acarrea desde que el nazismo se encargó de terminar con la vida de la chica que amaba.
Sobre este argumento se apoya la línea narrativa de "Cuatro minutos" (Vier minuten, Alemania, 2006), una realización del periodista, ilustrador y guionista Chris Kraus. La estructura dramática de la cinta Ätal como ha sido descriptaÄ se constituye en torno a la conocida fórmula de los polos opuestos atraídos (y conmovidos) por dolorosos y traumáticos pasados. En este caso, la cultura y las normas sociales propias de una sociedad totalitaria que, aún hoy, exhibe el peso de la intolerancia, se rigen como condiciones de posibilidad para que ambas historias de vida se liguen en el ámbito de la institución carcelaria.
Por un lado, todo el rigor de la tradición se expresa en la figura de la anciana (una segura Monica Bleibtreu), que califica como "basura" y repudia "la música de negros", que pretende que una nena de no más de diez años le rinda reverencias, que se ha sometido a sí misma a pagar la deuda con aquella muchacha comunista a quien traicionó para salvarse ante un oficial alemán. Este personaje es construido Äacorde con el excesivo y un tanto desprolijo uso del flashbackÄ como una persona estricta (reprimida) que justifica sus miserias en la tormentosa experiencia que vivió seis décadas atrás, hacia fines de la Segunda Guerra Mundial.
Como contracara a ese rol, Jenny (Hannah Herzsprung) soporta su existencia a través de la violencia. No halla otro modo, al tener que lidiar con un guardiacárcel y un grupo de compañeras que no dejan de provocarla. La vida en prisión no ofrece muchas opciones. Claro está que el motivo de su conflicto reside en el drama familiar, y que su vía de resistencia se abre cuando se enfrenta al piano. En la deslumbrante interpretación de Beethoven y de Schumann rompe todo tipo de cadenas, aunque son sus raptos creativos los que verdaderamente la liberan (sobre todo de su profesora).
Sin esquivar cierta configuración estereotipada (severa mujer mayor encargada de imponer orden en la vida de una joven rebelde con notable aptitud artística), los perfiles de las protagonistas no pueden dejar de ser leídos a la luz de la reciente producción cinematográfica alemana ("La caída", "Sophie Scholl" y "La vida de los otros", por citar exitosos títulos) que procura actualizar la historia, atender heridas colectivas e ir hacia el rescate moral de almas dolidas.