Opinión: OPIN-03 Hablemos de la evaluación educativa

Evangelina Simón de PoggiaE-mail: [email protected]

Lafourcade (1974) dice que la evaluación es la determinación del grado de discrepancia entre una norma y el producto, parcial o total, obtenido. Esto nos lleva a observar la estrecha relación entre la evaluación y los objetivos propuestos, sea cual fuere la instancia educativa, aunque la correspondencia entre centros, al mejor estilo aristotélico, no siempre son congruentes en sus resultados. Es problema está en los objetivos de la educación, en el espíritu de las instituciones, las individualidades y sus diferencias, y en tantos otros factores.

Pérez Lindo (1993) dirá que lo primero que hay que evaluar son las acciones, los procesos, los resultados de los actores individuales y colectivos que intervienen institucionalmente; los principios evaluativos dependen de los valores universales y de los contextos históricos sociales en los que intervienen instituciones e individuos.

Una de las polémicas actuales está dada por la respuesta y el acuerdo a partir de la pregunta: ¨Qué evaluar? ¨La cantidad o el rendimiento? Pareciera que la primera nos remite al valor agregado, al capital primario, al producto útil, mientras que la segunda refiere a la eficiencia, la eficacia, a lo procesual. Su proyección es múltiple, pues se proyectaría en lo académico, científico, pedagógico, informacional, cultural, social, tecnológico, económico , organizacional, etc, etc.

Para García Aretio (1996) la evaluación del aprendizaje es la acción que nos lleva a obtener información sobre el estudiante y la naturaleza y calidad de su aprendizaje, integrada en el proceso formativo, sistemático, y que nos permite juzgar alternativas previas a la toma de decisiones.

Sin duda, la evaluación debe de formar parte de todo proceso curricular del proyecto educativo que se trate. En todo proceso debe de estar previsto qué evaluar, cómo y cuándo evaluar.