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Artes Visuales
"El mundo como mero objeto"
Por Domingo Sahda En fecha reciente, fue inaugurada una exposición de trabajos plásticos que su autor Abel Monasterolo titula, precisamente, como: "Abel Monasterolo o el mundo como mero objeto", curiosa denominación que permite un cúmulo de interpretaciones semióticas/ lingüísticas en torno a qué y quién es quién en este acotado universo que el artista propone en la sala Imago, Espacio de Arte de la Fundación Osde, Rivadavia 3238, 3er. piso de nuestra ciudad. En el impreso de mano y a modo de prólogo, Luis Felipe Noe señala que: "...un objeto en nuestra vida cotidiana es algo que implica un uso, mientras que en el campo del arte cuando se habla de objeto es en todo caso otro concepto de uso el que se tiene en cuenta". En este sentido, debemos decir que aquello que se exhibe en el lugar antes citado se sitúa en el territorio del objeto como "cosa tridimensional transportable cargada de un sentido intencional y subjetivo distante del principio de utilitarismo inherente a todo objeto. Desde una mirada intencionalmente sesgada el expositor emplea la idea, o el objeto propiamente dicho, para hacer referencia a otras cuestiones ajenas al mundo entorno, con sus brillos y sombras, que se manifiesta en inocentes objetos impregnados, por voluntad de su autor, de opiniones y comentarios en relación con la contemporaneidad de la sociedad que lo contiene y que él mismo expresa con los trabajos que exhibe, cuya inicial idea de inocente juego queda obliterada prontamente. Las referencias a cuestiones conflictivas que sostienen a tales objetos están alivianadas por el uso del color, entendido como resplandeciente impacto de luz sobre las superficies, acentuando a veces ocasionales notas de humor un tanto socarrón, otras en los umbrales de la expresión naif. El autor adopta, en procura de construir un lenguaje personalizado desde y con el cual hablarse a sí mismo y al mundo, un sendero intermedio entre la pintura como manifestación icónica plana resplandeciente en tintes desaturados, sin matices ni pasajes intermedios, y la escultura, mejor dicho, la construcción y el ensamblado en el que mixtura con dispar acierto el volumen matérico y el diseño color que caracterizan el asunto que trata en cada caso. Los objetos admiten diferentes puntos de mirada y diversos recorridos espaciales según sus puntos de apoyo. El cuidadoso acabado formal y cromático patentiza el rigor autoimpuesto en todos su pasos. La meticulosidad no deja Äliteralmente hablandoÄ nada librado al azar, pues nada, desde lo matérico o de lo procesual, aparece como irresuelto o no tenido en cuenta. Lo elusivo aparece, sí, cuando la mirada se detiene al punto de iniciarse la duda. ¨De que "habla" Monasterolo con sus objetos? ¨Eludiendo la caladura conflictiva de algunas piezas (de qué otro modo pueden ser entendidos esos automóviles con armas-visores sobre los techos y apuntando)? ¨O "Nono y Nona Golpistas", que se supone disparan flores? ¨Quizás de la infancia violentada? Así y más. Monasterolo cita y se escabulle hacia el distanciamiento, eximiéndose de tomar partido. Señala y deja librado al azar el juicio de cada quien que mira. Su punto de apoyo seguro es la resolución plástica en la cual se mueve con holgura. Las elusivas metáforas a la condición humana se hacen más explícitas en aquellas piezas que evocan la memoria trágica del agua, fantasma constante en la memoria de la región que el expositor cita y hace sin recalar en machaconas argumentaciones literarias. Alude con economía de recursos y aspira a expresar vivencias. Otra es la cuestión cuando se trata de dibujos o de pinturas sobre el plano, resueltas al modo exclusivamente plano o sobrerrelieve acotado. Balancea aquí elementos contrapuestos articulando con oficio y soltura trabajos apreciados como coherentes, sin fisuras compositivas, no exentos de un tono entre levemente irónico y cómplice. Monasterolo explora, ocasionalmente a tientas y dejándose llevar, un camino antes no hollado buscando un discurso visual propio que lo personalice en el universo artístico de la región. Lo consigue en mayor grado cuando soslaya la mirada dura y trágica, para balancearse en el andarivel del humor, sea éste tanto explícito como ambiguo. Media una marcada distancia entre sus primeros trabajos expuestos en modo grupal, más objetos ÄjuguetesÄ que los de última realización que prefiguran una profundización subjetiva y desarrollo plástico en crecimiento. Objetos que no son juguetes, que no son tallas o esculturas; pinturas que no son cuadros concebidos como tales, sino proposiciones visuales alternativas de connotación evidente, puntos de apoyo sobre los cuales la mirada puede detenerse para pensar antes o después de desasirse o extasiarse. Estas presencias ensanchan el horizonte de la cultura local desde una proposición autónoma. El humor, ya se sabe, es un modo de pensar el mundo, señalándolo desde la distancia y la quietud. A veces, es desafío explícito; otras, comentario subrepticio. Unas veces, descarnado; otras, meramente gracioso. Tomar partido y actuar es una decisión absolutamente personal de quien lo ejercita. |