En la fiereza del mundo
En la fiereza del mundo

“Regreso”, de Leon Spilliaert.
Por Carlos Roberto Morán
“Rencores de provincia”, de Carlos Bernatek. Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires, 2008.
Poli llega a Danel, un pueblo perdido de la pampa gringa donde el calor es insoportable y en el que apenas “sobreviven” algún boliche de pocos parroquianos, escasas viviendas, un hotelito, una farmacia y casi nada más. Pese a eso, Poli vende de inmediato algunos de los libros que carga en su destartalada camioneta, lo que lo lleva a pensar que “la suerte había dado un vuelco a su favor”. Sin embargo, quien conozca otras historias transcurridas en ese pueblo signado por una suerte de Destino ominoso, sabe que no conviene ser optimista porque algo malo, alguna nueva derrota, debe estar aguardando al recién llegado que está buscando un refugio para comenzar a rehacer su vida.
Por otra parte, con mayor optimismo y la idea de “la oportunidad”, de emprender un trabajo diferente y nada menos que en una pequeña población balnearia, la que arriba a esta segunda geografía es Selva, una mujer solitaria que a sus 25 años sólo ha conseguido trabajos breves e insatisfactorios. Pero ahora, se dice, será distinto, porque el desconocido empresario Waldo le ha ofrecido (nada menos que) el puesto de encargada de esa cafetería a punto de ser inaugurada. Mientras aguarda las instrucciones que se demoran en llegar, Selva limpia como mejor puede el pequeño local quitando la arena que no la deja en paz: “Supo que ésa iba a ser su tarea principal durante toda la temporada: controlar esa naturaleza cerril, esa fiereza del mundo”.
Esa “fiereza del mundo” nos anticipa lo que vendrá, lo que puede caer sobre la inocencia de Selva. Ocurre que nos encontramos en los conocidos territorios de Carlos Bernatek, en esos sitios en los que deambulan los perdedores, aquellos que han sido marginados por definición.
Poli viene de vivir una verdadera desventura: se ha enterado, tarde y mal, que su mujer mantiene relaciones con otro hombre quien ha venido sosteniendo con su dinero un hogar quebrantado. La idea del viaje puede suponer la de la huida, pero también la de encontrar, en alguna parte, su lugar en el mundo.
Pero los personajes con los que se encuentra en Danel no ayudan, precisamente, a esa recuperación: especialmente un pastor evangélico, Velmar Cornejo, un típico exponente de la viveza criolla, personaje habitual en los relatos de Bernatek.
Así como Cornejo abruma a Poli con su presencia, Waldo, a su vez, hace lo propio a Selva pero en este caso a causa de su ausencia, casi absoluta. La joven está más que dispuesta a empezar su trabajo pero de Waldo tiene primero noticias esporádicas hasta que en determinado momento deja de tenerlas. Selva no termina de entender qué ocurre. Tampoco Poli, quien de pronto se ve envuelto en un ambicioso proyecto
alentado por Cornejo, que por tanto que promete debería despertarle sospechas.
Pero ambos se encuentran como aletargados, dormidos en sus sueños de redención personal. Poli, además, se pierde en aventuras sexuales que sólo le sirven para reavivar su soledad que, por otra parte, es aquello que constituye lo central de la vida de Selva.
Escrita en capítulos alternados, con registros notoriamente diferenciados, recargado cuando se trata de Poli, más diáfano respecto de Selva, las peripecias de ambos protagonistas van complicándose y nada termina siendo aquello que se propusieron.
Aunque se presume que Poli y Selva terminarán encontrándose, Bernatek se concede tiempo y espacio para darle consistencia y “sentido” a ese final, elaborado con tonos pesados y con gran solvencia narrativa.
Angélica Gorodischer, Claudia Piñeiro y Pablo Ramos concedieron a “Rencores de provincia” un merecido primer premio del Fondo Nacional de las Artes. La novela juega con su título como se ha dicho, como contracara sombría- con el sarmientino “Recuerdos de provincia”.
Y pese a que todo es sombrío, en este relato Bernatek se concede espacio para el humor. Sarcástico, claro está. Danel es un “territorio” que ya visitara el autor en cuentos y en su novela “Rutas argentinas”. No puede sorprender entonces que determinados personajes (Quaglia, la farmacéutica Vogelmann, Silva) reaparezcan acá aunque no sólo como “anécdotas” sino como coreutas que parecen repetir aquello de “vosotros que entráis, dejad atrás toda esperanza”.