Fue al “Gato” Andrada en un Vasco Da Gama 1-Santos 2
Fue al “Gato” Andrada en un Vasco Da Gama 1-Santos 2 La noche que Pelé se quedó sin voz al gritar su gol mil ![]() Historia de amor y odio la que vivieron (viven) Maradona y Pelé. La foto corresponde a agosto de 2005, cuando en La Noche del 10 llegó Pelé para entrevistarse con Maradona. Foto:DyN Tomás Rodríguez (Especial para El Litoral) En el minuto 78 de un juego de fútbol en una noche lluviosa del 19 de noviembre de 1969, cuando el árbitro señaló el manchón penal, el corazón de Edson Arantes do Nascimento, más conocido como Pelé comenzó a latir desenfrenado. En el legendario estadio Maracaná, más de 100 mil almas ofrecieron su silencio como muestra de respeto, mientras millones lo veían en todo el mundo; a las 23.11, en su partido 909, el famoso Pelé se apoderó del balón, lo colocó en el círculo blanco, tomó poca distancia, arrancó y mandó el balón a las redes, imposible de detener para el portero argentino Edgardo Norberto Andrada, del Vasco Da Gama. Pelé, sabía que no iba a fallar, simplemente porque los dioses no suelen fallar. Se arrodilló, estiró los brazos al cielo, recibió la lluvia en la cara y los gritos que cientos de veces habían retumbado en todos los rincones del mundo: ¡Pelé... Pelé... Pelé! Era su gol mil; lloraba; como cuando era niño, en Tres Corazones, de Minas Gerais y se dejaba abrazar y cargar y besar por los fanáticos. Su cuerpo estaba allí, pero su mente regresaba a su pueblito de origen, donde 29 años antes había nacido; volvía a los días de pobreza y de sueños... El partido era válido por el torneo Roberto Gomes Pedrosa. Al término del mismo, al ser entrevistado, Pelé afirmó que “Pensé en Navidad. Pensé en los niños...”, también se lo dedicó a su esposa Rosemary y a su hija Kelly Cristina. “O Rei Sol” se puso una camiseta del Vasco da Gama con el número 1.000 y dio una vuelta olímpica en el mítico estadio Maracaná. “Le pegaba con las dos...” Su madre, Celeste (Arantes), lo buscaba por cada rincón. Su padre, Joao Ramos Do Nascimento “Dondinho”, jugador profesional, lo ponía frente a una pared a practicar con el balón por horas, izquierda y derecha, así, sin parar, tú puedes, con las dos piernas, así, domínalo, así hijo, así.... Muchos, muchos años después, un reportero tenía a Pelé a unos cuantos centímetros. Lo entrevistaba bajo un nervio muy especial. Y él, Edson, ofrecía una sonrisa dulce, mirada en reposo, respuesta inteligente: “El fútbol es una mixtura de juego, arte y religión. Es una pasión”. “Para Pelé todos los juegos han sido difíciles y muy duros. Por eso yo tengo mucho que agradecer a Dios”, reveló el tricampeón del mundo. ¿Qué más se podría escribir de Pelé? ¿Decir que era una masa de músculos cruzando ferozmente la cancha, como pantera sobre su presa, rumbo al terreno sagrado del gol? ¿Decir que cuando los rivales lo tenían enfrente temblaban de miedo, se paralizaban asustados por el dios negro que parecía llevar el balón cosido a sus pies? “Yo pensé: él también es de carne y hueso, como yo... pero estaba equivocado”, confesó Tarciso Burnigch, defensa italiano encargado de marcarlo en la final del Campeonato Mundial de Fútbol México “70”. Evitó una guerra ¿Decir, por ejemplo, que gracias a su juego sagrado fue capaz de detener una guerra en Nigeria con su equipo del alma, el Santos F. C. de Brasil? “Yo tuve la felicidad de parar una guerra, aunque fuera por un momento. La paz es lo más importante del mundo, y eso los deben pensar los gobiernos, no los pueblos, porque los gobiernos son los que hacen las guerras”, reveló O Rei Sol. ¿Decir, como lo define el poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade, que hacer mil goles como Pelé no es tan difícil, pero hacer un gol como Pelé sí es difícil? ¿Decir, como el periodista Armando Nogueira, que si Pelé no hubiera nacido hombre, hubiera nacido pelota? O mejor nos quedamos como lo escribió en portada el diario londinense The Sunday Times: “¿Cómo se escribe Pelé? D-I-O-S”. Es el futbolista que algún día dijo: “Dios le dio dones a los hombres; a todos les dio algo; yo era el último en la fila y cuando me tocó, casi se habían acabado los dones”. Al respecto precisó: “yo creo que se preguntó: ¿Y ahora, qué hacemos con éste? Pues que juegue fútbol”. Pelé el homenajeado: tiene casi todas las condecoraciones del mundo, desde la Legión de Honor que le concedió el general francés Charles de Gaulle, hasta la Orden de Lenin. Es el hombre de buena entraña que cuando se retiró el fútbol, le regaló su playera a un niño de 10 años de edad. Sus orígenes Pelé nació en Tres Corazones, en la provincia de Minas Gerais. “Dodinho”, su padre, tenía fama de ser un buen cabeceador; jugaba como centro delantero del Fluminense hasta que las lesiones lo acabaron. Pelé siempre confesó que “yo tengo tres corazones: el lugar donde nací, Baurú y Santos”; la familia se mudaba de la pobreza a la pobreza, a Baurú, en San Pablo. Desde chiquillo comenzó a trabajar y a jugar con la pelota. Sus padres le decían “Dico”; fue bolero; a quienes les lustraba el calzado les decía que quería ser futbolista. Le daban unas monedas y se olvidaban de él. Pero él seguía soñando... A los siete años entró a un equipo llamado Siete de Septiembre, pero las monedas no alcanzaban para comprar zapatillas; por eso jugaba descalzo, a pie pelado. Siempre así, a pie pelado. Por eso alguien le empezó a decir Pelé. A distintos periodistas les confesó que nunca le gustó su apodo. “Pensé que era un insulto, aunque hace poco descubrí que en hebreo significa milagro”. Rápido pasó la niñez y el adolescente Edson seguía jugando fútbol. A los 15 años actuaba en el Ameriquinha. Ahí fue descubierto por el famoso futbolista internacional Waldemar do Britos (hermano de Petronilho, jugó en San Lorenzo de Almagro en 1935 y 1939-40, 45 partidos, 25 goles), quien lo invitó al equipo que con los años sería el gran amor deportivo de Pelé: el Santos F. C. “Este niño va a ser el mejor jugador de fútbol del mundo”, les dijo do Britos a los directivos del equipo. El debut Llegó el primer momento: 7 de septiembre de 1956; jugaba Santos c. Corinthians; iba ganando Santos 5 a 1 y el entrenador, viendo que el partido está cómodo, voltea a la banca y da la orden, suelta esas palabras que estremecen y que ilusionan a los pequeños jugadores, a aquellos que sueñan con ser futbolistas profesionales. Esas palabras mágicas: “Calienta porque vas a entrar”. Pelé siente un golpe en el vientre y se levanta como flecha a calentar; entra por el centro delantero Del Vecchio; comienza la historia: Raimundinho avanza con el balón, burla a un defensor, se apoya con Tite para hacer pared y al borde del área grande se la da a Pelé. Un defensa le cierra el espacio, Pelé guarda el balón ante la imposibilidad de tirar a gol; llega otro defensa, Pelé finta, amaga; da un pequeño toque al balón. Pelé está rodeado de defensas; no se ve por dónde. De pronto, finta a la izquierda y como mago esconde el balón; los defensas se abren, y justo entre ellos saca el disparo que pasa por debajo del portero Zuluar, quien ha recibido el sexto gol. El primero en la historia de Pelé. Desde ese partido fue titular. Dos años después mete 58 goles; toda la prensa brasileña observa al jovencito del Santos; todos hablan de Pelé; Sylvio Pirilo, el entrenador de la selección brasileña, lo convoca al Scrach Du Oro y lo hace debutar contra Argentina el 7 de julio de 1957. Pelé hace un gol aunque su equipo pierde ante los blanquicelestes 2 a 1. Suecia 1958 y Chile 1962 Llega entonces el Mundial de Suecia 1958. Brasil es el equipo que maravilla, siendo Pelé el jugador que fascina. Su primer juego mundialista es el tercero contra la Unión Soviética. Pelé está a punto de tocar el balón para arrancar el juego; es flacucho y sus ojos saltones están viendo a otro dios del balón: Garrincha. Vavá está cerca de ellos. En el juego manda Brasil; de Garrincha a Pelé; de éste a Vavá; del centrodelantero a la red. Vavá hace los dos goles con los que ganan los brasileños. En las semifinales Brasil le gana a Francia 5-2; Pelé hace tres goles. En la final contra Suecia se repite el marcador: Brasil campeón del mundo; se repite en Chile 1962; Pelé hace uno de los dos goles en el primer juego contra México. Los abuelos lo recordaban así: “Pelé tomó el balón poco más allá de la media cancha, avanzó con el balón cosido a sus pies, se quitó a uno, dos, tres defensas, parecía locomotora, era una fiera que avanzaba a la portería mexicana; cruzó su disparo a la derecha de Carvajal; solamente nos faltó aplaudirle...”. A Pelé se le acabó el Mundial contra Checoslovaquia por una lesión. El campeonato fue para Garrincha, pero la prensa francesa bautiza a Pelé como hasta hoy es conocido: “El Rey”. Inglaterra 1966 y México 1970 En el Mundial de Inglaterra ‘66, lo molieron a patadas ante la pasividad de los árbitros; la consigna entre los europeos era detenerlo a cualquier precio. En el tercer partido contra los portugueses, Pelé no pudo más; patada tras patada y el árbitro ni siquiera volteaba; salió en camilla y el Mundial fue para los ingleses. En México 1970 eran dioses vestidos de jugadores de fútbol; Félix cede a Zé María, que sale por la izquierda, éste se quita a uno, la cede al “Jefe” Gerson, quien era dueño de la media cancha; toque suave para Tostao, quien hace un pique frontal y ya vio a Jairzinho, moreno espigado que consiente el balón, que le dice somos amigos y que la filtra para la velocidad y potencia del bigotón Rivelino, quien como si sus marcadores fueran de papel avanza entre ellos, con el rabillo del ojo ve a Pelé, centrea y “O Rei Sol” sólo pone la cabeza para meterla a gol. “Es muy fácil, como si uno saludara amablemente a alguien, sólo una leve inclinación con la cabeza”, relató tiempo después Gerson. El Campeonato Mundial de México 1970 es difícil de superar, siendo considerado el certamen en el que mejor fútbol se ha jugado en todos los tiempos. Es el Mundial del partido del siglo: Alemania-Italia, con el heroico Beckenbauer, con el estupendo Gianni Rivera. Qué final: Brasil le gana a Italia y la escena da la vuelta al mundo: Pelé en hombros con sombrero de charro... 16 años más tarde, en ese mismo estadio, se consagraría Diego Armando Maradona. El, Diego, hizo el mejor gol de la historia de los mundiales aquella tarde de la gran victoria ante los ingleses. ¿Habrán sido los duendes de Pelé, que encontraron a su heredero?, ¿o a quien le disputó el trono...? ![]() Pelé en acción y enamorado de la pelota, su gran compañera durante más de 20 años de profesionalismo. La foto data de mayo de 1960, cuando Pelé era muy joven aún pero ya deslumbraba. Foto: Archivo El Litoral EN NÚMEROS 8 goles en un partido Se los marcó Pelé a Botafogo de Riberao Preto, el 21 de noviembre de 1964, en Villa Belmiro. El partido fue ganado por el Santos, 11 a 0. En la Argentina: Juan Antonio Taverna, el delantero de Banfield en la década del “70, marcó 7 goles en un partido jugado entre Banfield y Puerto Comercial de Bahía Blanca, por el torneo Nacional, que terminó 13 a 1 a favor del Taladro. 1.366 partidos Pelé hizo, en total, 1.288 goles. Fue, de hecho, el jugador en la historia con mayor cantidad de anotaciones. Se despidió el 1º de octubre de 1977, jugando para el Cosmos. Tenía 36 años. 3 títulos mundiales El primero fue en Suecia, siendo muy joven, en 1958. El segundo fue en Chile, en 1962, cuando debió abandonar prematuramente el torneo por lesión. El tercero es el más recordado de todos: el título obtenido en México en 1970. El mejor: A fines de 1999, el Comité Olímpico Internacional lo eligió el mejor deportista del siglo. 760 goles oficiales Según Wilkipedia es la cantidad de tantos que hizo Pelé en competiciones diferentes, sin tener en cuenta los goles en partidos amistosos. ![]() El momento culminante se produjo aquel 19 de noviembre de 1969 en el repleto Maracaná de Río de Janeiro. Pelé se prepara para ejecutar el penal. Los jugadores de Vasco Da Gama miran. En el arco, fuera de escena, está el Gato Andrada, quien ocho años más tarde vino a atajar a Colón. Foto: Archivo El Litoral Edgardo Andrada acusado de represor La historia del arquero que trabajaba para los militares De la Redacción de El Litoral Edgardo Norberto Andrada se destacó en su paso por Rosario Central, al inicio de su carrera, por el Vasco Da Gama, los dos años (desde 1977 hasta 1979) en los que dejó una huella imborrable como arquero de Colón, y su adiós al fútbol a los 43 años en Renato Cesarini. El “Gato” Andrada, a quien Pelé le marcó el gol 1.000, volvió a Argentina a finales de 1976, en tiempos de la dictadura militar que comandaba el general Jorge Videla. Existen sospechas de que no sólo se dedicó a ponerse bajo los palos en los últimos años de su carrera. “El Gato Andrada integró la patota (fuerzas paramilitares) que secuestraba gente en Rosario”, acusó el ex represor Eduardo Constanzo, procesado por crímenes contra la humanidad. En su declaración ante el juez Carlos Villafuerte Ruzo, Constanzo abundó en detalles y sostuvo que Andrada participó del operativo que terminó con la desaparición y la muerte de los militantes peronistas Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereira Rossi el 14 de mayo de 1983. “No quiero hablar. Es una cosa que no tiene ni ton ni son, Constanzo miente. Yo estuve en el Ejército, pero no así”, se defendió el “Gato”, que se destacaba por su plasticidad y profesionalismo. Andrada niega haberse jubilado como integrante de los servicios de Inteligencia del Ejército como señaló Constanzo en su declaración judicial, aunque todavía no ha aclarado cuál fue su actividad en las fuerzas armadas. Y otra denuncia, en este caso anónima y realizada en 1997 ante el juzgado de San Martín, provincia de Buenos Aires, ya lo señalaba como integrante del comando que secuestró a Cambiaso y Pereira Rossi en la cafetería Magnum, en pleno centro rosarino. “Desde hace años, en Rosario hay un fuerte rumor sobre la participación de Andrada en la represión”, asegura Ana Oberlín, abogada de la agrupación Hijos, organización de derechos humanos formada por hijos de desaparecidos, asesinados o presos en la dictadura. ADEMÁS Jugando Pelé contra Perú en Lima ocurrió algo extraordinario. En el segundo tiempo fue expulsado por reclamar. Siempre había sido un caballero dentro de la cancha; pero esa vez vio la roja y con la tarjeta llegó la furia: miles de aficionados comenzaron a protestar en las tribunas, peleaban y arrojaban a la cancha lo que pudieran. El estadio se venía abajo; alerta máxima; junta emergente entre los árbitros y directivos. Decisión final: Pelé vuelve a la cancha y sigue el juego. Pelé seguía dando la vuelta al mundo con el equipo de sus amores, maravillaba su juego; vencía a todos o casi todos... Lo expulsaron y volvió a la cancha ![]() El Gato Andrada fue figura de Colón en aquellas buenas campañas entre 1977 y 1979. Integró el plantel en el que estuvieron, entre otros, Di Meola, Villarruel, Leroyer. Aráoz, Lalo Vega y Luñiz. Foto: Archivo El Litoral |
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