Con ciertas cosas no se juega
Con ciertas cosas no se juega

Brendan Gleeson y Colin Farrell, en una escena de “Escondidos en Brujas”, de Martin McDonagh.
Foto: Agencia Télam
Laura Osti
El angloirlandés Martin McDonagh, director y guionista de esta película, es autor y director teatral. “Escondidos en Brujas” es su primer largometraje, anteriormente, en 2005, ganó un Oscar por un corto titulado “Six Shoter”.
Su propuesta en esta película es interesante, porque apela a la confluencia de varios estilos (se pueden reconocer muchos guiños y homenajes a grandes obras del cine negro y también a otras con tintes sobrenaturales o surrealistas y hasta fantásticos, mezclados con una mirada estética y ética). Se trata de la historia de dos asesinos a sueldo de origen irlandés, uno joven, Ray (Colin Farrell), y otro mayor, Ken (Brendan Gleeson), que por orden de su jefe, Harry Waters (Ralph Fiennes), que está en Londres, deberán pasar una temporada en Brujas, la encantadora ciudad medieval belga, hasta que se resuelva un asunto oscuro y complicado que los involucra.
McDonagh juega con los contrastes permanentes. Brujas es una ciudad de ensueño, encantada, de cuentos de hadas, donde todo parece estar en su lugar y la gente es amable, educada, culta, refinada. Es un lugar para que los turistas de todo el mundo se sumerjan en un mundo donde los edificios medievales y los museos de arte guardan riquezas que convocan más al espíritu, a los valores históricos y a la sensibilidad, y casi nada a los productos de consumo masivo y globalizado que abundan en el resto del mundo.
En ese marco imponente, el discurso en off de Ray con que comienza el relato cae como una piedra sobre un cristal. Sin rodeos, confiesa que está allí con su amigo Ken porque los han enviado después de haber cometido un asesinato en Londres en el cual algo salió mal y dice que está allí a disgusto y su malestar estará presente durante todo el film.
Por su parte, Ken, veterano ya, intenta poner una cuota de paciencia y tolerancia, se entrega a la ciudad y trata de aprovechar sus bondades como un turista más.
Poco a poco, a través de las conversaciones entre ellos, se percibe que la trama apunta a una cuestión interna de la banda más que a una intriga o un thriller de acción. El asunto es un problema que tiene que resolver el jefe, donde están involucrados principios y códigos de honor. Por eso, los diálogos y todo lo que suceda bordeará la cuestión de la culpa, la lealtad, los valores, sumergiéndose en una atmósfera en la que a pesar de ese mundo tan ordenado que los rodea, las fisuras se van haciendo cada vez más visibles y todo irá enrareciéndose hasta llegar a un desenlace verdaderamente catártico y casi escatológico.
Protagonistas impecables
Hay que reconocer que McDonagh, quizás por su experiencia como dramaturgo, maneja muy bien los climas y los diálogos, calibrando el tempo de la acción, sin perder en ningún momento su apelación a la interioridad de los personajes. Porque lo que se va poniendo en juego durante el transcurso del relato son cuestiones personales. Los protagonistas, todos implecables, van desnudando sus secretos, van haciendo confesiones, van poniendo sus vísceras, sus dolores más profundos y van tomando decisiones que los pintan no exactamente como fríos asesinos, malos muy malos, sino como extraños y complejos seres fronterizos, llenos de humanidad como cualquiera y que buscan su redención y también su lugar en el mundo. No se trata de la violencia por la violencia misma sino que se trata de una opción para canalizar cuestiones más profundas, una vía para dirimir asuntos de vida o muerte, no para dar rienda suelta al odio.
Los personajes, los diálogos y las situaciones tienen muchos componentes absurdos y cuasicómicos, lo que hace más trágico y embarullado aún todo.
Es una película que se sale de molde, atrapa y se disfruta en muchos planos, aunque deje un rictus amargo al final.
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MUY BUENA
Escondidos en Brujas
“In Bruges”. Reino Unido, 2008. Comedia dramática. Dirección y guión: Martin McDonagh. Interpretación: Colin Farrell, Brendan Gleeson, Ralph Fiennes, Clémence Poésy, Jérémie Rénier, Thekla Reuten, Jordan Prentice. Producción: Graham Broadbent y Pete Czernin. Música: Carter Burwell. Fotografía: Eigil Bryld. Montaje: Jon Gregory. Diseño de producción: Michael Carlin. Vestuario: Jany Temime. Duración: 107 min.