A 75 años de su sanción
La “Ley Seca” en EE.UU.: historia de un gran fracaso

Al Capone, el más famoso pero no el único de los jefes mafiosos que medraron durante la vigencia de la “ley seca”, produciendo o contrabandeando alcohol que luego vendía en bares ilegales.
Foto: archivo El Litoral
Durante sus 13 años de vigencia, la norma generó el auge sin par de la corrupción y el “gangsterismo”. Su único mérito fue servir de inspiración para un género literario y cinematográfico que dio grandes obras.
Jorge Bañales
Agencia EFE
Hoy se cumplen en EE.UU. 75 años del fin de la “ley seca”, una prohibición que, lejos de reducir el consumo de licores, provocó el auge de la corrupción y el crimen organizado, fuente de inspiración del cine y la literatura negra.
La prohibición, que duró 13 años, entró en vigor en enero de 1920, cuando se aprobó la Enmienda 18 de la Constitución. Pronto fue evidente que no se iban a conseguir los resultados esperados.
“En general, ha aumentado el consumo de alcohol, se han multiplicado los bares clandestinos y ha aparecido un ejército de criminales”, comentó en 1932 el millonario John D. Rockefeller, quien había apoyado la veda.
Esta experiencia es citada a menudo por quienes promueven la legalización de la marihuana y otras drogas, pues después de tres décadas de “guerra contra las drogas” en EE.UU. hay casi dos millones de personas en prisión, y el negocio ilegal sigue medrando. La Enmienda 18, que declaró ilegal la producción, venta y posesión de licores destilados, fue resultado de décadas de campañas del llamado movimiento de temperancia, y de los problemas del alcoholismo en una población engrosada por una oleada de inmigrantes.
Los promotores de la Prohibición la llamaron “el noble experimento” y esperaban que redujera el crimen y la corrupción, resolviera problemas sociales tales como la violencia doméstica, y bajara la carga fiscal de prisiones y albergues para pobres.
La Prohibición contó con el respaldo de sectores sociales muy dispares, desde los “progresistas” que querían mejorar la salud de los trabajadores a la organización segregacionista blanca Ku Klux Klan, los grupos feministas, los cristianos sureños y los negros en áreas rurales.
En 1919, mientras se procesaba la ley, el consumo per cápita de bebidas alcohólicas era de 6 litros al año, según un estudio publicado en 1932 por Columbia University Press.
En 1921, el consumo per cápita bajó a aproximadamente medio litro y ésa fue la última buena noticia acerca de la Prohibición. En 1922, el consumo llegó a casi 4,5 litros, y en 1929 a cerca de 5 litros.
La ilegalización tuvo el efecto económico lógico: un aumento de precios de las bebidas que se producían clandestinamente y se vendían descaradamente.
El costo de las bebidas subió rápidamente y la destilación clandestina de licores o el contrabando de esta mercadería desde México, Canadá y el Caribe fomentaron las organizaciones delictivas que darían material a las películas y novelas de “gánsters” por varias décadas.
En 1920, el gasto en licores destilados equivalía aproximadamente al 40 por ciento de lo que se gastaba en bebidas alcohólicas, en tanto que el resto eran otros no destilados, como vino o cerveza.
En 1922, había subido al 90 por ciento: los aficionados al trago consumían más licores, y muchas cervecerías y bodegas vitivinícolas se vieron obligadas a fusionarse.
Otro impacto económico fue la pérdida de unos 500 millones de dólares anuales en recaudaciones de impuestos, justo cuando el negocio se tornaba más lucrativo, y florecían las destilerías en países vecinos.
La tasa de homicidios, que en 1920 era de 6,8 por cada 1.000 habitantes fue de 9,9 en 1933, y desde entonces bajó cada año hasta menos de 6 por cada 100.000 cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial.
Otros efectos indeseados
La Prohibición coincidió con una bonanza de especulación financiera -lo que ahora se denomina una “burbuja”- y en el frenesí de los “años locos” medraron pandillas criminales y se hicieron famosos Al Capone y su rival Bugs Moran, que controlaban redes de destilerías, y speakeasies (bares clandestinos) en muchos casos adjuntos a los casinos.
Hacia el final de la década, Capone controlaba los 10.000 speakeasies de Chicago y regentaba las destilerías y la distribución de licores desde Florida a Chicago.
Antes de la prohibición, había 4.000 convictos por delitos federales. En 1932, había 26.859 y la población en las cárceles federales había subido un 366 por ciento.
Una década de Prohibición generó suficiente oposición como para que Franklin D. Roosevelt prometiera su repudio durante la campaña presidencial de 1932. La ley dejó de estar vigente el 5 de diciembre de 1933.




