Los beneficios que produce la circulación informativa y de opinión son mayores que los daños que los errores periodísticos puedan ocasionar.

EDITORIAL

Periodismo y sensacionalismo

El periodismo es tan diverso como la realidad, pero los medios e instituciones serios del sector siempre han diferenciado el trabajo responsable del manejo sensacionalista. Para el periodismo clásico, la noticia requiere de un proceso de verificación, el chequeo cruzado de fuentes diversas y correcta redacción. Lo importante, en suma, es que la noticia sea cierta y que la comunicación sea clara.

En el periodismo también existe la búsqueda de la verdad y es por ello que la libertad de expresión es indispensable. Alexis de Tocqueville cuando se refiere a este tema admite que el periodismo puede equivocarse y cometer excesos pero señala que ése es un precio módico a pagar en homenaje a la libertad de expresión, ya que los beneficios que produce la circulación informativa y de opinión son mayores que los daños que los errores periodísticos puedan ocasionar.

Y es precisamente en el contexto de los excesos y los abusos donde debe ubicarse el tema del sensacionalismo, el afán de convocar a los lectores mediante noticias deliberadamente exageradas o que tienden a exaltar pasiones atávicas y morbosas.

El sensacionalismo es una patología de la comunicación; a menudo causa daños pero de ellos debe dar cuenta en tribunales ya que cualquier control previo lleva a prácticas de censura y a un cepo para la libertad expresiva. Sería peor el remedio que la enfermedad. Sin embargo, es importante librar una verdadera batalla cultural en la sociedad y entre los propios actores de los medios de comunicación para impedir que se transforme en el rasgo dominante de la cultura mediática.

Valgan estas consideraciones para reflexionar acerca de lo sucedido esta semana en el conocido programa televisivo que conduce Mirtha Legrand. Más allá de las opiniones que se puedan tener respecto de la conductora y el programa, hay consenso en que los célebres almuerzos han estado alejados del sensacionalismo, de los golpes bajos , de la banalización de la noticia. No obstante, días pasados la presencia de la viuda de Forza y una caliente discusión telefónica con su suegro -seguida de un posterior escándalo- demuestra que hoy nada está a salvo de las pulsiones sensacionalistas que estimula el termómetro del rating.

Digamos que la noticia del triple crimen es la ejecución mafiosa de tres personas vinculadas al narcotráfico. El crimen es siempre noticia, mucho más cuando se relaciona con el narcotráfico. Indagar acerca de los autores del crimen, sus relaciones con narcotraficantes del exterior, sus conexiones con el poder político, es legítimo y necesario. Introducirse en los escándalos familiares, las crisis de pareja o la sexualidad de las víctimas o sus seres queridos es sensacionalismo.

En un caso, lo que se informa y lo que es motivo de deliberación refiere a un tema público, de interés público; en el otro, se trata de entrometerse en la vida privada de los protagonistas, no para hallar la verdad sino para degradarla, corromperla o banalizarla.