Al margen de la crónica
Los autos no siempre ayudan
Al margen de la crónica Los autos no siempre ayudan Un artículo publicado días atrás en una revista, anunciaba el lanzamiento de un nuevo libro de “autoayuda’, que aseguraba cómo siguiendo determinadas reglas, se podía evitar el estrés ante la nueva crisis económica. Con una lectura rápida de la decena de párrafos editados, se comprendía que el autor atiborraba al posible buscador de auxilios, con consejos y sugerencias obvias y de dudosa eficacia. Es enorme el crecimiento de este moderno fenómeno que ha sido creado, aceptado y estimulado en todo el mundo y que se conoce como “autoayuda’. Y lamentablemente, todo entra en el mismo paquete; lo que es serio y lo que no. Este “boom’ en el que demasiados maestros y gurúes tratan de persuadir a la gente de que manejan técnicas avanzadas de psicología, efectivas y rápidas para el logro de la tan ansiada superación personal, la solución de los problemas cotidianos de la vida o que enseñan cómo aprovechar al máximo, potencialidades aún no descubiertas. Muchos aseguran tener el remedio eficaz para la sanación de malestares físicos o espirituales. Demasiados, sin una formación probada, dicen saber cómo hacer para conseguir pareja, cómo fabricar amigos, cómo dejar de fumar o abandonar el alcohol. Abreviando, prometen el éxito en la concreción de todos los deseos y sueños que satisfagan la vida de cada uno. Es importante informarse acerca de la idoneidad de quienes escriben o abordan con distintas herramientas, temas íntimos o complejos. Los profesionales que estudian el comportamiento humano coinciden en reconocer que, la principal característica de la filosofía de la superación personal, está en el “yo’ y es importante trabajar con el “yo’, para conseguir “eso’ que se desea. Pero hay que saber de antemano que no todo lo que se quiere se puede conseguir y que muchas, demasiadas cosas, escapan o están fuera del alcance de los mortales. Nadie rotularía a Richard Bach o a Antoine de Saint Exupery -por tomar sólo un par de ejemplos- como precursores de los actuales “autoayudadores’, sin embargo, quien haya leído Juan Salvador Gaviota o El Principito, seguramente salió de esa aventura diferente, con otra mirada del mundo, de la vida y de la gente. Probablemente sin proponérselo, hoy hay quienes, como ellos en su época, con sentido común, inteligencia y generosidad, pueden hacer mucho más por ayudarnos que quienes tanto se promocionan. |
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