EDITORIAL
EDITORIAL
Los piqueteros de Gualeguaychú
Después de dos años ininterrumpidos de cortes de rutas, los piqueteros de Gualeguaychú convocan a una nueva provocación contra el país vecino y los propios argentinos, que por legítimas razones turísticas, pero también laborales, están interesados en viajar a Uruguay. Los bloqueadores no han podido probar en todo este tiempo la supuesta contaminación del río, pero se han ocupado por contaminar las relaciones con Uruguay cuyo presidente ahora se niega, por razones obvias, a votar a favor del señor Kirchner para allanarle el acceso a la presidencia de Unasur, una decisión que cuenta con el aval de toda la oposición política oriental.
Haber consentido que un puñado de pobladores decida sobre la política exterior de la Argentina fue un gran error del gobierno nacional y, muy en particular, del gobierno de Busti, quien con una actitud oportunista e irresponsable, consintió por razones inconfesables que se iniciara este verdadero delirio que hoy representa el corte de rutas internacionales en Gualeguaychú.
Ni en el plano jurídico, ni en los estrados internacionales, ni en el mundo académico, los piqueteros han podido probar sus argumentos. Antes de que se instalara la empresa Botnia advertían sobre verdaderas catástrofes ecológicas que a más de un año de actividad productiva por parte de la papelera finlandesa, no se ha dado ni hay noticias de que vaya a darse.
El único argumento que le queda a los ambientalistas -muchos de ellos interesados en que el conflicto se mantenga por razones de subsistencia económica- es que la contaminación se percibirá dentro de cincuenta años. Con ese tipo de razonamiento -una verdadera coartada para mantener el bloqueo de aquí a la eternidad- no hay manera de sostener una discusión seria y responsable.
Las fundaciones e instituciones ambientalistas más serias han admitido que la contaminación no existe. Los que siguen militando en esa línea son fundaciones y ONG aventureras y marginales, al estilo de la auspiciada por la señora Picolotti que, como se ha demostrado, estuvo más interesada en medrar con los recursos públicos que en proteger el ambiente o la vida de las personas.
Si en su momento el gobierno nacional supuso que cooptando a esta señora lograría desactivar el corte de rutas, los hechos demuestran el fracaso de esa estrategia que, al cabo, sólo benefició económicamente a la ex funcionaria, ahora devenida de nuevo en militante ecologista junto con su marido, el asesor jurídico de los piqueteros.
El actual gobernador de la provincia de Entre Ríos, Sergio Uribarri, ha dicho con toda claridad que no hay ninguna prueba de que el río Uruguay esté contaminado y que por lo tanto el bloqueo debe levantarse inmediatamente. La respuesta de los piqueteros ha sido promover cortes en los puentes de Colón y Concordia, una verdadera provocación política contra la vecina república y contra todos los ciudadanos de la región, doble agravio que los gobiernos nacional y provincial no deben tolerar ni consentir.