“Pastore-Posludio”
La construcción de un vínculo mágico
Roberto Schneider
“Stéfano” es indiscutiblemente un clásico del teatro argentino creado por Armando Discépolo y, probablemente, pocas cosas nuevas puedan manifestarse acerca de las varias excelencias que su textualidad propone. Son apasionantes los temas de los sueños, de la búsqueda de los ideales y el enfrentamiento con lo que se opone a esa búsqueda: la convivencia, la vida material, las necesidades diarias. Esta obra de Discépolo, una de las más significativas de la dramaturgia nacional, plantea el dilema de un músico frustrado en su capacidad creadora, ante la necesidad de sostener una familia y atender a las demandas de la vida cotidiana. Stéfano, el protagonista, no puede probar su talento. Es un ser que tiene un saber aunque no tenga que ver con la creación. Sabe mucho de música, pero no puede desarrollar su impulso creador.
Con precisa inteligencia, Teatro Taller y Teatro del Actor actualizan como se merece este clásico a partir de una estupenda versión estrenada en el Foro Cultural Universitario. Con el título “Pastore-Posludio” y, como sostuvieron antes del estreno sus hacedores, Pastore, el aprendiz, confiesa a su maestro, Stéfano, que va a ocupar su lugar en la orquesta. De tanto en tanto, el alumno marca el peso, el dolor, que le causa tener que actuar de ese modo, pero que realizará de todas maneras aduciendo que, si no lo ocupa él, lo hará otro. El trabajo de dramaturgia de Julio Beltzer es brillante porque se basa en un posible futuro tras la confesión del alumno en un mundo rodeado de música. Del texto enunciado, más allá de sus valores dramáticos, se desprende una serie de enseñanzas de vida que, a pesar del tiempo transcurrido, siguen siendo vigentes. Cobra intensidad el eje que estructura intencionalidades: la eterna relación entre un maestro y un alumno como idea motora del traspaso de conocimientos en el mundo del arte.

Leonardo Lasala es el magnífico actor que entrega cuerpo, voz y alma para formar parte de una excelente construcción estética.
Foto: Gentileza producción
A partir del minucioso y exquisito trabajo de interpretación del joven actor Leonardo Lasala, el trabajo de dirección de Julio Beltzer propone con profunda calidez el dibujo de un personaje entrañable, lleno de amargura aunque también de frescura, en una sutil metáfora de la esperanza. La propuesta impacta por la alta calidad actoral y la profunda investigación realizada, que se refleja —además del trabajo de Lasala— en la planta escénica y banda sonora de César Costanzo. El espectador reflexiona con un inteligente texto y un entramado musical de excelente factura.
Ya sostuvimos que “Pastore-Posludio” aborda el encuentro entre un discípulo y su maestro. El alumno piensa, habla, dirige una orquesta, gesticula, come y bebe. La totalidad descubre con notas de humor el desacuerdo nacional, la sordera argentina y el modo en que desviamos muchas veces nuestro destino con verdades equivocadas. La pieza propone también el enfrentamiento entre posturas que en principio parecen irreconciliables: la de la tradición y la de la modernidad. Para descubrir al final que en la aceptación y el intercambio está el mejor resultado. El texto beltzeriano aborda la transformación interior de Pastore. Con una estética de fuerte carácter grotesco y una puesta en escena que parece funcionar como una extensión del estado de ánimo del protagonista, se construye un vínculo mágico, en el que las diferencias culturales nunca llegan a ser un obstáculo para que las emociones, el afecto y la amistad afloren sin prejuicios.
El personaje protagónico busca también reconciliarse con la vida. El dramaturgo delinea la relación de entrega incondicional de ese ser solitario. Y se profundiza en el montaje el alegato que se formula con respecto a la necesidad de un acercamiento entre culturas, en un mundo cada vez más fracturado por el odio y la discriminación.




