Lengua viva
Balance obligado
Lengua viva
Balance obligado
Evangelina Simón de Poggia
En estos días, los medios de comunicación se han hecho eco de la preocupación de los padres y de la sociedad, en general, por el accionar de los jóvenes. ¡Qué novedad! ¿Por qué tanta sorpresa sobre un problema que está instalado hace años en nuestro país y va avanzando con una dinámica alarmante? Estamos asustados por el proceder de jóvenes que: matan, violan, pegan desenfrenadamente y no cesan hasta no ver satisfecho su deseo destructivo y de dominio hacia el otro.
¿Qué hacen las “bandas escolares”, comunicándose por celular para acordar el lugar del encuentro que será escenario de la pelea por la pelea misma? Es la futilidad, el vacío, el horizonte perdido,el no saber hacia dónde van; es la nueva forma de diversión ¿Diversión...? La droga, el alcohol, la pertenencia a grupos nefastos, el nuevo concepto de vida que los embarga los llevan al delito; muchas veces, a la muerte y a la infelicidad.
Las edades se van achicando. El contexto: los boliches, los negocios, la calle con autos a toda velocidad, bicicletas sin luces entremezcladas con los vehículos para adelantarse y cruzar primero, no importando si el semáforo está en rojo; motos a gran velocidad con sus caños de escape no reglamentarios haciendo un ruido desafiante y poniendo en peligro a cuanto se le cruza.
La comunidad no sale de su asombro al ver a los padres buscar a sus hijos de 10 años a un baile a las tres de la madrugada; preadolescentes y niños usando en baños escolares su cámara celular para filmar el juego sexual de compañeros con niñas/os de corta edad para, luego, publicarlo en Internet. Han sido frecuentes las noticias de padres y familiares abusadores sexualmente de sus hijas, incluso, muchas veces, con consentimiento de sus madres, lo que indica la existencia de una patología familiar instalada; alumnos que se han burlado de sus docentes, docentes que mantienen relaciones con sus alumnos adolescentes.
El aprendizaje se plantea incompleto, apurado e inconsistente, pero aparentamos que todo está bien a través de procedimientos nefastos por parte de los responsables. Les estamos haciendo creer ,en todas las instancias educativas, que ellos pueden hacer todo y bien, sin aclarar en sus mentes que no es lo mismo leer que estudiar; que no es lo mismo estudiar comprendiendo que sin comprender, memorizar que razonar; que la improvisación no es sinónimo del conocimiento, sino de la viveza, la irresponsabilidad y la ignorancia; que todo vale, que tanto da un comportamiento como otro, con tal de lograr el placer que desean mitigando, así, su aburrimiento.
Nos preguntamos: ¿qué hacemos? Debemos reflexionar, escuchar lo que nos están comunicando con sus procederes, y planificar estrategias para recuperarlos y hacerles ver caminos luminosos y prometedores, hacerles ver que la esperanza existe y es lo último que se pierde. Y a esos jóvenes que están en el camino de la luz y de la utopía, que tienen proyectos maravillosos que los llevarán hacia un crecimiento intelectual y espiritual ineludible: acompañarlos para que puedan transitar por esa ruta que promete felicidad y crecimiento.