Edición del Martes 23 de diciembre de 2008

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Vera, conmocionada por el asesinato de su intendente - Política | Economía Política

Hoy lo velaban y enterraban

Vera, conmocionada por el asesinato de su intendente

Conmovida por el brutal asesinato de Raúl Seco Encina, ocurrido ayer pasado el mediodía, hoy la ciudad cabecera del departamento no salía de su estupor, mientras llegaban autoridades provinciales y los medios nacionales tenían presencia en vivo, alterando la habitual calma del lugar.

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En el edificio municipal, y con las cámaras de los canales nacionales “en vivo”, velaban a Seco Encina.

Foto: Mauricio Garín

Néstor Fenoglio y Mauricio Garín (enviados especiales a Vera)

nfenoglio@ellitoral.com

Todo sucedió en un radio no mayor a dos cuadras: Raúl Seco Encina salió de la intendencia de Vera -que presidía ininterrumpidamente desde 1995- junto con su secretario de prensa, Ricardo Musso; tomó el volante del Bora gris y manejó los escasos doscientos metros que lo separaban del canal local, donde lo esperaban para una entrevista. También allí lo esperaba su asesino confeso y rival político (el mismo que perdiera ante Seco Encina por doscientos votos una elección que creía ganada), Héctor Tregnaghi, quien lo interceptó y le disparó un único y mortal disparo a quemarropa con una 38.

Luego, con Musso al volante y el herido intendente totalmente lúcido y valiéndose por sí mismo, hicieron otros pocos metros hasta la clínica San Roque, donde Seco se bajó solo del Bora y se sentó a la espera de la camilla. Allí comenzó a descompensarse, mientras los médicos intentaban hacer su trabajo. La bala asesina le perforó una arteria y los pulmones y no pudieron detener la hemorragia. Menos de una hora más tarde, Seco Encina fallecía. Como si se tratara de un relato circular, sus restos volvieron a la Municipalidad donde hoy eran velados ante una familia destrozada -sus padres, su esposa, su hijo, desolados e inconsolables- y ante la consternación de colaboradores, vecinos y amigos. El entierro estaba previsto para las 18.30 previa misa.

“Siempre estuvo lúcido, siempre colaboró, creo que ni él ni yo creíamos que iba a morirse. En un primer momento, como no vimos sangre, creí que le había errado el tiro o que tenía balas de salva. Pero después vi cómo la camisa blanca empezaba a mancharse y sólo queríamos llegar al sanatorio para que lo atendieran. Incluso mientras lo hacían, me alcanzó su celular, para que lo apagara. Estuvo siempre lúcido y sereno”. El relato, con escalofriantes detalles, corresponde a Ricardo Musso, quien también se salvó de la furia o premeditación -la Justicia tipificará la acción- de Tregnaghi, quien le apuntó con el revólver aunque no le disparó.

El asesino, se sabe, fue luego a entregarse solo manejando su camioneta hasta el edificio de la Unidad Regional, donde todavía permanece alojado. También llegó sereno y consciente de lo que había hecho. “Le pegué un tiro a Seco”, habría dicho.

Por palabras de Musso, se sabe que Tregnaghi esperaba con su camioneta frente al canal. Seco y Musso lo vieron, pero lo ignoraron. Sin embargo, cuando ambos bajaron, Tregnaghi también lo hizo y caminó directamente hacia Seco Encina, para increparlo vivamente. Lo creía responsable de la inhabilitación de su pista de carreras de caballos. Le pegó un empujón a Seco que atinó a decirle ¿Qué hacés? Tregnaghi jamás se detuvo: abrió su campera y extrajo un arma y a no más de 40 centímetros, con toda firmeza y apuntando al corazón disparó un único tiro, que le ingresó arriba y al costado de la tetilla izquierda, con un recorrido levemente descendente que provocó daños irreversibles.

Luego en su furia, mientras blandía el arma, se dirigió hacia Musso mientras le apuntaba, pero éste atinó a agacharse y rodear el auto oficial. El agresor estaba en medio de la calle y en eso llegó otra gente, que lo increpaba y le pedía que parara. Entonces, Tregnaghi se subió a su camioneta y se entregó a la policía.

El móvil

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Héctor Tregnaghi, autor del hecho y dueño de “La Ilusión”.

Foto: Archivo/Pablo Aguirre

Si bien se escuchó insistentemente la versión de un móvil político (hay motivos: algunos afirmaban que Tregnaghi no asimiló la derrota en las urnas por pocos votos, que depositaron a Seco Encina en su cuarto mandato consecutivo), hay elementos para pensar que se trató de un viejo encono que tuvo un detonante, con la clausura de la pista de carrera, emprendimiento en que se jugaba el destino económico de Tregnaghi. Desde el Municipio se ha insistido que no fue Seco Encina quien clausuró esa pista, pero otros opinan que sí, y eso mismo creía o le hicieron creer a Tregnaghi, por lo demás, una persona que se hizo de abajo y que se sintió de alguna manera acorralado.

La carrera que debía hacerse en Vera, se hizo en Margarita organizada por él, con otros resultados económicos que los esperados. En el entorno de Seco Encina creen que allí, el domingo, en Margarita, “le llenaron la cabeza” al agresor, quien había tomado la drástica decisión de eliminar a quien sindicaba como el responsable de sus males.

De hecho, Seco Encina tuvo siempre “perfil alto” y recogió tanto amores (de hecho ganó cuatro elecciones, muchas de ellas con el apoyo de sectores populares de Vera) como odios. A lo mejor de sus distintas gestiones estuvo y estaba enfrentado con muchos de los organismos y entidades del lugar. Ese estilo directo le generaba enemigos, aunque nunca nadie pensó que con semejante desenlace.

Esta mañana, el propio secretario de Seguridad de la provincia, Carlos Iparraguirre, desarmaba también la “hipótesis política”: “Se trató de un encono personal, resuelto con inusitada e injustificable violencia y no hay que ver más allá de eso ni cargar las tintas”, dijo.

Mientras, la gente del pueblo desfilaba por la improvisada sala de velatorios en la propia Municipalidad, mientras su familia estaba destrozada y los colaboradores y empleados no salían de su asombro, dos registros espontáneos de gente que se acercó a la camioneta de El Litoral: uno, mayor, manejando un desvencijado automóvil, gritó sin ningún cuidado, brutalmente: “¡Hoy es día de fiesta para Vera, amigo!”Unos pocos minutos después, una humilde señora se acercó y dio una versión totalmente diferente: “Es una locura, mataron a un hombre bueno, alguien que siempre se preocupaba por nosotros”. De alguna manera las “dos Veras” que armaban la trama íntima y secreta de esta ciudad del interior, quedaron brutalmente al descubierto con el disparo que ayer le costó la vida Seco Encina. 

 

 



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