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Aldea Global
Edición del Viernes 26 de diciembre de 2008

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análisis

Terroristas o héroes

Carmen Clara Rodríguez -EFE

Nablús, una de las ciudades más importantes del territorio palestino en Cisjordania, alberga cuatro campos de refugiados: Balata, Ayr, Askar y Nuevo Askar, los tres primeros están bajo el control de la ONU, mientras que Nuevo Askar, depende de organizaciones no gubernamentales y de ayudas particulares.

Balata fue el primer campo de refugiados de Cisjordania a raíz de la creación del Estado de Israel. En 1948 muchos palestinos se refugiaron en Nablús, con la esperanza de regresar a sus hogares lo antes posible.

Han transcurrido sesenta años y tres generaciones de palestinos continúan en Balata. En un kilómetro cuadrado, extensión del campo, 25.000 personas viven.

Hace frío en Balata, la lluvia priva de la presencia de sus habitantes, que se protegen detrás de los muros de sus casas. Da la impresión de pasear por una ciudad medieval, las calles son estrechas, escasamente miden medio metro, por lo que el acceso de coches es imposible.

Esta peculiar distribución del espacio es producto del pasado, de 1948, cuando miles de palestinos en busca de una tierra dónde refugiarse acudieron a Nablús y plantaron, no exentos de dificultades, las tiendas de campaña.

En cada tienda vivía una familia cuenta, Mahmud Subuh, director del centro cultural del campo.

En 1960 se permitió a los refugiados cambiar las tiendas de campaña por casas de una habitación. Estas casas se edificaron siguiendo la estructura que tenía el campo con las tiendas, por esta razón las calles se asemejen más a las construcciones del medioevo que a cualquier edificación del siglo XX.

Hay dolencias por las condiciones de vida. Las calles son estrechas, el sol no penetra y esto produce enfermedades relacionadas con la carencia de vitaminas.

“Además de estos problemas -añade Subuh- están los psicológicos”. En la segunda Intifada las tropas israelíes penetraban durante la noche en el campo.

Colocaban una carga explosiva en la puerta y luego continuaban avanzando a través de las casas, era más seguro para los soldados que caminar por las calles, por temor a una emboscada, prosigue contando el director del centro cultural.

“Estas acciones armadas fueron contempladas por niños, quienes veían morir a sus padres, hermanos y sus casas eran destruidas”, recuerda.

“Por eso, Balata es considerado, por los israelíes, como uno de los campos más conflictivos y donde se fraguan los futuros terroristas. Si hablamos en términos de los palestinos, se puede emplear la palabra héroes, mártires”, cuenta Subuh.

Balata mientras siga existiendo es así: hacinamiento, muerte, y también vida.



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