El año de la bisagra

El 2008 había arrancado con todo para el campo. En Expoagro, el optimismo rebosaba, pero llegó el 11 de marzo, una verdadera bisagra.

Federico Aguer

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Ese día, el anuncio de la implementación de un esquema de retenciones móviles disparó un movilización de rechazo tan grande, que por primera vez las entidades del campo pulieron sus diferencias y salieron juntas a protestar. En realidad, el reclamo de sus bases las desbordó de tal manera que apuraron la rúbrica de una comisión de enlace que, a partir de entonces, se consolidó como el referente de todo el sector rural.

Tal vez a través del paso del tiempo, la historia permita dimensionar la magnitud del suceso, y explicar las causas que lo provocaron. Por ahora, el conflicto sigue vivo e irresuelto. En menos de un año de gestión, el gobierno de Cristina Fernández (de Kirchner) dilapidó voluntariamente gran parte del capital político y de la imagen positiva que gozaba, empecinado en torcer el destino para doblegar a uno de los sectores más dinámicos de la economía.

La miopía de la jugada evidenció la ignorancia oficial sobre la realidad productiva nacional, la que se intentó ocultar con un maquillaje de frases altisonantes, pero sin intentar solucionar el problema de fondo.

El resto es historia conocida. La lucha se fue definiendo en las rutas, los medios de comunicación, y, finalmente, el Congreso Nacional. El voto no positivo de Cobos significó el golpe de gracia a las intenciones de implementar un esquema que ya venía confiscando el esfuerzo del interior productivo para dilapidarlo de manera arbitraria desde las oficinas de las casa rosada y que pretendía profundizar la tendencia. El campo le dijo basta, apoyado por el comercio, las organizaciones sociales, los pueblos y, finalmente, por las grandes ciudades.

La herida sigue abierta y lacerando el orgullo del matrimonio presidencial, el que se sigue negando a implementar una modificación impositiva en serio. Los recientes anuncios sobre la rebaja en retenciones para trigo y maíz son otra muestra de el pase de facturas que le impiden eliminar el tributo a la soja y el girasol.

Su permanente afán por vivir en crisis finalmente se cumplió, no por la insólita prórroga a las leyes de emergencia impositiva, sino por la debacle financiera mundial. Lo cierto es que se viene un 2009 movido, y nosotros estaremos allí para seguir mostrándolo a nuestra manera: desde adentro del campo.