cultura

Sueños de una joven escritora

“Si lo pienso, me da la sensación de que escribo desde siempre”, confiesa María Eugenia Ferreras.

Sueños de una joven escritora

Y la ganadora del concurso literario es... María Eugenia Ferreras. Tiene 18 años y en este 2008 fue premiada en dos importantes certámenes literarios. Nació en Nelson y vino a estudiar el secundario a Santa Fe. textos y fotos. Nicolás Loyarte

Son las primeras horas de una mañana de primavera. La enorme arboleda del patio del colegio Nuestra Señora de Covadonga, en barrio Mariano Comas, cubre el cielo casi en su totalidad. El calor no agobia gracias a una leve brisa. A pocos metros de allí, en una de las aulas del primer piso, Eugenia y sus compañeros llevan adelante la defensa oral de un trabajo de investigación sobre los murales y pintadas urbanas en nuestra ciudad. Se demoran. Suena la campana. Sale del aula con un gesto de impotencia en su rostro. Y se acerca para conversar.

Antes del encuentro, en la sala de Informática, Nora, la profesora de Lengua, pondera las virtudes humanas y literarias de Eugenia, y describe cómo obtuvo su premio en un concurso. Hasta que la joven estudiante se acerca y dice: “Mirá”, señalando en una de sus manos una tesina anillada de varias páginas. “No nos alcanzó el tiempo para defenderla, hubiésemos podido haber tenido una mejor defensa”, argumenta convencida.

Luego de descender la escalera rumbo al patio, Eugenia pide aguardar que finalice el recreo para tomar las fotografías que ilustran este reportaje, porque la presencia de los demás alumnos la incomoda. En los pasillos del colegio se respira el fin de año. Suena nuevamente la campana y los alumnos, que visten chombas color turquesa, parten hacia las aulas. El patio recupera el silencio. Y Eugenia su serenidad.

María Eugenia Ferreras, de 18 años, es una joven escritora santafesina que este año ganó dos importantes concursos literarios de nuestro medio, por su calidad y estilo en la creación de cuentos y relatos breves. Parece tener una personalidad “silenciosa” y observadora, y al dialogar logra expresar con claridad sus pensamientos y su mundo interior, pese a su corta edad. Sus profesores no dejan de destacar sus cualidades humanas.

Eugenia nació en Nelson, localidad ubicada al norte del departamento La Capital, donde vive su familia y adonde regresa cada fin de semana. Cuando comenzó la escuela secundaria se mudó a nuestra ciudad para ingresar al Colegio Industrial. En segundo año trasladó sus estudios a pocas cuadras: este año termina en el Covadonga.

Allí fue donde conoció a la profesora Nora Tardivo, quien la estimuló para que participe de algunos certámenes literarios. Y le fue muy bien: en la VIII Bienal de Arte Joven, organizada por la Universidad Nacional del Litoral, obtuvo el primer premio en la categoría Cuentos (de 14 a 18 años), gracias a su obra “Periplo de ruta” (ver aparte); y en el IV Certamen Literario de Narrativa Breve “Lermo Rafael Balbi”, organizado por la Universidad Católica de Santa Fe (para alumnos de 5º Año de escuelas de Nivel Medio), llevado a cabo el 13 de junio de 2008, también ganó el primer premio.

La conversación

- ¿A qué edad comenzaste a escribir?

- No sé, si lo pienso me da la sensación de que escribo desde siempre. Me recuerdo desde muy chica haciendo poemas, reflexiones, o cuentos, pero mi problema es que no tengo guardado nada de eso porque siempre al tiempo de escritos los volvía a leer y me parecían malísimos, así que los tiraba.

- ¿Hay alguna persona que te haya marcado para que descubras tu amor por la lectura y la creación literaria?

- Al gusto por leer me lo dieron mis papás, mi hermana y la escuela. Las ganas de escribir puede ser que hayan aparecido solas, o bien a partir de leer. Mis papás desde chica me fueron educando en la lectura, además de que escuchar cuentos antes de dormir despierta el gusto por las historias a cualquiera. Con mi hermana ocurría que me iba “pasando los libros” de la biblioteca del colegio. Yo ya sabía cuál ir a buscar, por los que le habían gustado a ella. Así nos dimos vuelta todo Alfaguara Juvenil.

Y desde aquellas novelas sucedió que cada vez que en la escuela me pedían escribir (o cada vez que yo me lo proponía), lo hacía desde las ganas de llegar a poder hacerlo un día como Ema Wolf, como Graciela Montes, como Elsa Bornemann, como Silvia Schujer...Igualmente, que escriba hoy se debe muy fundamentalmente a los amigos, y a un par de profesores que en este último tiempo me hicieron dar cuenta de cuánto me importa escribir.

- ¿Qué libro recordás de tu infancia?

- Recuerdo, claro, “Pinocho”, “La bella durmiente”, también las tiras de Mafalda; desde chica me las sé de memoria, de leerlas una y otra vez, y siempre me vienen a la mente ante situaciones de la vida, o personas que se parecen a la historieta y a sus personajes. Pero el libro que marcó mi infancia es “Otroso”, de Graciela Montes. Mi hermana lo había leído pero yo lo dejaba pasar siempre en la biblioteca porque el título no me llamaba. Hasta que en un momento se acabaron los libros para mi edad, después los de más grande, y después se acabaron los libros en sí. Así que me tuve que llevar a casa “Otroso”. Y hasta hoy es mi libro más querido por eso: porque esa historia, desde su drama y su ternura, me terminó de conquistar, me provocó ganas de escribir, de ser periodista, de cavar mundos subterráneos, de tocar el violín. Y también me demostró que todo es fascinante, hasta lo que a primera vista a lo mejor no lo parece. Hoy, “Otroso” me parece una palabra bellísima.

- ¿Con qué autor te identificás más?

- No lo sé. Como lectora, me gusta mucho Gabriel García Márquez y ahora descubrí a Manuel Puig, que también me encantó.

- ¿Te sentís “sapo de otro pozo” entre tus amigas, o sentís que comparten las mismas inquietudes por la literatura?

- No, para nada, al contrario. Yo no me reconozco una gran lectora, tengo amigas que son en eso mucho mejores que yo, conocen más y leen más. Y en cuanto a otros amigos que leen menos, no pasa nada, cada uno tiene lo suyo. Se entiende que uno lee por lo mismo que otro escucha música o toma sol, no sé. Porque uno siente que le hace bien.

Lectura online

- ¿Leés literatura en la computadora?

- No, no leo en la computadora. Justamente, me parece demasiado incómodo. El papel, además, tiene su encanto.

- ¿Tenés blog?

- Por el mismo motivo que no me gusta leer en la computadora, no podría escribir para que se lea por internet. Cuando alguien me pide que le pase cuentos, a veces me molesta un poco, quisiera que lo leyesen impreso. Para mí así se lee distinto. Podría hacer un blog para subir los cuentos, pero después a esos cuentos no los podría presentar en ningún lado, por ejemplo, porque siempre te exigen la no publicación previa, ni siquiera en formato digital.

- ¿Qué opinás de los blogs literarios?

- Son un buen modo de encontrar opiniones sobre lo que hay escrito, o de mostrar lo que hacés. Yo no leo blogs periódicamente, pero es mucha la gente que lo hace. De todos modos, a veces me cruzo en internet con escritos que no me gustan para nada, y otras veces me entero de cosas muy interesantes que hay dando vueltas y que después son publicadas. Como ya dije: hay de todo. Así que en general, apoyo los blogs literarios por éstos que hacen que valga la pena que existan.

Sobre el lenguaje

- ¿Pensás que el idioma está degradado hoy por su mal uso?

- No sé. A veces molesta el modo en que se están diciendo algunas cosas, pero el idioma es tan fuerte que no me preocupo por él. Nunca se podría perder.

- ¿Cómo ves las deformaciones del idioma que realizan tus pares en el chat y la comunicación digital?

- No me molestan las abreviaciones, ni las nuevas convenciones, ni esos modos de extender, acortar o inventar palabras para manifestar el modo en que se dicen las cosas por estos medios “no-presenciales”. Lo que sí me molesta bastante, por ejemplo, es que chateando te digan “escriVir”. Ahí no hay necesidad, eso sí es catastrófico. Las convenciones son convenciones, y si nos preocupamos por entender fórmulas físicas y doblamos a la izquierda cuando una flecha en la calle dice “doblar a la izquierda”, entonces nos podemos poner un poquito a ver cómo se tienen que escribir las palabras que usamos. Es como que al prendernos del chat nos ponemos la camiseta del lenguaje, pero no nos jugamos por él.

- El titular de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, expresó días atrás que si hace diez años los jóvenes universitarios empleaban una media de 1.200 palabras en su vocabulario, hoy utilizan sólo 600 y “el resto son una reiteración de las mismas palabras”. Tus amigos y vos ¿tienen un vocabulario amplio?

- El diccionario de la RAE tiene alrededor de 90.000 palabras, si pensamos que estamos usando 600, da pena. A mí me encantan las palabras. Me importa usarlas y me gusta conocer nuevas. Y a mi alrededor hay de todo; amigos que no sé de dónde saben tanto -lo que me encanta- y otros que usarán menos palabras, pero eso no implica falta de comunicación. Digamos que no es poco si un universitario con 600 de 90.000 palabras se puede manejar bien. Seguro algún día va a estar de moda el lenguaje académico, hay que esperar...

Sobre el futuro

- Ahora que terminás el colegio, ¿qué vas a estudiar en la universidad?

- Quiero estudiar publicidad. Allí presumo un lugar enorme para recrear, y eso me persuade bastante.

- ¿Te interesa vivir de la literatura o es sólo un pasatiempo?

- Ojalá se pudiese vivir de algo que me gusta tanto hacer. Es un pasatiempo. Pero la palabra le queda un poco corta en cuanto a lo mucho que me representa escribir. Yo, en realidad, estoy viviendo hoy de la literatura.

- ¿Pensás que vas a escribir toda la vida?

- Sí, la verdad que sí. Pienso seguir escribiendo toda la vida. Se me pone trémulo el pecho mientras digo esto.

así escribe

fragmento

Por el pueblo la ruta no pasa. Hay que hacer un par de kilómetros afuera para salir a la nacional. (...) Seguís y te chocás con el sendero grueso que rodea casi todo el pueblo. Caminás hasta después del club y un poco más adelante tenés la entrada, el pórtico rosa con el nombre del pueblo en blanco.

Pasás eso y te das vuelta para leer “Bienvenido”. Entonces pensás en que las ciudades grandes tienen carteles en sus límites para desear buen viaje, pero los pueblos no. Cuando te vas de un pueblo lo único que podés hacer si necesitás un último mensaje es darte vuelta y leer el “Bienvenido”, porque los pueblos no saben despedir ni desear buena suerte. Sólo saben hacerte querer volver (...)

De “Periplo de ruta”, ganador de la VIII Bienal de Arte Joven

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Sobre los autores santafesinos

Un artículo publicado en el suplemento joven O sea, de este diario, describió que la mayoría de los jóvenes que visitó la Feria del Libro de Santa Fe de este año nunca leyó a autores santafesinos y algunos que sí lo hicieron, no recuerdan ni sus nombres. Se lo preguntamos a María Eugenia Ferreras.

- ¿Visitaste la última Feria del Libro?

-No, no llegué. A mis amigos no les convenció mucho. Pero este año tuve la oportunidad de ir a la de Bs. As.

- ¿Leíste autores santafesinos?

- Me siento medio mal cuando me preguntan estas cosas porque es como si yo escribiera desde un lugar que mucho no me corresponde: como ya dije, no leo tanto como quisiera, ni mucho menos conozco todo lo que debería. A los escritores santafesinos que leí me los trajo la escuela, debo reconocerlo. También estuve viendo este último tiempo algo de poesía de la zona, y me gustó mucho. Ando ahora queriéndome comprar el libro de las 40 poetas santafesinas.

- ¿Por qué creés que los autores santafesinos son poco difundidos y conocidos?

- No sabría responder. A lo mejor es porque a los autores de acá los publican generalmente las editoriales de acá, y todo se queda “cerca”, y no llega tanto a otro lugar, no sé. Pero del mismo modo acá tampoco conocemos mucho de lo que seguro tienen en otras provincias, y que podrían ser tan buenos como muchos de Santa Fe.

Por mail

Para contactarte con Eugenia podés hacerlo a esta casilla de correo electrónico:

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