DE RAÍCES Y ABUELOS

Bisnietos de asturianos  se remontan a sus orígenes

De pie, junto a su padre, el bisabuelo de Laura Casenove, Eduardo Nessier.

Bisnietos de asturianos se remontan a sus orígenes

 

Otros dos alumnos del Colegio Nuestra Señora de Covadonga, Laura Casenove y Nicolás Acosta, quisieron compartir con nuestros lectores las investigaciones que encararon sobre sus historias familiares. Textos de Mariana Rivera

“El sueño refulgente” se titula el trabajo realizado por Laura Casenove, alumna de 4º año del Colegio Nuestra Señora de Covadonga de nuestra ciudad para indagar sobre los inmigrantes y las historias de vida de sus antepasados. La propuesta surgió del área de Lengua y Literatura, a cargo de la Prof. Nora Tardivo, con motivo de la celebración del centenario de la creación del Centro Asturiano de Santa Fe.

Su relato advierte que “a partir de un libro con la genealogía de la familia y teniendo en cuenta el tiempo transcurrido desde que llegaron los primeros inmigrantes de los cuales descienden mis bisabuelos paternos, debo destacar la ardua tarea llevada a cabo por un primo hermano de mi bisabuelo Eduardo. Su exhaustivo trabajo, que incluye muchas referencias interesantes, se remonta a la llegada a nuestro país de las primeras familias desde el Cantón de Argovia, Suiza, en 1856, entre los cuales se encontraban los bisabuelos de mi bisabuelo Eduardo Nessier”.

Según mencionó, “mis ascendientes emigraron de Suiza y se instalaron en pequeñas poblaciones de nuestra provincia: Esperanza, Humboldt, San Jerónimo Norte, entre otras. Los años iniciales fueron durísimos, ya que las primeras cuatro cosechas se perdieron por sequía y grandes mangas de langostas”.

En una ocasión -recuerda- tuve la oportunidad de conocer la casa donde vivió mi abuela paterna, Dolly, en Elisa, departamento Las Colonias. Ella suele contarme de la difícil vida de sus padres en el campo y luego en el pueblo, hasta establecerse en nuestra ciudad, en 1945. Su laboriosidad provenía del ejemplo de sus mayores, quienes conocían muy bien el trabajo del campo y las dificultades propias de la época: sequías, azote de langostas, carencia de herramientas adecuadas.

También contó que su abuela Dolly llegó a Santa Fe con sus padres Leonilda y Eduardo y su hermanita menor, Marta. “Formó una familia de la cual es parte mi papá, Oscar Casenove, y ahora soy yo la que quiere contar esta historia del pasado a partir de ese libro viejo con la genealogía de mis ascendientes. Al conocer la vida de aquellos primeros inmigrantes reconozco la semilla sembrada por mis bisabuelos con relación al trabajo, a la solidaridad, a la esperanza y a la fe en los consejos que me da mi abuela cuando nuestras “discusiones’ se vuelven más densas. Como muchos dicen, hay que valorar lo que uno tiene y en mi corazón llevo grabado lo que ella me repite a diario: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir’”.

Otra investigación

Nicolás Acosta, otro alumno del 4º año de Covadonga, también aportó su historia familiar para estas páginas de De Raíces y Abuelos. “Reconstruir la historia, reconstruir el pasado, saber cuál es la raíz que uno posee no es fácil, pensando en el apellido de mi mamá, Blasco, que no es muy común”, comenzó aclarando.

Sin embargo, continuó con su indagación: “Si busco en la guía telefónica hay pocas personas con este apellido, casi todos parientes que no superan los diez en la lista”.

“Encontrar datos, a pesar de ser una familia pequeña, no fue tarea simple porque las cosas se pierden en el tiempo y las personas se olvidan. Pude saber que mi tatarabuelo vino del sur de Italia, de Calabria, quizás huyendo de la gran división que existía entre el norte y el sur de ese país. Llegó por el año 1866, después de un largo viaje en barco, como era en aquellos tiempos. Enseguida se casó con Isabel Guionesola, argentina, pero hija de italianos”.

acta de nacimiento

Su relato continúa así: “El día 10 de un mes que no recuerdan, nació el que sería mi bisabuelo Ángel Blasco y -según consta en una hoja apenas legible de su acta de nacimiento, que una tía consiguió- su madre lo dio a luz en su casa, en calle Tucumán 91 a las tres de la mañana. Mi abuelo, Daniel Antonio Blasco, que hoy tiene 72 años se acuerda poco de su padre, ya que falleció cuando tenía 20 años, después de una larga enfermedad”.

Y concluye: “Los recuerdos le vienen como flashes, algunos son de su casa cuando era pequeño, que allí tenían animales o a su padre cocinando caracoles. El resto es parte de una historia triste que no quiere recordar. Resulta increíble el modo en que las personas se pierden en el tiempo, se esfuman los recuerdos y sólo queda lo cercano, lo que nos rodea”.