etcétera. calidad de vida

Una pausa necesaria

Una pausa necesaria

Dormir la siesta no sólo es bueno para el corazón y las arterias, sino que además beneficia el rendimiento intelectual y mejora el ánimo.TEXTOS. MARÍA JESÚS RIBAS. FOTO. EL LITORAL.

Una cabezadita a media tarde reduce los niveles de estrés, ayuda a prevenir la depresión, estimula la creatividad, relaja las tensiones laborales, aumenta la productividad, prepara la mente para funcionar al máximo y tiene un impacto positivo sobre la memoria y el aprendizaje.

Pero la cada vez más internacional siesta no sólo tiene virtudes para la mente y los nervios, sino también para el organismo, sobre todo para el sistema cardiovascular, según trabajos recientes.

Dormir regularmente la siesta parece estar asociado con una reducción del riesgo de muerte por enfermedad cardiaca, según una investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Atenas, en Grecia, que estudió a más de 23.000 personas sin historia de enfermedad cardiaca, ni ninguna condición grave cuando participaron en el estudio.

A los participantes se les preguntó si dormían la siesta al mediodía, con cuánta frecuencia y durante cuánto tiempo. Además, informaron sobre su nivel de actividad física y sus hábitos alimentarios durante el año anterior.

“Lo interpretamos como una indicación de que, en los adultos sanos, la siesta, probablemente por sus efectos de reducción del estrés, puede reducir la mortalidad coronaria”, señalan los autores del trabajo, que se suma a otros indicios de que, en los países en los que es habitual dormir la siesta, los índices de muerte por problemas cardiovasculares tienden a ser más bajos.

Otro estudio reciente de la Universidad Liverpool John Moores, en el Reino Unido, indica que dormir la siesta por la tarde, después de comer, ayuda a reducir la presión arterial, un efecto beneficioso que no se produce cuando se descansa despierto durante el mismo lapso.

BENEFICIOS PARA EL CORAZÓN

“Hemos observado que se produce una reducción importante de la presión arterial durante el período de inicio del sueño vespertino, sólo cuando la persona se dispone para dormir”, incide el doctor Greg Atkinson, autor principal del estudio.

“Cuando las personas descansan en posición supina no se observa la misma reducción en la presión sanguínea”, agrega Atkinson, quien vincula esta disminución de la presión con la menor mortalidad coronaria de las poblaciones del Mediterráneo y de América Latina, donde las siestas son comunes.

Los británicos, entre cuyos más fervorosos defensores de la siesta figuraba el estadista Winston Churchill, han publicado una serie las reglas: para disfrutar de una buena siesta -de la que también es partidario el ex presidente americano Bill Clinton- recomiendan encontrar un lugar tranquilo y sin ruido, acostarse lo más plano posible preferiblemente en una cama o sofá, desconectar el celular y la computadora; apagar la luz y correr las cortinas.

El periódico estadounidense “Boston Globe” también ha publicado una breve guía con algunas claves de “la siesta perfecta”.

Ésta indica que si se ha tomado un café antes de acostarse o algo nos hace permanecer alertas, hay que darse un tiempo de 20 o 30 minutos para relajarse y después dormir.

Además, es conveniente dormir hasta 45 minutos si luego se va a trabajar o realizar alguna actividad que requiera gran actividad mental y física.

Para que el cerebro descanse y se pueda recuperar la actividad mental óptima, lo ideal es descansar durante una hora y media.

Para conciliar el sueño, pensar en ovejas flotando -un clásico- o en una playa, escuchar sonidos relajantes con un MP3, o concentrarse en relajar los músculos y respirar a ritmo lento y profundamente.