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Opinión
Edición del Domingo 11 de enero de 2009

EDITORIAL

Medidas para ordenar la Costanera

La Costanera santafesina constituye, sin dudas, uno de los espacios públicos más atractivos de la ciudad, porque posibilita la cercanía con un paisaje incomparable, como es el que ofrece la laguna, porque cuenta con un trazado que permite su utilización para una amplia gama de actividades deportivas y recreativas y porque, desde hace años, es un punto de encuentro indiscutido para locales y visitantes de todas las edades. Sin embargo, para quienes residen en sus inmediaciones, cuando se aproxima la temporada estival este espacio privilegiado se convierte en un generador de ruidos, que impiden el descanso y terminan afectando la calidad de vida.

En este sentido, numerosos reclamos llegaron en las últimas semanas a esta redacción y todos coinciden en el verdadero padecimiento que constituye la presencia de vehículos que propalan música a todo volumen, además del ruido que genera el funcionamiento de los locales bailables de la zona y la realización de espectáculos al aire libre a toda hora pero, sobre todo, durante la noche. Esta situación, tal cual describen los propios afectados, dificulta el descanso de los vecinos, quienes, de paso, recuerdan que habitan una zona considerada residencial, con impuestos y tasas acordes a ese encuadre catastral.

Días atrás se dio a conocer el decreto emanado del gobierno municipal que dispuso nuevas localizaciones para los carribares y para ello se resolvió crear áreas especificas para desarrollar ese servicio, que constituye una costumbre muy arraigada para muchos santafesinos. Sin embargo, tal cual advierten los propios vecinos, la presencia de estos puntos de expendio de comida rápida en una avenida sumamente transitada y veloz -ya que cuenta con tres carriles por mano-, suele crear situaciones peligrosas a raíz de maniobras y acciones inadecuadas. Conductores que estacionan sus vehículos en doble fila y peatones que se desplazan en torno de los carritos como si estuvieran en sus casas, producen congestiones que estrangulan el tránsito en las zonas de expendio.

Por eso es que para las autoridades locales la decisión de relocalizar a estos puestos se fundó en razones de seguridad vial, pero también en la necesidad de preservar la tranquilidad de los habitantes de la zona. La norma despertó la reacción de los comerciantes, que temen ver afectadas sus ventas y, con ello, sus ingresos.

En la misma línea se resolvió crear una brigada especial que estará dedicada a controlar las emisiones de sonidos tanto de vehículos como de boliches bailables en ambos tramos de la Costanera, Este y Oeste.

Ambas medidas fueron concebidas con el fin de responder a una demanda concreta, aunque habrá que esperar algún tiempo para evaluar si se lograron los resultados esperados y si fue posible congeniar los derechos de quienes demandan tranquilidad con los de aquellos que quieren preservar sus fuentes de trabajo.

Lo importante, en suma, es la voluntad municipal de avanzar en el reordenamiento de una ciudad caótica.



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