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“El Reino y la Gloria”

“El Reino y la Gloria”, convenientemente subtitulado “Una genealogía teológica de la economía y del gobierno”, se presenta con el particular estilo de filosofar que se ha instalado con prestigio académico en estos últimos años, y en cuya órbita precisamente el autor de este ensayo, el italiano Giorgio Agamben, ocupa un lugar central. La cita de autores de todas las épocas, con un más certero conocimiento de los antiguos, del que profesaban las últimas generaciones de pensadores con predicamento en el mundo occidental (en general, de raigambre francesa); un lenguaje más cristalino, sin profesar léxicos esotéricos, y la originalidad y libertad ideológica de los planteos, son algunas de las características de esta nueva filosofía. En este caso, la investigación propone indagar “los modos y las razones por los que el poder ha ido asumiendo en Occidente la forma de una oikonomía, es decir, de un gobierno de los hombres”. Un tema que ya Agamben había tratado diez años atrás en “Homo sacer”, del cual este nuevo libro (editado por Adriana Hidalgo) constituye la segunda parte. Un tema, por otro lado, emparentado con los estudios de Michel Foucault sobre la genealogía de la gubernabilidad, o de Carl Schmitt, sobre el reinar y el gobernar. Tanto Foucault como Schmitt, vale acotar, veían en el pastorado de la iglesia católica, el paradigma del concepto moderno de gobierno. Además, en las democracias modernas, si los media son tan importantes, es no sólo porque permiten el control y gobierno de la opinión pública, sino sobre todo porque administran y otorgan la Gloria.

Las ceremonias y liturgias tienden hoy a simplificarse, “la función política esencial de la Gloria, de las aclamaciones y de las doxologías parecen hoy en decadencia”, y sin embargo, se pregunta Agamben, ¿estamos tan lejos como creemos de los gritos fragorosos y unánimes que propiciaban el nazismo o el fascismo? Nos recuerda que Schmitt “vincula indisolublemente la aclamación con la democracia y con la esfera pública”, y como ella sobrevive en la esfera de la opinión pública y “únicamente partiendo del nexo constitutivo pueblo-aclamación- opinión pública, es posible restituir sus derechos al concepto de publicidad, hoy “tan desdibujado, pero esencial para toda la vida política y en particular, para la democracia moderna’ ”.