llegan cartas
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Hay camino por recorrer
Dr. Tito L. Rocchetti.
Ciudad
Señores directores: Para gozar los bienes colectivos que son la democracia y la libertad, se tiene que luchar por ellos y esforzarse para protegerlos de las fuerzas negativas que los acosan para desvirtuarlos. Cuando hace pocos días nuestro país festejó 25 años de vivir en democracia, eso resultó gratificante, pero fue preocupante una noticia que dio cuenta de una encuesta en la que el 65 % de los jóvenes entrevistados, manifestó que descreía de ella.
Y como la juventud es el futuro, resulta necesario y conveniente clarificarle que a veces no son las instituciones las que fracasan sino que la responsabilidad es de las personas físicas que las sirven, porque los entes ideales o personas jurídicas, como el Estado y las organizaciones colectivas, actúan y se expresan a través de las personas físicas que las conducen y representan. Por tanto, al abrir juicio sobre su conducta o accionar, se entiende que se está involucrando a las personas físicas que actúan en su nombre.
En consecuencia, la juventud, a través de su tiempo existencial, pueda apreciar lo que significa la democracia como forma de gobierno, si quienes detentan el poder en un determinado momento, actúan de tal forma que resulten creíbles y capaces de garantizar la libertad de expresión en todos sus modos; para que exista seguridad jurídica y el respeto a las minorías; que al buscar el bien común lo haga sin incurrir en discriminaciones y realice lo necesario para que las personas, las fuerzas económicas y la gente común puedan gozar en libertad de sus vidas, del fruto de su trabajo honesto y de los bienes legítimamente adquiridos. Y como nuestra Constitución organiza el país bajo la forma federal de gobierno, al ejercer su conducción lo haga sin provocar la dependencia de hecho de las provincias al poder central, etc.
Ahora bien, como la sociedad en su conjunto -no sólo aquí, sino en el mundo- ha venido perdiendo la observancia cabal de importantes valores éticos y morales, pretender pasar de una democracia electoral a una democracia institucional exige recrear y restituir en plenitud en ella, esos valores, a la vez que insuflar un auténtico espíritu democrático entre quienes se desenvuelven en su seno. Por eso no será fácil compartir los numerosos beneficios que puede proporcionar la democracia si la comunidad de negocios, las organizaciones sindicales y la sociedad civil, no funcionan de manera de hacerlo posible. Y al imbuir a la política y al mercado de los valores y prácticas que son fundamentales para satisfacer en forma más equilibrada y justa las necesidades socioeconómicas de la comunidad, requerir que el Estado, a través de las autoridades elegidas para gobernar, actúe en consecuencia.
Gozar de una democracia plena es tarea de todos, y para alcanzarla cada uno debe hacer su aporte con sincero espíritu democrático. Es decir, el conjunto debe contribuir para sembrar con eficiencia lo conducente, para mañana poder cosechar los frutos deseados.