A tres años
Sigue impune el crimen de un joven
A tres años
Sigue impune el crimen de un joven
De la Redacción de El Litoral
Tres años después de la muerte violenta de Rodrigo Betinelli, un muchacho de 28 años que recibió un disparo en la cabeza en el frente de su casa, su papá, Magin Betinelli, cuestionó que después de tanto tiempo ni la Policía ni la Justicia hayan podido dar con el asesino.
“No me dan la solución”, dijo Betinelli padre, que integra la Asociación Civil Familiares de Víctimas de la Inseguridad en Búsqueda de Justicia. El hombre, que desde aquel fatídico episodio está con custodia policial las 24 horas del día, criticó duramente a los encargados de hacer cumplir la ley y habló de la “impunidad” como la principal causa de que el crimen de su hijo no esté esclarecido.
“La balanza de la Justicia está inclinada y el que se beneficia es el corrupto y el asesino”, se lamentó Betinelli, que lleva tiempo denunciando a quien él supone es el autor del homicidio, claro que sin obtener soluciones.
El último lunes participó de la marcha que organizó la familia de Luis Filippi, una víctima reciente de la inseguridad en la ciudad.
Por el perro
Ahora solicitó, mediante nota, una entrevista con el gobernador de la provincia, Hermes Binner, de quien espera “compromiso” para resolver el caso que tres años más tarde sigue impune.
Rodrigo Betinelli murió el sábado 14 de enero de 2006 de un tiro en la cabeza. Le dispararon desde un Fiat Palio marrón, con vidrios polarizados, luego de que su padre se peleara con el conductor del vehículo porque le había atropellado el perro.
Todo comenzó a las 6.30 de la mañana de ese sábado, frente a la casa de los Betinelli, que está sobre calle Boneo al 3800. Magin regaba las plantas en la vereda cuando el vehículo arrolló a su mascota. Cuando el hombre que lo manejaba frenó para ver qué había pasado, Betinelli padre tomó un palo con el que le rompió una de las ventanillas luego de insultarlo.
A los pocos minutos, el mismo coche que huyó del frente de la casa a toda velocidad volvió a cruzar, pero ahora empuñando un arma de fuego. Primero le disparó a Betinelli, que terminó con algunas heridas en los brazos, pero cuando su hijo Rodrigo salió a la vereda uno de los impactos le destrozó la cabeza.
Fue trasladado en grave estado desde el lugar hasta el hospital Cullen, y dejó de existir momentos más tarde.