EDITORIAL
EDITORIAL Democracia y actores sociales Hace algo más de un cuarto de siglo que los militares desaparecieron de la Argentina como factor de poder político. Si, como dijera un conocido historiador, las Fuerzas Armadas conformaron desde 1930 -tal vez desde unos años antes- el sistema político nacional, hoy existe una amplia coincidencia en admitir que esta singularidad institucional concluyó en 1983. Sin embargo, y atendiendo a las diversas evaluaciones hechas con motivo de los veinticinco años de la recuperación de la democracia, se admitiría que la decadencia nacional iniciada en 1930 no fue resuelta por la recuperación de la democracia. En todo caso, lo que ésta permitió fue establecer algunas reglas de juego fundadas en una suma de procedimientos institucionales, pero temas tales como la pobreza, la salud, la educación, el desarrollo, en definitiva, no se han resuelto y, en más de un punto, se ha retrocedido. Políticos y analistas califican a estas carencias como las deudas de la democracia. El término está usado en la mayoría de los casos con buena fe y apunta a superar errores. No obstante, es necesario señalar que sería más correcto, a efectos del encuadre del problema, el uso de las siguientes expresiones: las deudas de los políticos o las deudas de la sociedad civil. ¿Por qué no las deudas de la democracia? Porque la democracia es un sistema institucional que establece reglas del juego para elegir a los representantes y limitar el poder. Desde una perspectiva social, podría decirse que no es un sistema pasible de imputación, porque en verdad quienes deben responder por las denominadas asignaturas pendientes son principalmente los dirigentes políticos, sindicales, empresariales y sociales que, en conjunto, son los actores centrales de la democracia. Con ironía y algo de desencanto, Groucho Marx decía que la democracia es un sistema que tiene la mala costumbre y el mal gusto de hacernos responsables por nuestros actos. Las dictaduras -argumentaba- responsabilizan por sus barrabasadas al dictador; las monarquías absolutas, al rey, pero en la democracia los responsables somos todos y esta carga cultural a veces se nos hace insoportable. Es por eso que la tarea primordial de los demócratas que quieren honrar lo que creen es fundar instituciones en ese crisol, y luego, hacerlas funcionar. Son las instituciones fuertes, flexibles y justas las que le otorgan encarnadura real a la democracia. Las asignaturas pendientes que todos mencionamos en orden a la inclusión de muchos conciudadanos a través de educación, seguridad, trabajo, vivienda y salud están relacionadas con el funcionamiento eficaz del Estado. Escuelas y universidades que brinden conocimientos, hospitales que curen, policías que combatan el delito, tribunales que administren justicia, burocracia pública que sirva a la sociedad, parlamentarios que legislen con libertad. Ésas son las tareas que deben acometer dirigentes consustanciados con la democracia. Lo otro es retórica, populismo o, lisa y llanamente, mala fe. |
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