Edición del Sábado 24 de enero de 2009

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Un maestro de la vida y del boxeo - Revista Nosotros Nosotros

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EL GESTO DEL MAESTRO QUE SIGUE RECORRIENDO CUANTO FESTIVAL AMATEUR SE REALICE EN SANTA FE.

Un maestro de la vida y del boxeo

Un diálogo a fondo con Amílcar Brusa, un hombre amado en el mundo y no siempre respetado en el país. El hacedor de Carlos Monzón, el más grande de todos. TEXTOS. ENRIQUE CRUZ (h). FOTOS. EL LITORAL.

“Mirá querido, la vida a mí me dio mucho, muchísimo. Pero, ¿sabés una cosa?, así como me dio mucho, también me sacó. Fijate lo de mi mujer. Hace como siete años que ni me conoce. Voy, la veo, me mira, pero estoy seguro de que no me conoce. ¡Ella fue madre, amiga, compañera! Fue todo para mí y para mis hijos, querido. Y ahora la tengo ahí, postrada”.

Allí anda Amílcar Brusa, todavía con fuerzas para recorrer los festivales amateurs que se realizan en la ciudad, buscando alguna figura y sin darse cuenta de que él es la gran atracción cuando llega a esos clubes o gimnasios que, seguramente, le recordarán los tiempos en los que peleaba o empezaba a enseñar boxeo, hace ya más de 50 años.

- ¿Usted es millonario, Amílcar?

- Mirá, te voy a contar la verdad. Yo hice mucha plata en el exterior, cuando me tuve que ir, porque acá no me dejaban trabajar. Cuando volví, decidí comprar casas, propiedades. Pero me dí cuenta de que me estaba fundiendo. Este país te come con los impuestos. Te mata. ¿Sabés qué hice?, empecé a repartir todo. Esto es para vos, esto para vos, esto para vos... No tengo nada. Absolutamente nada.

POLÍTICOS Y DEPORTE

- No le voy a preguntar por los políticos, porque sé lo que me va a decir...

- No me hagás cabrear, te lo pido por favor... Los políticos... Mirá, dirán lo que dirán, pero como Perón no hubo uno igual... Y te lo digo yo, que no soy peronista para nada. Cuando peleaba Monzón, Perón me llamaba para ver cómo andaba... Lanusse también, Levingstone, Cámpora... Los otros no existen querido, nadie le da cinco de pelota al deporte. Fijáte lo que pasa acá en Santa Fe. El intendente Barletta me tuvo que atender porque le mandé a decir por radio y por el diario como ochenta veces que quería hablar con él. Si no, ni bolilla me daba.

- Me contaron que lo han visto entusiasmado en esos festivales barriales. ¿Ha vuelto a sus orígenes, a los tiempos en los que iba a los festivales a ver si encontraba alguien que apuntara alto?

- No, querido... El boxeo en Santa Fe está muerto, pero muerto de verdad... Son todas palomitas, para que vengan los gavilanes y se las coman. Hay alguno, por ahí, con condiciones. Pero te los puedo contar con los dedos de una mano y me sobran.

- Cuénteme algo de sus comienzos, de sus orígenes...

- Mirá querido, yo no nací en Escalada, como todos dicen, nací por ahí cerca, en Colonia Silva o Abipones, a unos 15 kilómetros de Marcelino Escalada. Nací en una estancia y para ir a la escuela, tenía que caminar 12 kilómetros de ida y 12 kilómetros de vuelta. Todos los días. Yo la remé desde muy abajo, querido... Y conocí el mundo, sé que la gente me quiere mucho, entré en el Salón de la Fama de Estados Unidos gracias a mis boxeadores y a Carlos Monzón, el mejor de todos.

- Recién hablaba de los políticos...

- Sí, hablaba de los políticos... Poné bien grande esto que te voy a decir: el único tipo que se dio cuenta de cómo tenía que aprovecharme, fue Alberto Maguid. Ese tipo vale oro. Me montó un gimnasio espectacular en UPCN. La tiene clara. Ese sí que vale la pena, querido.

- ¿Y Lectoure?

- Dejá, ¿qué querés que te diga?, ya está, ya falleció... En la anteúltima defensa de Carlos, le encontré un contrato a Lectoure que lo unía a un tal Sabatini, un promotor europeo. Y ahí caí. ¡Por eso nunca peleábamos en Estados Unidos! Yo decía: ¿cómo puede ser que siempre peleamos en Europa, teniendo un campeón como Carlos?. Y claro, era este tipo, que nos estafaba, también con la plata. La última defensa de Monzón la hicimos sin Lectoure, y cobramos el equivalente a tres peleas juntas. ¿Me explico?

- ¿Le hubiese gustado sacarlo campeón a Carlos María del Valle Herrera?

- Ay querido, querido... Ese zurdo tendría que haber salido campeón. Lo sentó en las cuerdas a Maurice Hope, lo tenía para liquidarlo... ¿Sabés qué hizo?, en lugar de dar el paso adelante para pegarle la última piña y noquearlo, dio el paso atrás. El inglés lo miró y se recuperó... Fue un instante, un instante nada más... ¡Qué cosa!

“EL GIMNASIO NO TRAICIONA”

- Recién dijo que el boxeo está destruido, que los boxeadores de hoy son palomitas, que...

- Mirá querido. Nosotros, en mi caso, hoy en UPCN en Santa Fe, no recibimos gente de los colegios de monjas ni de las universidades. Viene gente de la villa, chicos desnutridos, que no han ido a la escuela, que no tienen enseñanza. Llegan con las zapatillas rotas... Y quieren ser campeones del mundo, trascender, ganar dinero, comprarse un auto...

- ¿Y usted qué les dice?

- Que el único que no los va a traicionar es el gimnasio. Porque el gimnasio les devuelve el esfuerzo. Es lo primero que les digo: el gimnasio no traiciona.

ANÉCDOTA DE CAMPEÓN

- ¿Es verdad que Monzón quiso pelear con Marvin Hagler cuando ya había abandonado el boxeo?

- Mirá, primero te cuento algo: nunca estuve en el rincón de Monzón cuando perdió. Fueron tres veces, y en ninguna de las tres, porque debía atender a otros boxeadores, estuve... Y lo que me preguntás, es cierto. Un día, Carlos me llama y me dice que le ofrecían tres millones de dólares para pelear con Hagler. Habían pasado dos años de su retiro, más o menos. ¿Qué le contesté? Que no lo hiciera, que él estaba acostumbrado a una vida diferente, a una buena cena, a salir a tomar unas copas con una buena compañía y a acostarse con ella a pasar la noche. “Carlos, si vas a hacer el esfuerzo de levantarte para ir a correr luego de haber hecho lo que estás haciendo en tu vida hoy, te sigo. Pero no vas a poder”. A los pocos días, suena el teléfono de mi casa. Era Carlos Monzón. “Amílcar, tiene razón. Fui al gimnasio y me duelen hasta los pelos”, me contestó.

Amílcar Brusa cumplió 86 años. Y bromea con la edad. “Estoy en la fila, pero ya les dije a todos que no me empujen... Que no estoy apurado en irme para allá arriba”, dice jocosamente. El paso de los años resulta incontrastable aún en él, un tipo que siempre derrochó salud, vida y una vitalidad extraordinaria.

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1970. BRUSA EN EL GIMNASIO JUNTO A CARLOS MONZÓN Y HUGO BIYERÁN.

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SABIAS ENSEÑANZAS DE UN GRAN MAESTRO DEL BOXEO: AMILCAR BRUSA.

“El más grande”

- Hábleme de sus campeones, Amílcar...

- Monzón, Monzón y Monzón. El más grande, no hubo otro igual a él ni lo habrá. El mejor de todos... Mirá, ¿te acordás cuando peleamos con Mantequilla Nápoles? Bueno, yo solía llevar a mis otros muchachos, a Danielito González y a Norberto Rufino Cabrera. Mantequilla lo había contratado a Angelo Dundee, un tremendo entrenador. Termina la pelea de Monzón y yo me quedo en el estadio para atender a mis otros dos muchachos. Se van todos al hotel. Cuando regreso, nos encontramos. Y Dundee me encara y me dice: “Hay, Brusita, Brusita... Tu negrito es muy bueno, muy bueno de verdad... Pega cuando va para adelante y pega cuando va para atrás... Si no lo sacaba al mío, me lo mataba, Brusita”.... En ese tiempo no había videos, ni nada. Le pedí a Alain Delon que me consiga una filmación de alguna pelea de Mantequilla, la ví y enseguida entendí cómo venía la pelea. Lo agarré a Monzón y le dije: “Carlos, él es bueno, pero cuando metas la mano así, la de él va a quedar acá. ¿Entendiste?”. Le dije que con el alcance de manos de Carlos, las piñas de Mantequilla se iban a quedar a mitad de camino. Era imposible que lo agarrara.

 



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