Es sede de la asociación vecinal Zona Sur

Aúnan esfuerzos para recuperar un inmueble que data de 1888

Las nuevas autoridades presentaron un anteproyecto de ordenanza para que la vieja casa sea declarada de Interés Patrimonial, Histórico y Arquitectónico. Mañana comenzarían los primeros trabajos de limpieza.

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Reactivación: Antonio Reinares, Guillermo Ponce Aragón y Gisela Ritvo con el cartel histórico que aún no colgaron, con el objeto de preservar el frente.

Foto: Mauricio Garín

Ignacio Andrés Amarillo

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El pasado miércoles 4 de febrero, las nuevas autoridades de la asociación vecinal Zona Sur Pedro A. Candioti se reunieron con inspectores municipales de la Comisión de Defensa del Patrimonio Cultural y de la Dirección de Edificaciones Privadas con el objeto de obtener un informe sobre el estado de la centenaria sede social de la institución, recientemente rehabilitada.

El municipio se comprometió a iniciar el lunes los trabajos de mantenimiento del edificio, en cuanto a funcionamiento, seguridad, higiene, salubridad y estética. Por otra parte, los miembros de la comisión directiva de la vecinal elevaron a la Secretaría de Gobierno un anteproyecto de ordenanza para que dicha sede (ubicada en Dr. Zavalla 1716 e incluida en el Inventario del Patrimonio Histórico Santafesino) sea declarada de Interés Patrimonial, Histórico y Arquitectónico de la ciudad de Santa Fe.

“Hicieron un relevamiento de todo el edificio, y el lunes recién nos van a dar el informe, si se puede habitar. Se llueve; el tanque de agua pierde; hay que impermeabilizar; no hay baños”, afirmó en diálogo con El Litoral Antonio Reinares, vicepresidente de la asociación.

“Nuestro principal objetivo, lo que más nos urge, es salvar la estructura. Al estar contemplada en la ordenanza Nº 10.115 (Patrimonio Histórico), antes de colocar un ventilador de techo, tenemos que pedir autorización. Va a haber dos informes: uno para nosotros y el otro para el intendente, porque su intención es justamente, a partir de ese informe, empezar a elaborar un proyecto de obra con su respectivo presupuesto”, sostuvo el presidente, Guillermo Ponce Aragón. “Nosotros con una cuota de un peso, que creo que ahora la vamos a llevar a dos, mucho no podemos hacer”, agregó con una sonrisa Reinares.

Cuentan los vecinalistas que la EPE no quería conectar la luz; al final conectaron el medidor. “Nos dijeron: “Estudien todo, porque esto está todo mal’”.

Manos a la obra

Los municipales ya tomaron la decisión de demoler la pared que divide el viejo patio (en el que se destaca una imagen de la virgen de la Merced) de un lote lindero. Y ya saben que el salón de actos es el que va a llevar más trabajo arreglar. Según Edificaciones Privadas, primero hay que impermeabilizar la cubierta, y tomarse el trabajo de controlar el estado de cada una de las vigas de hierro que sostienen el techo de bovedilla y luego hacerles un tratamiento. También revisar la instalación eléctrica. Uno de los inspectores se comprometió a dar la dirección de un carpintero especializado en reparar las puertas antiguas, a las que hay que colocarles los vidrios que con el tiempo se han ido cayendo. “Nos dijeron que las paredes creo que son de 30, 45, un disparate: como se hacía antes”, afirmó el vicepresidente.

“En ese salón solían realizarse en un tiempo bailes y comidas. Unos 20 años atrás, acá había un comedor, donde la gente venía a comer exclusivamente parrilla; inclusive en el verano había mesas afuera, para tomar liso, según nos comentaban los vecinos”, relató el titular.

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EN RELACIÓN

Sobre el uso futuro, Reinares relató: “Queremos habilitar aunque sea la parte del sur para empezar a funcionar acá. La primera reunión de comisión directiva que tuvimos la hicimos en el club Kimberley, incluso se invitó al candidato a presidente de la otra lista, que fue con gente amiga. No tenemos dónde reunirnos: si bien Vecinales de la Municipalidad nos ofreció un lugar que tienen, con 60 sillas, tenemos que ir hasta Cándido Pujato, nos queda fuera del barrio. Apenas podamos vamos a traer muebles; hay muchas perspectivas de hacer cosas: gente que tiene una biblioteca, que tiene libros; gente mayor que quiere venir a trabajar, a darnos una mano; posiblemente se traiga una especie de enfermero (que está trabajando en La Baulera los miércoles y los sábados); y de a poco ir haciendo todo”. Esas palabras fueron complementadas por las de Gisela Ritvo, secretaria general: “Queremos ser un espacio abierto a los vecinos, donde puedan encontrar gente que los escuche y esté al tanto de cuáles son los problemas, intereses y necesidades del barrio. Y poder recrear actividades educativas, culturales, que tengan que ver con la salud. El primer objetivo tiene que ver con recuperar el espacio físico, para poder después hacer todas las actividades”.

“Nos sigue llamando la atención que ciertos vecinos (no son socios, sino gente que ve que esto se está cayendo a pedazos) tienen la idea en la cabeza de que a esto hay que tirarlo abajo. La comisión directiva en pleno resolvió salvar la sede: por eso creemos que estamos en un buen camino”, concluyó el presidente Ponce Aragón.

Espacio abierto a los vecinos

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Abandono: A pesar de los años de desatención, la casona tiene un estado bastante aceptable, debido a la buena construcción original.

Foto: Mauricio Garín

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ADEMÁS

Edificio centenario

La construcción ubicada en Dr. Zavalla 1716 data de 1888: fue originalmente el domicilio de la familia Cisterna, y después fue comprada por el que luego sería el Ferrocarril Mitre, el cual instaló allí varias oficinas. En 1905, los fundadores del Club Atlético Colón instalaron su primera sede en la casa de la esquina, a metros de ese asentamiento ferroviario. En 1930, el inmueble fue donado para que sea la sede social de la asociación vecinal Zona Sur, de reciente creación.

Desde entonces ése fue el destino de la propiedad; aunque la misma estuvo abandonada durante una década, mientras la vecinal estuvo intervenida por la Fiscalía de Estado. Finalmente, el año pasado se decidió llamar a elecciones y normalizar la institución. “El último presidente que trabajó acá fue un señor Borzone, que tiene una asociación del poncho; es un hombre de ochenta y pico de años”, recuerda el vicepresidente Reinares. En 2003, el municipio alojó en esa casa a varias familias de inundados, que abandonaron la sede paulatinamente. Hoy quedan dos hermanos como únicos moradores.