llegan cartas

¡Pobres neuronas!

 

Dr. Alberto Niel

Señores directores: Después de haber leído a Carlos Marx y de escuchar “La Internacional” he venido, desolado, a llegar a la conclusión de que no soy otra cosa que un “chancho burgués”, explotador de las escasas y laboriosas neuronas restantes y sobrevivientes, alojadas y trabajando sin descanso en mi cerebro de geronte, a los 94 años. Intentaré explicarlo. Las neuronas o células nerviosas son las “vedettes” del organismo. No son bellas ni mucho menos, puesto que son flacas y melenudas, pero en cambio son inteligentes, trabajadoras y nos gobiernan, orientan y protegen, como lo haría o debería de hacerlo Dios, si es que existe. Pero tienen una gran contra: no se reproducen, son estériles, como ocurre con todo aquello que se diferencia, evoluciona y se perfecciona demasiado. Nacemos con millones de neuronas que el tiempo ralea diariamente en gran número, sin reemplazarlas. Es algo así como un equipo sin suplentes. ¿Conseguirá la ciencia, cultivando células madres, esas maravillosas fabricantes de vida diversa, originar algún día neuronas? Vaya uno a saberlo. ¿Se lo merecerá el hombre, este estúpido, homicida, genocida y suicida que habita la Tierra?