Las consecuencias de la “intervención” al Indec
Las consecuencias de la “intervención” al Indec
Los otros números de la exclusión social
Ernesto Kritz realizó un estudio, en el que muestra que el gasto real del gobierno por persona en situación de necesidad, cayó 28 % en los últimos dos años. Y advierte que este año, el desempleo podría llegar al 11%.

El doctor Ernesto Kritz hace una lectura de los efectos de la crisis en el campo laboral y social.
Foto: CMI
CMI
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Horas antes de que la presidenta Cristina Fernández anunciara el jueves que el gasto social creció 656 % desde 2002 y que la ayuda oficial alcanzará este año a 6 millones de personas vulnerables, la Sociedad de Estudios Laborales (SEL), que encabeza Ernesto Kritz, un economista especializado en empleo y pobreza, difundió un estudio según el cual el gasto social real por persona afectada, cayó 28 % en los últimos dos años. Además, el trabajo calcula que entre las estadísticas del Indec y la realidad, hay una brecha de 2,2 millones de personas indigentes, “barridas” por la manipulación estadística. A continuación, los principales tramos de un diálogo con Kritz.
—¿Cuál es la principal conclusión del estudio?
—Que las distorsiones en las cifras del Indec afectan a mucha gente, no sólo a los bonistas (por el ajuste del valor de los bonos). La manipulación de los índices de precios tiene consecuencias sobre las condiciones de vida de los más pobres, porque subestima el costo de la Canasta Básica de Alimentos (CBA). Sin información confiable, no se pueden hacer buenas políticas ni monitorear sus resultados.
—El estudio habla específicamente de la extrema pobreza...
—Sí, porque los planes sociales están pensados para asistir a las personas más vulnerables, indigentes. Hablo de planes como “Seguridad Alimentaria”, para gente que no tiene qué comer, o “Familias”, para hogares con muchos hijos o serios problema de ingreso. Si hubiera hecho el cálculo sobre la pobreza total, la caída del gasto real por persona sería mayor.
—¿De qué magnitud son las diferencias con las cifras oficiales?
—Hasta que la presidenta planteó el tema, según las cifras oficiales, la indigencia venía bajando y se había reducido a la mitad en los últimos dos años. Eso -claramente- no sucedió. Según mis cálculos, en la Argentina hay hoy cuatro millones de personas indigentes. Para el Indec, son 1,8 millones. Pero cuando la presidenta dice que la ayuda social llegará a seis millones de personas, reconoce de hecho que la indigencia alcanza al 15 por ciento de la población, ya que por regla, esta ayuda es para los indigentes. Es el triple de lo que dice el Indec, una diferencia monumental.
—¿Qué opina de los anuncios presidenciales?
—Aún con el aumento anunciado, de 2.000 millones de pesos en el presupuesto de ayuda social para este año, en valor real se volverá al nivel de 2006, si se cumple. Y hay que dimensionar las cifras. Por ejemplo, significa aumentar la ayuda por hijo, del plan “Familias”, de 30 a 45 pesos por mes; o de un peso a un peso con cincuenta por día. Yo calculo que el 10 % de la población es indigente, no 15 %, como surge de los anuncios de la Presidenta. Pero en cualquier caso, la ayuda a esos sectores es muy baja: 0,6 por ciento del PBI. No hay ninguna proporción entre el esfuerzo del gobierno nacional, y la magnitud y la evolución de la pobreza extrema.
Prospectiva
—En ese marco, ¿qué prevé en materia social para este año?
—Lo positivo es que se desaceleró fuertemente la inflación de alimentos. Si se logra mantener el empleo de los sectores más vulnerables, se podría lograr una reducción de la pobreza o mantenerla en el nivel actual. Pero dependerá de la evolución del empleo. Y la verdad es que los empleos informales, en su mayoría, son demanda derivada de los sectores medios y medio altos. La primera fuente de empleo informal son los hogares particulares. Si los sectores medios y medio altos ajustan su gasto, reduciendo servicios que proveen los informales, la pobreza y la indigencia pueden ciertamente aumentar.
—¿Y qué prevé en materia de empleo y desempleo?
—Es algo difícil de seguir; los datos del Indec son muy inconsistentes. Nosotros encuestamos a 170 empresas líderes. Hasta ahora el nivel de empleo no se deterioró mucho, pero es claro que no creció nada en los últimos meses, ni hay expectativa de que crezca en los próximos. Un 10 % de las empresas ya anunció que despedirá gente, y otro 6% lo tiene en estudio. Un 12 % va a aplicar programas de retiro voluntario. Y el 50 % suspendió las incorporaciones que tenía previstas.
—¿En qué resultará todo eso?
—Creo que habrá una caída no muy dramática del empleo, pero suficiente para que el desempleo llegue a dos dígitos. No 15 %, sino algo más cerca al 10 %. Calculo que hoy el desempleo está entre 8 y 9 %, pero no hay forma de comprobarlo. Si sube al 11 % sería el mismo nivel de 2006, y la mitad del que hubo durante la crisis 2001/02. Pero la diferencia entre 8 y 11% es medio millón de desocupados, y un millón de personas más, con serios problemas de ingreso.
—¿Cuáles serían los sectores más afectados?
—Los primeros son los empleos temporarios y las actividades de menor calificación. Y por sectores, los de mayor inserción internacional: de hecho, las primeras fueron las automotrices. La crisis mundial va a pegar más indirectamente: a los productores de bienes, y a los que proveen servicios a esos sectores. Los problemas más graves se verán en los grandes centros urbanos y en las ciudades más pequeñas, por la crisis del campo.
—¿Qué espera de la convocatoria a un Consejo Económico y Social?
—Es una idea del gobierno y las corporaciones, para discutir las combinaciones salario-empleo que minimicen la reducción de la masa salarial. Pero creo que, si se forma, este Consejo no va a decidir nada, ni debería hacerlo. La negociación tiene que ser lo más descentralizada posible.
—¿Qué más puede hacer el gobierno para que no se deteriore la situación social?
—Más de lo que ha estado haciendo, que hasta ahora fue aplicar procedimientos preventivos de crisis, para evitar despidos y cambiarlos por suspensiones rotativas. Pero para eso tiene que estar dispuesto a poner más plata. Podría ampliar el Fondo Nacional del Empleo, en recursos y en funciones. Ese Fondo, que paga los seguros de desempleo cuando una persona fue despedida, se financia con el 1 % de la nómina salarial. Podrían darle dos puntos más y utilizarlo para pagar parte de los salarios de empresas en dificultades. Dos puntos más serían unos 600 millones de pesos extra por mes, con los que se podría subsidiar a empresas en problemas, abriendo la posibilidad a firmas más chicas, que hoy no reciben un peso. Lo que está haciendo Trabajo está bien, pero debería hacer más y no puede, porque no puede.
Creo que habrá una caída no muy dramática del empleo, pero suficiente para que el desempleo llegue a dos dígitos.
Ernesto Kritz,
economista.
ADEMÁS
Para reducir salarios
A diferencia de tanto declarante pródigo en elogios hacia los casi míticos Pactos de la Moncloa, Kritz precisa cómo fueron. “Si con el Consejo Económico y Social quieren hacer algo así, no va a funcionar”, le dijo a este diario. “Ese no fue un pacto entre corporaciones, sino entre partidos políticos. Y fue para bajar los salarios. La UGT (Unión General de Trabajadores, la CGT española) no lo firmó. España se estaba preparando para ingresar a la Unión Europea y necesitaba bajar la inflación. Fue un acuerdo para limitar salarios, iniciar los contratos de trabajo temporario, autorizar reducciones de hasta 5 % en la dotación de empleo por empresa. Y lo más importante fue que en adelante los salarios se negociarían no en función de la inflación pasada, sino de la prevista, que era más baja. Por todo eso, los sindicatos se opusieron. Fue un pacto político. Todo el mundo habla de eso, pero nadie leyó. De todos modos, creo que pactos de este tipo, en que están en juego las políticas de ingreso y de empleo, deberían discutirlo las instituciones políticas de la República, no las corporaciones”.
Que las distorsiones en las cifras del Indec afectan a mucha gente, no sólo a los bonistas (por el ajuste del valor de los bonos).
Ernesto Kritz,
economista.
EL DATO
Clientelismo
El estudio sobre ayuda social se limitó a los planes del gobierno nacional. “Hay planes provinciales, cuyo alcance todavía no estudié en detalle”, explica Kritz, que ya detectó un caso revelador. “Buenos Aires tiene un programa tradicional de Comedores Escolares y uno reciente, muy bueno: la tarjeta Alimentos, que reduce mucho el manejo clientelista y la manipulación de la gente.