Se hacen cargo de alimentarlos y vacunarlos

En Santa Fe una red de vecinos cuida a los perros de la calle

Son animales que fueron abandonados. Personas de buen corazón dedican parte de su día a atenderlos. Para distinguirlos, les ponen una cinta roja en el cuello. Historias de mujeres que recorren la ciudad, alimentándolos.

En Santa Fe una red de vecinos cuida a los perros de la calle

Magui y Lidia se ocupan de darle de comer a varios perros y gatos de la calle. En la plaza Constituyentes, con uno de los dos “negritos”.

Foto: Pablo Aguirre.

Agustina Mai

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“Un domingo encontré en el parque Garay un perrito que no podía caminar, estaba sarnosos y flaquísimo: piel y huesos. Le empecé a dar de comer todos los días, lo llevé al veterinario y empezó un tratamiento. Algunos vecinos juntaron plata para pagar las vacunas y nos turnamos con Stella para darle de comer: yo le doy al mediodía y ella a la noche. Se llama Roco y algunas buenas personas lo dejan estar bajo techo los días de lluvia, pero sigue siendo un perrito de la calle”. Este relato pertenece a María, una de las tantas personas que dedican parte de su vida a cuidar los perros de la calle. Los que están vacunados y atendidos, pero que no tienen un hogar son llamados “públicos” o “comunitarios”.

Cinta roja

“Las personas que no quieren a los animales pueden ser muy crueles y creen que porque no tienen dueño, les pueden hacer cualquier cosa. Por eso, les ponemos una cintita roja en el cuello, para que sepan que los tenemos identificados y están atendidos. Tenemos una red, con gente de la Asociación de los Derechos del Animal (Addera) y otras personas que no pertenecen a ninguna institución: sabemos por dónde andan, les ponemos nombre, los alimentamos, vacunamos y curamos si se enferman. Pero no todos los perros comunitarios tienen la cintita roja porque a veces se la roban”, contó Cristina Zimmermann, quien diariamente le da de comer a 40 perros en distintos puntos de la ciudad.

Las quejas

Desde Addera aseguraron que los perros comunitarios están controlados y vacunados. Pero siempre hay personas que no tienen tolerancia y se quejan. “Son personas a quienes les molesta todo: si un chico de la calle come en su vereda, si un croto duerme o si dos personas conversan en la puerta de su casa. También les molesta que un perro se eche en la puerta”, aseguró Magui Ponce Aragón, integrante de Addera.

Un argumento que suelen usar los que se quejan es que si alguien quiere cuidar un perro, que se lo lleve a su casa. “Yo les preguntaría si alguna vez le dieron de comer a un chiquito de la calle o lo ayudaron de alguna manera. Si así fuera, el razonamiento sería el mismo ¿y por qué en vez de ayudarlo y dejarlo en la calle no se lo lleva a su casa?”, cuestionó Magui.

Abandonados

Si bien las personas que ayudan a los perros de la calle, los tienen identificados y saben los lugares por los que andan, siempre aparecen abandonados nuevos animales. “Continuamente, vemos perros nuevos porque la gente los tira. Si es una perra, la castramos, entonces aunque siga en la calle, por lo menos no se va a reproducir”, explicó Cristina.

“Todas las semanas aparece algún perro abandonado en el parque Garay, por eso siempre llevo comida. La semana pasada encontré tres cachorras en un estado lamentable: sarnosas y desnutridas. Ahora las tengo en casa y no las puedo dar en adopción hasta terminar el tratamiento”, contó María, quien tiene once perros en su casa (todos recogidos de la calle), además de los que alimenta diariamente en la calle.

Estas personas realizan un trabajo silencioso, poco valorado y muchas veces criticado por los intolerantes a los que le molesta un tarrito con agua en la esquina de su cuadra. Para ello dedican varias horas de sus días y todo lo hacen con dinero de su bolsillo. En algunos casos, Addera les da una ayuda económica, otras veces son los veterinarios con buen corazón los que resignan sus honorarios y sólo cobran los medicamentos o la anestesia de una cirugía.

El ejemplo arrastra

“Son muy buenos y dóciles; no tenemos antecedentes de mordidas. La mayoría no tiene dientes o los tienen muy gastados. Si ladran, lo hacen porque es su modo de expresión y si corren los autos es para demostrar su alegría”, señaló Cristina.

“El perro de la calle no es mordedor. Por lo general, un perro es agresivo si el dueño lo adiestra para que ataque. Detrás de un animal violento hay un dueño violento. Uno es responsable por los animales que tiene en su casa, por eso cuando los saca, tiene que hacerlo con correa y, en algunos casos, con bozal”, agregó Magui.

Magui, María y Cristina hicieron hincapié en la importancia de dar el ejemplo. “Todos aprenden de nuestras actitudes. La palabra mueve, pero el ejemplo arrastra. Si tiramos un perro porque es viejo, nuestros hijos aprenden que hay que tirar lo viejo porque no sirve. Padres sensibles crían personas sensibles; cambiemos esta sociedad y tomemos conciencia de nuestras responsabilidades”, concluyeron.

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El Negro es uno de los perros comunitarios que vive en el barrio Constituyentes.

Foto: Pablo Aguirre.

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EL DATO

Pedido

Preocupa la desaparición de un perrito muy viejo, compañero de una señora indigente que vivía en la calle, cerca del Correo. Esta mujer falleció hace un mes y desde ese día nunca más se volvió a ver a su perrito. Si alguien lo adoptó o sabe dónde está, se agradecerá comunicarlo al (0342) 155-110759 (Magui). También se puede llamar a ese número y al (0342) 4602922 (Cristina) para cualquier tipo de donación con el fin de atender a los perros de la calle.

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LA CLAVE

Una santafesina amante de los animales armó un blog (www.adoptanos.com.ar), donde se publican casos de mascotas perdidas, encontradas o en adopción.

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ADEMÁS

Historias con cintita roja

“Los dos negros de la plaza Constituyentes son un símbolo de la amistad. Están juntos hace mil años y son varios los vecinos que les damos de comer. Hace tres años, uno se accidentó y me lo llevé a casa, pero estaba tan acostumbrado a la calle que se puso loco y lo tuve que dejar afuera. ¡Así que andaba con la férula por toda la ciudad!”, recordó Magui Ponce de Aragón, integrante de Addera.

“Uno de los negros ya se está poniendo viejo y es todo un drama porque el otro quiere caminar y el viejo no le puede seguir el ritmo”, acotó Cristina Zimmermann, quien alimenta a 40 perros de la calle.

También está el “Piquetero” o “perro colonista”, un can blanco con orejas marrones. “No se pierde ningún partido de fútbol y siempre está en las manifestaciones porque le encanta la multitud, la alegría y el ruido. Va detrás del trencito del tío Leo y para el Día de la Virgen de Guadalupe sigue la caravana. Es un perro maravilloso, súper manso”, contaron.

“No nos conformamos con darle la comida, sino que tratamos de encontrarles un hogar para que el perro salga de la calle”, sostuvo Cristina. Sin embargo no es fácil, ya que no son muchos los que están dispuestos a adoptar a un perro adulto o viejo. “También hay algún perro que, como dice la canción, “era callejero por derecho propio’”, concluyó Magui.