En el reino de la utopía

4.jpg

 

Crecimiento de un agujero negro.

Foto: EFE

Por Raúl Fedele

“Segunda Fundación”, de Isaac Asimov. De Bolsillo, Sudamericana, Buenos Aires, 2009.

Uno de los aspectos más evidentes y apasionantes de la ciencia ficción estriba en que su reino no es el de las galaxias y del tiempo por venir, sino que su espacio y reino es el de la utopía, del ideal (positivo o negativo, idílico o pesadillezco) que nos es posible imaginar para un futuro más o menos lejano. Y esas utopías, desde luego, de lo que mejor hablan, es del presente de quienes las imaginan.

En el caso de “Segunda Fundación” -si no la mejor, una de las mejores novelas de Asimov-, el futuro es lejanísimo, con una galaxia compuesta por millones de planetas habitados. Y nos habla con lucidez de nuestro tiempo en el que disciplinas como la sociología, la psicología y la historia aspiran a un carácter científico del que hoy están lejos, sometidas como están a la política, y de las sospechas (la paranoia y sus lúcidas elucubraciones conforman el trasfondo de la novela) en la que nos debatimos.

La acción se desarrolla unos cuatro siglos después de que el Primer Imperio Galáctico cayera en decadencia y de que Hari Seldon, a la cabeza de un grupo de hombres, estableciera el Plan Seldon. Merced a la ciencia de la psicohistoria, que logra predecir el curso de las grandes corrientes sociales y económicas de la época, este Plan logra avizorar que, sin ayuda, la galaxia se sumiría en un caos horrendo durante treinta mil años, y elabora una estrategia con el fin de reducir a un solo milenio el intervalo entre el Primer Imperio y el Segundo.

El Plan funciona perfectamente hasta que aparece el Mulo (por estéril), un mutante de monstruosa apariencia y penetrantes poderes mentales, que se adueña de gran parte de la galaxia. El Mulo está obsesionado por la posibilidad de que exista una Segunda Fundación, y la primera parte de la novela se desarrolla en la búsqueda de esa difusa entidad.

La segunda parte de la obra sucede unos treinta años después de la muerte de El Mulo, cuando un grupo de conjurados se desviven por encontrar la Segunda Fundación. Entra en acción una jovencita, y en la conjunción de ardides, sospechas, lecturas mentales y casualidades causales, se despliega la conclusión de este tercer libro de la trilogía sobre lejanas fundaciones e imperios, que resultan un efectivo mapa de nuestro presente.

5.jpg

Isaac Asimov.

Foto: Archivo El Litoral