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Edición del Sábado 28 de febrero de 2009

Unión tuvo que jugar más de 70 minutos con 10 por la expulsión de Arrieta y lo sintió...

La imprudencia de uno y la dignidad de los otros

Los golazos de Instituto le dieron una victoria legítima (hubo quejas tatengues contra el arbitraje) pero cuestionable en los merecimientos. Unión se sacrificó muchísimo pero no tuvo claridad para atacar.

La imprudencia de uno y la dignidad de los otros

La lucha de David contra Goliat. El grandote Peralta intenta frenar al chiquito Crocce, que fue una de las figuras clave, junto con Tombolini, del equipo local. Observa Nico Diez, quien no repitió la buena actuación que tuvo ante Talleres.

Foto: Gentileza La Voz del Interior

Enrique Cruz (h)

(Enviado Especial a Córdoba)

Muchas quejas contra Giannini. Y una mezcla de todo en esas quejas. Por un lado, el pasado que condena a este árbitro contra Unión (fue el de aquel recordado partido en Florencio Varela ante Defensa y Justicia de la rueda pasada). Y por el otro, lo de anoche, en donde no dirigió bien pero habrá que decir, por una razón de estricta justicia, que tampoco incidió en el resultado. Fue legítima la victoria de Instituto. Posiblemente cuestionable en cuanto a los merecimientos. En todo caso, Unión no hizo las cosas tan mal como para perder; pero tampoco Instituto las hizo tan bien como para ganar. En un partido de fútbol, hay circunstancias que permiten explicar el resultado de un partido. Y una de esas cuestiones tiene que ver con la torpe e irresponsable actitud de Sebastián Arrieta, que se hizo expulsar antes de los 20 minutos y condenó a su equipo a jugar más de 70 con uno menos.

Arrieta sabía que no tenía que excederse, que tanto él como Agustinoy estaban bajo la lupa del árbitro que, inclusive, los había advertido un par de minutos antes. Y a la jugada siguiente le tiró un codazo que no importa si llegó o no a destino, pero fue visible a los ojos de Giannini. Esa actitud de Arrieta condicionó a un Unión que tenía el partido controlado y que, cuando atacaba, era más que Instituto.

En ese momento, la noche pintaba linda para Unión. Luego de un toqueteo inicial sin demasiada profundidad de Instituto, empezó a hacer pie Zapata en el medio y cuando Unión recuperaba la pelota salía con rapidez y en la búsqueda de un jugador que si se mantiene en esta línea, seguramente le dará muchas satisfacciones al equipo y hasta podrá volver a jugar en Primera División: César Pereyra.

Volcado por el sector izquierdo, como lo hizo en muchos pasajes de los partidos con Belgrano y Talleres, Pereyra hizo lo que quiso con Toledo, ganándole ampliamente el duelo en ese pasaje inicial. Daba la impresión de que el gol podía caer en cualquier momento pero en el arco de Tombolini, algo que, seguramente, habría originado un estado de nervios y desesperación en Instituto.

Más esfuerzo del normal

La imprudencia de uno y la dignidad de los otros

Ataja Tombolini y detiene su carrera Márquez, mientras Peralta se va de la jugada. El ex arquero de Colón tuvo tres o cuatro contenciones de mérito, sobre todo una a Pereyra en el primer tiempo.

Foto: Gentileza La Voz del Interior

Siempre es una desventaja jugar con uno menos. A veces, el rival lo aprovecha y otras no. Hay equipos que se ordenan mejor cuando se quedan con 10, porque intentan otra cosa —que no tenían prevista— y les sale bien. Pero el fútbol está hecho para jugar con los 11 en la cancha y Unión se privó de esa posibilidades a los 19 minutos del primer tiempo por una poco feliz acción de Arrieta. Y al final lo terminó padeciendo.

¿Qué originó la salida de Arrieta?, en un principio, nada. Unión se quedó sin enganche pero el retroceso de Guerra, para no quedar tan aislado del resto, en parte disimuló la falta de fútbol que se empezaba a avizorar en un Unión que era más que Instituto cuando estaban 11 contra 11 y que siguió controlando el partido a partir de la expulsión de Arrieta y hasta el golazo de Crocce desde afuera del área.

Frente a un equipo de manejo como el de Instituto, con un par de volantes de “buen pie” como Faurlín, el propio Crocce y Cardozo, Unión pudo seguir en esa senda del control. Y hasta se animó, con el desequilibrio individual de Pereyra por izquierda (¿por qué cambió de punta en el segundo tiempo?, es la pregunta), más algunas apariciones de “Tarrito” Pérez buscando sorpresa por derecha y la presencia peligrosa adentro del área de Peralta en las pelotas quietas, a obstaculizar y complicar a un Instituto que empezaba a preocuparse hasta que Crocce metió un remate con enorme jerarquía y dejó sin chances a Ojeda.

“A la carga, Barracas”

En diez minutos, Instituto consiguió lo que quería: la ventaja. Entre el gol de Crocce y el de Cardozo sólo pasó ese tiempo, con entretiempo excluido, y a partir de allí el panorama se le complicó más de la cuenta a Unión: 0-2 en el resultado y con un jugador menos en la cancha.

La gran virtud de la visita fue la de no darse jamás por vencido. Sacó a relucir garra, amor propio, esmero y una condición física que se mantuvo erguida hasta el final, más allá de que el aspecto futbolístico se fue deteriorando a medida que pasaron los minutos y creció la impotencia por no doblegar a un correcto Tombolini.

De poco sirvieron los cambios. La voluntad de Márquez o la del Coqui Torres para darle alguna solución fue en vano. Ya Unión atacaba como podía, no contaba —en realidad no la tuvo en ningún momento del partido— con la claridad conceptual de Nico Diez para hacerse dueño de la pelota, como había ocurrido en el partido ante Talleres, y se resignaba a tirarle pelotazos a un Pereyra que no ganaba como en el primer tiempo o a un Márquez que no supo ni pudo resolver ninguna de las jugadas —que fueron pocas— a favor para marcar un descuento que, indudablemente, le habría agregado dramatismo al resultado porque Unión no estuvo nunca dispuesto a regalar el partido, más allá de los infortunios que sufrió desde muy temprano.

Dignidad a salvo

Las diferencias futbolísticas que Unión marcó entre los dos partidos como visitante y el que jugó como local, fueron fácilmente advertibles. Ante Talleres, Unión jugó bien y por momentos muy bien. Ganó 3-0 con holgura y autoridad. Antes, había necesitado de un firme trabajo defensivo y de las tapadas de su joven arquero para empatarle a un Belgrano que hizo algo más en el trámite. Y anoche, ante Instituto, se encontró con un partido que parecía accesible gracias a que Unión estaba haciendo bien las cosas hasta que Arrieta lo condicionó. Y aun manteniendo la línea futbolística que, inclusive, permitía observar que se jugaba mejor que el rival aún teniendo 10 y no 11, llegaron los accidentes que tiene el fútbol y que terminan definiendo un partido. Los dos goles de Instituto le dieron a la Gloria la tranquilidad que necesitaba (terminó 4-4-2 y jugando de contragolpe en el segundo tiempo) y a Unión los cachetazos que le hicieron perder el partido.

En la tripleta ante los cordobeses, más allá de los tres resultados diferentes cosechados, hubo algo que no se negoció. Fue la dignidad, el amor propio, el empeño por entregarse al esfuerzo y al sacrificio. Con esa actitud, que debe mantenerse hasta el final del torneo sea cuál fuere la suerte tatengue, Unión se transformó en un digno rival.

Con Nico Diez y con Arrieta, el equipo se reforzó en una función que pocos llevaban a cabo con eficacia el año pasado: el manejo de la pelota. Cuando anduvieron bien (Talleres), el equipo se vio notoriamente favorecido. Anoche, uno se fue expulsado antes de los 20 minutos y el otro bajó el buen nivel que había tenido en Santa Fe. Y el equipo también los sintió. O en todo caso, los extrañó.

La frase

Raúl Gorostegui

“No sé si el resultado fue justo o no, sólo digo que Instituto jugó con 12”.

El defensor tatengue se refirió a la supuesta incidencia que tuvo Mauro Giannini, el árbitro del partido. Giannini dirigió mal, la mayoría de las tarjetas para los jugadores de Unión fue por hablar y generó malestar desde el inicio mismo del partido. Por allí, los jugadores estuvieron condicionados por lo que pasó con este mismo árbitro el año pasado, cuando dirigió muy mal —y allí sí perjudicó a Unión— en el partido contra Defensa y Justicia.

a_mg.jpg

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SÍNTESIS

Instituto......................2

Unión.............................0

Cancha: Instituto.

Árbitro: Mauro Giannini.

Instituto: Tombolini; Toledo, Rébola y Charles; Gagliardi, Agustinoy, Faurlín y Lázzaro; Crocce; Morales Neuman y Romero. A.S.: Pellegrino. Estuvieron en el banco: Cahais, Facundo Torres y Concistre. D.T.: Jorge Ghiso.

Unión: Ojeda; Alessandria, Peralta y Yacob; Pérez, Zapata, Diez y Gorostegui; Arrieta; Pereyra y Guerra. A.S.: Kletnicki. Estuvieron en el banco: Fontana, Alexis Fernández y Arrúa. D.T.: Fernando Quiroz.

Goles: en el primer tiempo, a los 40 min Crocce (I). En el complemento, a los 5 min Cardozo (I).

Cambios: en el primer tiempo, a los 44 min Cardozo (I) por Faurlín. En el segundo tiempo, a los 5 min Jorge Torres (U) por Gorostegui; a los 17 min Márquez (U) por Guerra; a los 23 min Chavarri (I) por Romero; a los 25 min Avila (I) por Crocce; a los 41 min Weiner (U) por Alessandria.

Incidencias: en el primer tiempo, a los 19 min fue expulsado Arrieta (U) por codazo a Agustinoy. En el segundo tiempo, a los 40 min fue expulsado Gagliardi (I) por doble amonestación.

Amonestados: en Unión, Alessandria, Peralta, Pérez, Diez y Pereyra.

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Zapata y Cardozo en ardua lucha por la pelota. El de Unión dejó todo en la cancha, más allá de algunas imprecisiones; el de Instituto entró sobre el final del primer tiempo y en el arranque del segundo marcó el tanto definitivo.

Foto: Gentileza La Voz del Interior

 



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