Repetir los errores

 

La amenaza deslizada por el Gobierno de recrear una Junta Nacional de Granos sumó otro elemento de discordia al conflicto con el campo.

Federico Aguer

[email protected]

Luego de la primera reunión mantenida entre el Gobierno y los ruralistas, las expresiones de ambos se tornaron más duras, por lo que se presagia un nuevo encuentro dominado por los roces y las chicanas.

La propuesta no es nueva. De hecho es un anhelo que desvela a Néstor Kirchner desde sus épocas de presidente, quien lo ve como una útil herramienta para forzar a los chacareros a vender los granos almacenados, manteniendo así el férreo control de los movimientos del sector.

Sin embargo, a través de esta misma columna hemos dedicado en otras oportunidades atención al tema, destacando la gravedad de volver a cometer los errores del pasado.

La Junta de Granos se creó en los años “30 para tratar de evitar las pérdidas de los productores, imponiendo una base de precios mínimos para restar gravedad a la caída de precios internacionales.

Al momento de su cierre, a principios de los “90, había perdido su razón de ser, y su operatoria se reducía a comprar trigo y girasol. A partir de ese momento, el sector experimentó un desarrollo explosivo, motivado por diversos aspectos, tales como la incorporación de nuevas tecnologías de semillas y la siembra directa, que multiplicaron el rinde, haciendo realidad el sueño de las 100 millones de toneladas.

En este sentido, se distingue el crecimiento de la capacidad instalada de la industria aceitera, la que se ha transformado en la tercera en el mundo por su capacidad de molienda. En poco más de quince años, las exportaciones ascendieron de 26 millones a 76 millones de toneladas por un monto cercano a los U$S 30.000 millones, de los que el Estado nacional se nutre a través de impuestos de exportación.

Es más, lo notable de este crecimiento fue que no se logró por el incentivo de alguna política oficial, sino más bien todo lo contrario: lo hizo a pesar de sufrir una de las cargas impositivas más retrógradas y abusivas del mundo.

La Argentina es uno de los pocos países del globo que sigue presentando la posibilidad de aumentar su área agrícola para la producción de alimentos, uno de los mayores dilemas del futuro.

Hoy, el Estado sigue teniendo un control sobre la comercialización granaria a través de sus diversos estamentos, y bueno sería instalar un serio debate legislativo para promocionar la participación de otros eslabones productivos en el mismo.

Deshacer los avances registrados no sólo será repetir los errores del pasado, sino también provocar un daño histórico a todos los argentinos.