“Competencia desleal”

Buenos sentimientos en tiempos adversos

Rosa Gronda

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“Competencia desleal”, cuyo estreno se demoró en Argentina por la debacle económica a fines de 2001, es una historia muy humana y recomendable, narrada a través de las pequeñas experiencias cotidianas de dos familias comunes, que transcurre en un tono aparentemente ligero, agridulce y melancólico ajustado a los personajes y sus circunstancias.

Dos vendedores de ropa, cuyas tiendas convergen sobre la misma calle en un barrio de Roma, tienen permanentes rivalidades para atraer la atención de los clientes: Umberto, italiano proveniente de Milán, es propietario de una elegante sastrería que comienza a perder clientes a favor de su vecino judío, Leone, que sacrifica la calidad pero rebaja precios. La rivalidad permanente entre ellos genera varios roces que se resuelven como “gags” cómicos. Sin embargo, sus hermosas familias se vinculan por la amistad entre los hijos menores y un romance entre los hijos adolescentes.

Como en tantas de sus comedias, desde el punto de vista actoral no hay un protagonismo excluyente sino varios, y de distintas generaciones: niños, adolescentes, adultos y viejos que producen un efecto coral capaz de sumar diferentes opiniones, en este caso manteniendo la unidad con el hilo narrativo conductor de la mirada infantil de los niños amigos, lo que le aporta frescura e inocencia al relato.

La verdadera deslealtad

La película registra las leyes raciales que se establecieron en la Italia de 1938 contra los judíos que estaban integrados al pueblo italiano desde 2.000 años atrás. Luego de la alianza entre Mussolini y Hitler se implementaron prohibiciones segregacionistas y absurdas como no poder escuchar radio, ni ejercer la profesión o incluso no poder recibir enseñanza pública, en el caso de los niños judíos.

A contracorriente de la política imperante, es conmovedor el cambio de actitud de Umberto hacia su vecino Leone: cuando comienza la persecución de éste y su familia, la injusticia los acerca en vez de dividirlos. Sus antiguas rivalidades parecen ingenuas comparadas con esta real competencia desleal, la de un Estado que se vuelve desmesuradamente injusto con un sector de la población.

Último sobreviviente de aquella comedia italiana hija del neorrealismo, posteriormente devenida en liviana y conciliadora, Ettore Scola, referente ineludible en el cine italiano contemporáneo, demuestra hasta qué punto ha seguido fiel al mantenimiento de la profundidad, siempre atento a los rasgos psicológicos y sociales. Sus temas preferidos son (igual que en el cine de su maestro De Sica): la amistad, el amor, la solidaridad, la historia y los cambios provocados por el tiempo que pasa.

Como en todas sus películas aquí también está presente el trasfondo político, la lucha de individuos que intentan sobrellevar una sociedad que le es adversa y -por supuesto- la entrañable presencia de la ciudad, del barrio y de la familia. Toda la acción ocurre entre ambas casas contiguas y sobre esa pintoresca calle empedrada, donde -como en “Gente de Roma”- pasan los tranvías, mudos testigos del tiempo social y la temperatura humana que se quiere capturar.

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MUY BUENA

COMPETENCIA DESLEAL

Origen: Italia, Francia; Año: 2001.

Dirección: Ettore Scola.

Intérpretes: Diego Abatantuono (Umberto), Sergio Castellitto (Leone), Gérard Depardieu (Angelo), Jean-Claude Brial, Claude Rich, Anita Zagaria, Antonella Attili, Elio Germano, Gioia Spaziani, Sabrina Impacciatore, Rolando Ravello.

Guión: Ettore Scola, Silvia Scola, Fulvio Scarpelli, Furio Scarpelli y Giacomo Scarpelli.

Producción: Franco Committeri.

Fotografía: Franco Di Giacomo.

Montaje: Raimondo Crociani.

Música: Armando Trovajoli.

Vestuario: Odette Nicoletti.

Duración: 110 min.

Se exhibe en el Cine América.

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Una comedia sobre la amistad. La tragicómica relación entre dos familias, una católica y otra judía, ambientada en la Italia fascista. El maestro Ettore Scola demuestra una vez más su solidez narrativa en un film serio, simpático y conmovedor.

Foto Agencia.