Al margen de la crónica

Por suerte están ellos

—El martes es feriado...

—¿Feriado? y ¿qué es?

—No sé algo que ver con esas mujeres de los pañuelos blancos en la cabeza... creo.

Esta conversación se daba entre dos mujeres jóvenes de alrededor de 30 años que tomaban un café en un lugar muy concurrido de la peatonal. Las chicas eran de apariencia común, una de ellas sostenía a un bebé que dormía plácidamente.

Después de escuchar semejante delineación del feriado del 24 de marzo, me fue imposible despegar mi atención del resto de la charla joven.

Para mi sorpresa, sorteado el tema del desconocimiento de la fecha, las mujeres continuaron una charla sin sorpresas; hablaban de precios, de chicos, de sus madres, de salidas para los muchos fines de semana largos de este año y trivialidades varias con las cuales se notaba que se sentían a gusto, disfrutando de una conversación afectuosa y casual en la que la crisis se verbalizaba sólo en lo que no podrían hacer porque era caro.

En el televisor, TN reiteraba un programa de la noche anterior en el que desfilaban Macri, Solá y otros, y yo repartía mi atención entre la conversación vecina y en tratar de descubrir algún gesto o algún resbalón en los que estaban en la pantalla, esforzándose por mostrar cuál era el más vivo.

Una de las chicas le preguntó a la otra por qué apretaba la cartera, a lo que la amiga respondió que a su compañera de trabajo alguien se la había sacado a los tirones mientras estaba sentada tomando un café y... “¿viste?, acabo de sacar la plata del cajero. Me muero si me la roban porque con Bruno alzado ni siquiera lo puedo correr al hijo de puta”. No hablaron de elecciones, corrupción, trampas partidarias ni nada de lo que es nuestro alimento cotidiano y, seguro, el de muchos de nuestros lectores.

Por algunos trabajos, algunas personas, vivimos pendientes de lo que pasa en política y con la economía. Otros, por intereses diversos, también lo hacen. Pero una enorme cantidad de personas, vive lejos de las explicaciones sobre las raíces de la crisis mundial e ignora las mezquindades del universo político nacional.

Por suerte, hay gente que vive solucionando sus problemas día a día, protesta por los aumentos en el súper y por lo que debe dejar de hacer, pero se acomoda, se cuida por la inseguridad -porque a algún conocido le pasó algo desagradable-, sin analizar ni envenenarse con los avatares que se dan en ámbitos tan distantes de la gente. La pelea por el poder está a años luz de la gente. Y por suerte algunos pueden oxigenar el ambiente para que el resto pueda durar un poco más consumiendo veneno.

Ellos, como la mayoría, hacen los deberes y auténticamente sienten que no son parte de “esto que pasa es responsabilidad de todos”.