Lanza su nuevo material, titulado “Volumen A”
Siete Millas muestra el poder de lo analógico
Esta noche, en la que compartirán escenario con Carneviva, los santotomesinos pondrán a consideración de su público su nueva producción, con un sonido más crudo y letras jugadas.
Ignacio Andrés Amarillo
iamarillo@ellitoral.com
Esta noche será especial para Siete Millas: además de ser soportes de Carneviva en el recital del Parque del Sur, será el lanzamiento a las calles (o a las rutas, según su preferencia) de “Volumen A”, la segunda producción del grupo integrado por Rafael Ahumada (voz y guitarra), Matías Pallero (guitarra y coros), Germán Prochetto (batería) y Oscar “Luli” Gauna (armónica). A ellos se les sumó más tarde Pablo Moro (bajo), con tan sólo 17 años: “A veces lo ponen en penitencia y no podemos ir a ensayar”, bromea el “Luli”.
“Es más rutero, más jugado en las letras. Es lo que nos gusta a nosotros. Las letras hablan de emociones fuertes, llevadas al extremo, choques con la realidad”, comenta “Rafa” sobre el material. “Son seis canciones, con un bonus de una tomita en el estudio del Mati”, una zapadita con el “Luli’”.
Matías: —No sabíamos para qué iba a servir, pero al final nos terminó gustando. “Vamos a dejarla entera”, dijimos.
—Fue todo con preproducción de ustedes...
Matías: —Sí. El disco tiene un sonido muy particular; creo que realmente suena la banda. De ahí en más es todo lo que vamos a hacer.
—¿Qué tiene de distinto respecto de “Después de todo”?
Rafa: —Lo más diferente es la forma de componer. Las letras son como interpretaciones de la música, porque las canciones tienen mucho que ver con la letra, pero no se hicieron juntas.
Matías: —También mucho diálogo: cuando estaba la música compuesta ya se tenía referencia a algo y charlábamos, “podemos encararlo por este lado, fijate, Rafa”.
—¿Fueron trabajando en estudio, grabando cosas?
Rafa: —Sí, pero las letras aparecieron terminadas, no fuimos probando. Por ahí algunos retoques, pero la idea de la canción siempre estuvo. Y la música estaba más trabajada desde el lado de la preproducción.
Matías: —Este año armamos armamos un home studio, y hubo que aprender a manejar el programa...
Rafa: —Es un mambo que por ahí no todos los músicos se dan: por ahí prefieren laburar con alguien que produzca. En este caso estábamos nosotros viendo las canciones. Es algo que elegimos nosotros: el Mati ya venía laburando en su estudio. Teníamos idea de los volúmenes, de todo.
Germán: —Aprendimos mucho así, trabajamos como productores.
Rafa: —Tuvimos opiniones de músicos que ya habían trabajado así, pero de todas maneras el laburo es de la banda.
La grabación
—Después grabaron en El Pote.
Rafa: —Lo llevamos a El Pote, y ahí Ramiro trabajó con nosotros.
Matías: —La grabación se hizo rapidísimo. Se disfrutó mucho, pero fue muy intensa porque ya venía todo muy logrado, ensayado.
Rafa: —No se armó nada en el estudio.
Matías: —Después en la mezcla se nos paró un poco la pelota, porque Ramiro no tenía consola, se mezclaba digitalmente. Ahora compró una y mezclamos analógicamente. Fuimos la primera banda, y se hizo lento: terminábamos un tema, quedar conforme y después pasar a otro. Le pusimos dos días para cada tema.
Rafa: —La consola le dio ese sonido crudo: parece que está la banda tocando.
—Y la mezcla en Buenos Aires, con Breuer... Habían contado algo de su tecnología...
Matías: —Te lo hace más analógico todavía, porque te lo pasa por válvulas.
Germán: —Todo máquinas, nada de PC.
Matías: —Hay mucha diferencia con el primer disco: fue hace tres años, la banda creció, estamos totalmente abiertos a cualquier tipo de música, y eso se ve reflejado en el disco.
Matías: —El disco es para cualquier persona; es un disco de rock.
—Ya empezamos a esperar el “Volumen B”.
Rafa: —El año que viene. Ya están los temas, hay que grabarlos.
Matías: —Mientras presentamos “Volumen A” vamos a estar tirando canciones del “B”.


















