Elecciones en medio de la crisis:
Entre la inseguridad y el campo, las tribulaciones de Néstor Kirchner
Elecciones en medio de la crisis:
Entre la inseguridad y el campo, las tribulaciones de Néstor Kirchner
Por Hugo E. Grimaldi
DyN
Tras la ratificación en el Congreso del adelanto de las elecciones, quedan ahora sólo tres meses para la hora de la verdad y lo que debería ser una normal compulsa de medio término por la renovación de bancas legislativas, se ha convertido para los políticos, en un furioso tironeo. El todo o nada, el plebiscito final, la madre de todas las batallas.
Este escenario, que cuanto más se asocie al “nosotros o el caos”, es el preferido del gobierno para meter miedo, parece todavía muy alejado de los intereses y de las necesidades de buena parte de la población, hoy más preocupada por la crisis, el desempleo, la inflación, el valor del dólar, el dengue y la inseguridad.
Precisamente, estas situaciones cotidianas que se resuelven con hechos y no con diagnósticos son las que menos importancia parecen tener para la clase política, salvo cuando las encuestas dicen que 8 de cada 10 argentinos creen que las autoridades minimizaron el problema de la inseguridad. Esta realidad hizo variar radicalmente el proceder del gobierno, pero fue el desmadre de delitos en la provincia de Buenos Aires la que obligó a cambiar el discurso pensando en las elecciones.
La teoría de la inflación periodística como gestora de la sensación de inseguridad, que ya había esbozado la jueza Argibay, no toma en cuenta el carácter de público pasajero que tienen los canales de noticias y además subestima a la gente que, según este criterio, es la que suma los hechos delictivos y no discierne que son meras repeticiones.
En materia electoral, las especulaciones de los analistas están centradas en saber cómo se está armando la oposición en todos los distritos con una oferta electoral que hasta ahora no tiene propuestas, salvo una unánime repulsa a un sistema de gobernar que es criticado por intolerante e ineficaz.
En este punto, el grupo de intelectuales a los que los Kirchner les prestan mucha atención, pese a que algunas de sus teorías han pasado de moda o han fracasado, les han aconsejado como estrategia ponerse en una suerte de victimización permanente. Y así lo hace el matrimonio presidencial, al denunciar de modo recurrente, que son los demás los que les ponen palos en la rueda.
Con este discurso que machaca sobre el ánimo “destituyente” de quienes no piensan igual (incluida la prensa), se apunta a que todo el mundo repita (incluida la prensa) que lo que va a suceder el 28 de junio no es una simple elección legislativa, sino un plebiscito de confrontación de modelos, más al estilo chavista de referéndum revocatorio, que a una ratificación propia de los sistemas parlamentarios.
Esta apelación tan extrema, inclusive, pondría al kirchnerismo en situación de que se cumpla la profecía del dirigente Emilio Pérsico, quien dijo hace unos días, “si perdemos nos vamos. Que gobiernen Cobos y Clarín”. El punto es saber qué será para el oficialismo ganar o perder en las próximas elecciones, si la sumatoria de votos, la sumatoria de bancas o, si Kirchner es candidato, cómo salga en la provincia de Buenos Aires.
Ya mostrada en qué medida va a ser de vacía en ideas la campaña, en medio de una situación de crisis internacional y local, aparece la cuestión de las candidaturas y alianzas. Al respecto, hay que tomar en cuenta que en esta ocasión, en el caso de los diputados, no se elige sólo al cabeza de lista, sino que el pueblo de cada provincia manda al Congreso a varios representantes, pero el peso de la campaña caerá sobre el carisma de quien se ubique arriba, tradición de personalismo bien argentina.
En Capital Federal, el kirchnerismo no tiene ninguna chance ni consigue siquiera un candidato para incinerar. Allí, la puja será entre Michetti (PRO) y Prat Gay (CC), hoy con ventaja clara para la actual vicejefa de Gobierno. En Mendoza, el cobismo y la UCR van a pelear con el oficialismo las diputaciones y las senadurías y es posible que en el distrito pesará la localía del vicepresidente de la Nación.
Por el lado de Santa Fe, el peso de Reutemann será determinante para que vaya con la sigla del PJ, mientras que el socialismo, la CC y la UCR conformarán una corriente compacta que tiene como referente central al gobernador Hermes Binner y en Córdoba, las definiciones sobre alianzas tienen cierto sabor de final abierto, ya que Luis Juez no irá por ahora con la Coalición Cívica, y la UCR tiene dramas internos que buscarán zanjarse en la Convención.
Mientras confía en ganar en el NEA, en el NOA y en la Patagonia, en general en todos los grandes distritos, el kirchnerismo tiene posibilidades ciertas de perder muchas bancas sobre todo en diputados, lo que lo relegaría a ser, en el mejor de los casos, la primera minoría, a partir de diciembre.
De allí, la importancia decisiva que se le otorga en el conteo final a la provincia de Buenos Aires, ya que en su territorio el oficialismo pone 20/21 bancas en juego, sobre las 60/61 que deber renovar en total. Por eso, la gran incógnita es saber si finalmente Néstor Kirchner encabezará la lista de diputados, algo que desde el entorno de Olivos se da como casi seguro.
No obstante, quedan aún algunos márgenes para la duda desde dos ángulos: las encuestas y sus ganas efectivas de ocupar un lugar en el Congreso. En general, las mediciones hoy lo muestran primero en el segundo y tercer cordón del Conurbano, segundo en algunos distritos periféricos a la Capital y decididamente tercero en las ciudades del interior bonaerense y en zonas rurales. Las divergencias están en los porcentajes y ésa es la gran incógnita que carcome hoy al ex presidente.
Desconfiado, Kirchner manda a medir votos, pero también tendencias, para ver si las últimas movidas del gobierno se trasuntan en mayor o menor adhesión y sondea de modo permanente la lealtad de los intendentes del Conurbano. Él sabe muy bien que ellos, les han ofrecido punteros y candidatos a concejales a la lista del peronismo disidente, ya que no pueden dormir a la intemperie en sus distritos hasta 2011.
Si de encuestas se habla, ¿querrá competir y se arriesgará a perder el ex presidente? Y si se aplica aquel refrán que acuñó Menem sobre que quien fue alguna vez Papa no puede ser obispo, ¿estará dispuesto Kirchner a pedir la palabra, sobre todo si el FPV no puede imponer el presidente de la nueva Cámara? Más allá del problema de residencia que podría impugnar su candidatura, algunos más escépticos se preguntan si alguna vez el ex presidente, asumirá finalmente su banca.
Además, queda por resolver por el lado del oficialismo hasta dónde tiene cuerda el gobierno para demostrar que es capaz de solucionar todos los problemas que afectan a la gente, una materia en la cual no parece tener antecedentes de gestión demasiado confiables.
En la cuestión con el agro, se transita un evidente callejón casi sin salida, que está a punto de terminar, más allá de las retenciones, con la sustentabilidad del sector productivo, lo que compromete hacia el futuro la provisión de alimentos básicos al mercado interno que se dice proteger. Los expertos calculan que si todo sigue así y no hay horizonte en la mira de los productores, quizás el año próximo o el otro la Argentina deberá importar carne, harina y lácteos. Algo parecido sucedió con la política energética que ha llevado a que el horizonte de reservas de gas y petróleo se reduzcan al mínimo.
En ambos casos, los intelectuales que le arriman letra a los Kirchner les han aconsejado desde siempre, con más ideología que pragmatismo. De allí, que se siga prefiriendo que la chequera del poder central entregue fondos a gobernadores e intendentes, antes que los chacareros sean los que gasten su plata en los pueblos del interior, muchos de los cuales han vuelto a ser considerados fantasmas.
En este aspecto, la presidenta y su esposo sostienen que hay dos modelos a confrontar y que la gente debe elegir entre volver al modelo agroexportador o quedarse con el modelo del dólar alto con retenciones para el agro, lo que significa una monumental transferencia de riqueza de los asalariados y el campo hacia el sector industrial.
Aunque después de lo visto en la semana con el cambio de carril en materia de inseguridad, no sería extraño que en los próximos 90 días haya virajes en muchos otros temas, sin que nadie se ponga colorado. Al fin y al cabo, si los políticos modifican de modo permanente sus discursos y la sociedad les cree, eso no es problema de los políticos.
La gran incógnita es saber si finalmente Néstor Kirchner encabezará la lista de diputados, algo que desde Olivos se da casi como seguro.
Foto: Archivo El Litoral