De domingo a domingo
Paradigmas de diálogo y de consenso
Hugo E. Grimaldi
DyN
El Papa eligió el mejor de los calificativos para contextualizar la figura de Raúl Alfonsín. “Era un hombre de concordia”, dijo, y esa sencilla definición que no lo endiosa ni esconde sus poco felices actos de gobierno, tampoco desecha el resto de sus virtudes. La sencillez del marco que usó Benedicto XVI para caracterizar su vida política ha contribuido a bajarlo del altar de “padre” de una democracia en el que muchos han querido mostrarlo, una evidente exageración que no debería esconder su rol de emblema emergente de un proceso de muchos años, en el cual muchos más hicieron lo suyo y que desembocó en 1983 en una instancia crucial de la historia argentina, en la que Alfonsín venció al peronismo casi sobre la línea de llegada. Con sus palabras, el Papa lo engrandece desde un valor que solía tener una altísima ponderación, ya que conlleva una gran capacidad de negociación, lo que supone saber encauzar las posiciones a través del diálogo aunque, como en su caso, sin resignar firmeza o el puño crispado.
Estas herramientas, la de la discusión que apunte a proyectos comunes y del consenso que acerque las posturas, han sido su más claro aporte a la consolidación democrática del último cuarto de siglo y es lo parece haber sido revalorizado estos últimos días. Si bien ante la pérdida de alguien a quien se le ha tenido gran afecto son normales ciertas exageraciones generadas por el dolor, que en este caso han potenciado los medios audiovisuales, con la desaparición de Alfonsín no se ha dado una situación común, a partir de que no ha muerto un hombre común. Habría que creer que, en general, las lágrimas han sido genuinas y bien vale esperar un tiempo para evaluar si algunas de ellas fueron derramadas con franco ánimo opositor y el sentido de otras, provenientes de ciertos personajes que parecieron colgarse de las puntillas del féretro del ex presidente. Por ahora, no corresponde explorar la sinceridad de todas ellas, sino los efectos políticos de algunas.
En primer lugar, la Unión Cívica Radical como partido ha quedado ocasionalmente bien parada, incluida la figura de Julio Cobos, quien podría retornar al seno del radicalismo rápidamente, si la próxima Convención lo admite. Una vez de vuelta a casa, una de las cosas que recomendaba Alfonsín, seguramente el mendocino será el principal referente, a la hora de buscar un candidato para 2011. En cuanto a sus deberes, en ejercicio de la presidencia de la Nación por la ausencia de Cristina Fernández de Kirchner, Cobos ejecutó de modo institucionalmente irreprochable el protocolo. Si bien desde la Casa Rosada se negociaron con él muchas cosas para que no se empalideciera la figura de la presidenta, Cobos quedó en el centro de todas las miradas.
También en la UCR, la figura del hijo del ex presidente, Ricardo ha aparecido en el firmamento, por ahora dentro de las especulaciones, como un pretendido referente y ya se verá, si se concreta, si su salto es sólo por portación de apellido o por méritos propios. En principio, menudo lío ha metido la posibilidad de que se sume a la cabeza de la lista del radicalismo en la provincia de Buenos Aires, donde Margarita Stolbizer parecía que tenía todo armado con la Coalición Cívica.
Además, ha reaparecido un grupo de dirigentes radicales que en tiempos de Alfonsín formaban la Coordinadora que sustentaba al ex presidente: Marcelo Stubrin, Leopoldo Moreau, Enrique “Coti” Nosiglia y Luis “Changui” Cáceres, entre otros. En verdad, ellos nunca han dejado de tejer junto al líder la política interna de la UCR y, aunque fueron sindicados como los principales responsables de la debacle del radicalismo en los ‘90, ahora tienen la posibilidad objetiva de una revancha.
Ya fuera del radicalismo, podrían computarse en clave de política electoral algunos de los dichos de Néstor Kirchner junto al féretro y ante la presencia del vicepresidente Cobos, a quien saludó de compromiso con un abrazo también protocolar. Entre sus comentarios, Kirchner destacó que Alfonsín le recordaba a su padre, que como él mismo era políticamente incorrecto, apasionado y peleador y que alguna vez le había aconsejado en confianza que se cuide de “los mismos sectores del conservadurismo que me atacaron a mí”, en obvia referencia a la pelea con el campo. Justamente, este episodio ha dejado cierta sombra de duda en relación al protagonismo de muchos porteños en la despedida de Alfonsín, en su camino a la Recoleta.
En la Casa Rosada, propensa a ver fantasmas, se apresuraron a interpretar que los vecinos del Barrio Norte salieron a la calle con propósitos poco claros y marcaron no sólo los vítores al ex presidente, sino hasta sus aplausos a los granaderos que acompañaban la cureña. La preocupación mayor estuvo en el contraste que se pudo percibir en la opinión pública, en cuanto al modo intolerante de relación que tienen los Kirchner con las fuerzas políticas, en contraposición con los valores que el Papa resaltó en Alfonsín.
También la revalorización del diálogo y de la búsqueda de consensos fue el común denominador de la reunión del G-20 en Londres, para darle forma a los cimientos de una nueva arquitectura internacional. En el documento final, que llegaba con posiciones de contraste en los EE.UU. y el Reino Unido por un lado y de Francia y Alemania por otro, finalmente aprobaron un texto común. Se decidió inyectar en la economía mundial una impresionante masa de recursos.
La Argentina trabajó en la Cumbre muy cerca de Brasil y alineado no a ultranza con las posturas de los dos primeros, aunque también mirando su propia necesidad de contar con algo de ese dinero, esencialmente vía Fondo Monetario. El país recibirá sin ningún condicionamiento unos U$S 2.500 millones del aumento de la cuota que le corresponde por ser socios del FMI y una suma similar para financiar exportaciones. Sin embargo, será casi imposible que la Argentina pueda acceder a líneas crediticias especiales, porque las mismas contemplan sí o sí que el país esté bajo supervisión anual y desde hace tres períodos esta Administración no se somete a lo que establece como rutina el artículo 4 de los Estatutos del Fondo. También los requisitos piden que los que deseen tomar dinero tengan estadísticas confiables (Indec), que no mantengan créditos impagos (Club de París) y que negocie con acreedores (holdouts).
Donde se dice que se ha hecho un aporte muy consistente al documento es en la cuestión de identificar y terminar con los llamados “paraísos fiscales”, algo que puede enrarecer una vez más las relaciones con Uruguay, ya que parte de su clase política piensa que es una venganza de los Kirchner contra Tabaré Vázquez. Aún la OMC no ha presentado la lista de los lugares considerados de riesgo, aunque Uruguay ya ha dicho que su legislación no permite encubrir dinero ilegal.
En cuanto a la asistencia del Fondo, en las áreas técnicas hoy son pocos dentro del gobierno los que se atreven a pronosticar que habrá acercamientos antes del 28 de junio. En general, creen que los fondos que pueden llegar del FMI, más la operación financiera que armó Martín Redrado con el Banco Popular de China, van a desalentar la pulseada con el mercado y que lentamente los exportadores comenzarán a liquidar operaciones, ante la perspectiva de que el dólar empiece a bajar. Por el lado de los políticos oficiales que tienen acceso a los Kirchner, hay quienes están seguros de que la fuga de capitales también refleja “ánimo destituyente” y han vuelto a reflotar aquella frase del final del alfonsinismo sobre el “golpe de mercado”. Pese a que la orden es pegarse a la figura de Alfonsín, no es una forma muy feliz el recuerdo para evocar al ex presidente, pero cuando la paranoia manda, todo vale.




