Sólo interesa el proceso electoral
Sólo interesa el proceso electoral
La política del avestruz
El dengue, la recesión, la inseguridad y hasta la huida de un recaudador tienen algo en común: el gobierno prefiere no verlos, hasta que los choca.
Sergio Serrichio
CMI
Con celeridad inaudita, la administración de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, todavía en la primera mitad de su mandato, asiste a la etapa más temida por todos los gobiernos, de cualquier signo político: ésa en la que sale mal hasta aquello que daba resultado en otros tiempos, cuando no importaba mucho la calidad de la gestión, porque todo salía bien, o al menos eso parecía.
Las vacilaciones en torno de la declaración de alerta epidemiológica nacional por el dengue, la negativa a admitir la profundidad y extensión de la recesión económica (que, según el ex presidente Néstor Kirchner y el Indec, es un acto de ilusión colectiva pergeñado por los medios y la oposición), el descarado cambio de discurso en el tema seguridad y hasta la renuncia de un recaudador provincial se sumaron en la semana que pasó al rosario de desventuras oficiales.
Sucede que ante una situación económica y política adversa, el gobierno no ha encontrado hasta ahora mejor respuesta que adelantar las elecciones legislativas y proponer “candidaturas testimoniales”, aunque de otra parte tiene la suerte de contar con una oposición que no termina de dirimir sus propias pendencias.
LOS HECHOS
Antes de encontrar los hilos conductores, repasemos los hechos.
Una primera muestra es el papelón del bloque de senadores K, que el miércoles, en inusual consenso con la oposición, argumentaba en favor de un proyecto del Ejecutivo para declarar el “alerta” nacional por el dengue y la “emergencia sanitaria” allí donde fuere necesario, hasta que, por diktat telefónico de Olivos, guardó violín en bolsa.
El episodio ratificó que el kirchnerismo no concibe al Congreso sino como escribanía, no ya de las “políticas”, sino de los meros humores del matrimonio presidencial, que en este caso temió por la “imagen internacional” del país y la posible caída de ingresos por turismo, sector muy caro a sus intereses. Además, la declaración pondría a las provincias afectadas en situación de exigir, por ley y de modo automático, recursos que el kirchnerismo prefiere manejar a piacere. La salud pública parece una convidada de piedra en estas cuestiones.
La negación de la recesión económica por parte del ex presidente bordea el papelón, coincidiendo como lo hizo con denuncias de la CGT por despidos en varios sectores de la economía. Hasta la fase inicial del conflicto con el campo, la política económica del avestruz contaba al menos con el silencio fabril. Pero el nuevo titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, cerró esa etapa el martes, cuando al asumir acusó a la presidenta de haber olvidado su “industrialismo”. Así de ingratos son los socios de otras épocas.
En materia de seguridad, no hay “política” oficial, sino reacción espasmódica y oportunista a episodios de violencia, desgracias personales y reacciones localizadas que las cámaras de TV convierten en un gran regodeo, catarsis en las que, aparentemente, pensar está de más, aun para aquellos que tienen la responsabilidad de hacerlo.
Así, el brutal asesinato en el conurbano bonaerense de Daniel Capristo, un chofer de camión, por parte de un menor, de 14 años de edad, en circunstancias confusas pero que en cualquier caso delatan la indefensión que sienten muchos argentinos, es aprovechada por Néstor Kirchner que, al toque nomás, reclama desde una tribuna de campaña “que la Justicia actúe y el Congreso trate la ley penal del menor”.
La diputada Vilma Ibarra fue la encargada de denunciar el voltafaccia. “Durante 2005 y 2007 trabajamos en este tema y se llegó a un predictamen con el PJ, el radicalismo y otras fuerzas, pero no hubo voluntad política del gobierno de llevarlo al recinto”, acusó la ex compañera de ruta del kirchnerismo, harta de tanta hipocresía. Hasta el millonario tecnopolítico Francisco de Narváez, que hizo de la seguridad su gran tema, le recordó al ex presidente que “las discusiones sobre política criminal no pueden darse en el medio del calor y del dolor de un homicidio” y que en el Congreso hay 17 proyectos sobre imputabilidad de menores que no se habían tratado porque el gobierno lo impidió.
La cuestión no es si uno está con una u otra versión de los Kirchner, sino de que haya una, auténtica, con la que se pueda discutir la política a aplicar, más allá de maniobras u oportunismos electorales.
Por último, la eyección de un recaudador de impuestos provincial no debería producir revuelo en un país serio. Sin embargo, el despido de Santiago Montoya, ex titular de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (Arba) tiene muchos más condimentos. Era uno de los nombres que el oficialismo quería jugar en un distrito adverso, pero tuvo la osadía de negarse a ser candidato “testimonial” y acusó al gobierno de “no escuchar a la sociedad”.
Los hilos conductores
Los antecedentes son más ominosos. Hace pocas semanas, Montoya había reconocido, en una entrevista periodística, una fuerte caída en la recaudación de la provincia (la de mayor peso económico y fiscal del país) y estimado que la caída de actividad en enero y febrero rondaba el 10 por ciento. En su carta de despedida, el ahora ex recaudador saludó a su ex jefe, Daniel Scioli, diciéndole que se iba en el día de mayor recaudación diaria de la historia bonaerense, pero sus señales fueron de huida, más que de celebración.
Lo que nos lleva a los “hilos conductores”, que siguen siendo la desesperación y la falta de respuestas oficiales eficaces a la crisis y las constantes señales de agotamiento fiscal, que en los últimos días incluyeron dos resoluciones del Tesoro para que la Anses, el “chanchito” de los jubilados”, le “prestara” 2.600 millones de pesos.
El adelantamiento electoral, ya se ha dicho aquí, es una carrera contra el drenaje de “la Caja”, dispositivo fiscal y de disciplina y poder políticos al que el oficialismo no encuentra reemplazo.
Del resultado de las gestiones de la presidenta Cristina Fernández en Trinidad & Tobago, en la V Cumbre de las Américas, dependerá que el kirchnerismo trascienda su mediocre aspiración de llegar, boqueando, al 28 de junio.
El gobierno y el país todo necesitan un horizonte mejor.
ADEMÁS
El titular de la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (Arba), Santiago Montoya, renunció ayer a su cargo a pedido del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, y como consecuencia de sus críticas al kirchnerismo y su rechazo a una posible candidatura “testimonial”.
En su carta dice que su alejamiento fue pedido en forma directa por el ministro de Economía, Rafael Perelmiter, pero por “indicación” de Scioli. Además, explicó que los motivos de esa orden “respondieron a ciertos comentarios políticos personales que produje al verme involucrado en versiones que me incomodaron acerca de una candidatura que no me había sido formalmente ofrecida. Lamento profundamente el desenlace, ya que muy lejos estuve de cualquier intención de provocarle inconvenientes de carácter político”.
El ingreso fiscal al Arba en el día de ayer fue de 303 millones de pesos al Tesoro, cifra a la calificó como “la máxima recaudación diaria de la historia de la provincia de Buenos Aires”.
En tanto, el diputado PJ disidente, Felipe Solá, enseguida de conocida la noticia dijo que le “encantaría sumarlo” y contarlo entre las filas de su sector. “Somos muy amigos”, dijo Solá. Paralelamente, ponderó hoy la gestión de Montoya y consideró que “tuvo las pelotas de decirle que no a Néstor Kirchner”. “Ha trabajado muchos años como un excelente funcionario en la provincia de Buenos Aires”, indicó.
Montoya se fue
Cristina Fernández de Kirchner, Néstor Kirchner y Santiago Montoya.